BAD
COMPANY 1973-1982
Mundorock
Por Fran García
(Cortesía
de THIS
IS ROCK)
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Hablar
de BAD COMPANY es prácticamente citar a una
de las formaciones fundamentales en el rock de la
segunda mitad de los 70, herederos de la fortaleza
de FREE, pero con una vitalidad renovada y con las
ideas muy claras sobre el camino musical a seguir,
que no es otro que el de un rock potente, melódico
y directo, tan contundente como sugerente e intenso.
Supieron marcar sin contemplaciones la pauta por la
que tantísimas otras bandas siguieron en lo
referente a su trayectoria musical y, por si eso no
fuera suficiente, vendieron millones de discos, acumulando
una masa de fans enorme y constituyéndose en
referentes infaltables en todas las enciclopedias
de rock. Desgraciadamente, hoy en día la memoria
es frágil y mucha gente se ha olvidado o no
conoce lo que supuso BAD COMPANY para el rock. Justo
es que reivindiquemos tal status en esta publicación.
Aquí y ahora se va a hacer justicia con un
grupo que merece la mayor de las consideraciones y
alabanzas. Fueron grandes entre los grandes y tuvieron
cinco años pletóricos, en los que nadie
les podía toser, sencillamente porque se encontraban
en la élite, en la cúspide de la fama
y de la creatividad musical. Cinco años que
marcaron profundamente al rock.
LIBRES
PARA TENER MALAS COMPAÑÍAS
El
año 1972 fue especialmente frustrante para
FREE. Publicaban su disco de reencuentro tras una
desbandada originada por el fracaso comercial de “Highway”,
de 1971 y a pesar del éxito de crítica
de su álbum en directo “Free live”,
también de ese año. El resultado de
ese reencuentro fue “Free at last”, que
les supuso un nuevo éxito en forma de single,
en esta ocasión titulado “Little bit
of love”. Junto con su archiconocido “All
right now”, estos éxitos por fin situaban
a la banda en la cima de su popularidad y reconocimiento.
La frustración, como indico al comienzo de
este párrafo, vino por el hecho de que PAUL
KOSSOFF se encontraba en una situación desesperada
en lo relativo a su adicción a la heroína.
Nadie podía ya ayudarle y su fin estaba próximo.
Así, cuando la banda se preparó para
grabar “Heartbreaker”, que se lanzó
en 1973, KOSSOFF era prácticamente un hombre
consumido por la droga e incapaz de aportar nada interesante
al grupo. Esta circunstancia, unida a la deserción
de ANDY FRASER para formar SHARKS, provocó
que el peso del desarrollo de ese último disco
de FREE recayese casi en su totalidad en PAUL RODGERS
y SIMON KIRKE, que a duras penas aguantaron lo suficiente
para ver salir a la luz la obra póstuma de
FREE. La situación era tan terrible que el
grupo terminó desapareciendo al poco de publicarse
“Heartbreaker”. De esta manera se precipitó
el final de una banda que podría haber sido
aún más grande de lo que fue, y se inició
la trayectoria de otra que demostraría el enorme
potencial que RODGERS y KIRKE aún tenían
por delante: BAD COMPANY. La decisión tomada
por ambos se demostró acertadísima,
no sólo por la exitosa trayectoria del nuevo
grupo, sino por la lamentable muerte, tres años
después, de KOSSOFF, debido a un ataque cardíaco
provocado por una sobredosis.
Para llevar a buen puerto la formación de un
nuevo grupo que estuviese a la altura de FREE era
necesario contar con músicos de primerísimo
nivel. La guitarra eléctrica era el instrumento
por excelencia para el proyecto BAD COMPANY, así
que nada mejor que contar con MICK RALPHS, que en
1973 se encontraba muy distanciado ya de IAN HUNTER,
por aquel entonces ya líder indiscutible de
MOTT THE HOOPLE. Un repaso al número 27 de
This is rock ofrecerá mayor información
acerca de las razones por las que RALPHS abandonó
a MOTT THE HOOPLE, pero en lo que concierne a BAD
COMPANY, hay que considerar el descontento de este
hombre con el sonido de guitarras que HUNTER quería
en los HOOPLE, y la imposibilidad de que IAN cantase
algunos de los temas que RALPHS tenía compuestos,
entre ellos el que pronto sería éxito
absoluto con los COMPANY: “Can’t get enough”.
Conseguido el fichaje de un grandísimo guitarrista,
el grupo estaba listo ya para comenzar su periplo,
habida cuenta de que el puesto de bajista estaba magníficamente
cubierto por BOZ BURRELL, conocido por su militancia
en KING CRIMSON hasta 1972. El proyecto adquiría,
pues, tintes de auténtico supergrupo, con todos
sus miembros habiendo formado parte anteriormente
de otras grandes bandas. Un caldo de cultivo extraordinario
para desarrollar todo el potencial que llevaban en
su interior, y que de alguna forma estaba muy limitado
por las circunstancias en cada una de sus formaciones
anteriores. Ahora, por fin, RODGERS, KIRKE y RALPHS
eran libres. Libres para cultivar esas “malas
compañías” que les harían
alcanzar la gloria en el mundo del rock.
UN
DEBUT PARA LA HISTORIA
RODGERS
y RALPHS no se conocieron en BAD COMPANY. Ya habían
coincidido cuando MOTT THE HOOPLE acompañó
a FREE en un tour. De mutuo acuerdo y, seguramente
sin que HUNTER y KOSSOFF se enterasen, ambos tocaban
temas compuestos por ellos mismos y que no aparecían
en los discos de sus respectivas bandas. La mayoría
de esos temas eran composiciones de RALPHS, que sin
duda era el más descontento con la línea
musical y vocal de su grupo. Su estilo feroz y poderoso
a la guitarra cada vez encajaba menos con el aura
de glamour y experimentación musical que HUNTER
buscaba para los HOOPLE. Cuando por fin formaron nueva
banda, buscaron el nombre adecuado para la misma.
Finalmente se decantaron por BAD COMPANY, inspirado
por la película que ROBERT BENTON había
dirigido en 1972. Pero el nombrecito de marras les
trajo algún que otro problema en sus inicios,
ya que PETER GRANT, manager de LED ZEPPELIN, se interesó
por ellos con la intención de firmarles un
contrato para Swan Records, el sello recién
estrenado por PAGE y compañía. Uno de
los escollos iniciales fue precisamente el del nombre.
Tal y como dice el propio RODGERS: “Tuve que
luchar mucho con el manager y con la compañía
de discos para que aceptaran el nombre de BAD COMPANY.
Pensaban que era un nombre horrible. PETER GRANT nos
convocó a una reunión y en la banda
tuvimos otra antes de ir a la suya. Allí les
dije que ya había pasado por esta situación
anteriormente con FREE, puesto que Island Records
quería haber llamado al grupo THE HEAVY METAL
KIDS. Todos acordamos ir a dicha reunión para
decirle a PETER que nos llamaríamos BAD COMPANY
y que no había nada más que decir al
respecto. En cuanto PETER vio lo unidos que estábamos
y lo fuertemente que defendíamos tal nombre,
cedió y convenció a la compañía
de discos”. Con los problemas iniciales resueltos,
y habiendo conseguido ser el primer grupo en firmar
un contrato discográfico con Swan Records,
BAD COMPANY se pone manos a la obra y comienza el
proceso de grabación del que sería su
primer álbum. En noviembre de 1973, el grupo
se encontraba ansioso por grabar todo lo que tenían
compuesto. RODGERS explica cómo fue el proceso:
“LED ZEPPELIN tenían un estudio móvil
en Headley Grange, pero iban a retrasarse dos semanas
antes de ir a grabar, así que PETER GRANT nos
dijo que si éramos rápidos, probablemente
podríamos utilizar ese estudio para grabar
un par de temas. Aceptamos, entramos y grabamos el
disco al completo. Headley Grange era muy atmosférico.
Teníamos la batería en el hall y las
guitarras en el salón. Hicimos cosas interesantes,
como por ejemplo colocar el micrófono para
grabación de voces en medio del campo. Así
grabamos el tema “Bad Company”, una noche
bajo la luz de la luna”. Con semejante conjunción
de inmediatez y sentimientos, sólo podía
salir una auténtica obra maestra en forma de
disco. Así fue, y el primer álbum de
la banda, titulado simplemente “Bad Company”,
se publicó en junio de 1974, llegando pronto
al puesto número uno de Billboard y consiguiendo
con el tiempo vender más de cinco millones
de copias en todo el mundo. Buena parte de dicho éxito
se debe al clásico “Can’t get enough”,
que RALPHS tenía compuesto desde su última
etapa con MOTT THE HOOPLE. RODGERS consiguió
darle a dicho tema todo el sentimiento, garra y calor
que precisaba para convertirse en lo que es hoy: un
clásico con letras mayúsculas de la
historia del rock. El ritmo pegadizo y contagioso
del tema, sus riffs de guitarra y ese estribillo machacón
y repetitivo, pero absolutamente cautivador, definían
a la perfección el sonido más genuino
y auténticamente rockero de los 70. La voz
de RODGERS, profunda, penetrante y expresiva como
pocas, la guitarra de RALPHS, punzante, vigorosa,
desplegando esos riffs tan característicos
a la par que construyendo el archiconocido solo que
caracteriza la parte final del tema, la base rítmica
contundente y precisa de KIRKE y BURRELL y, en definitiva,
las inmensas ganas y pasión que la banda le
puso a un tema como éste, fueron los ingredientes
determinantes para que el legado de FREE tuviera una
sucesión digna y a su altura. En muchos sentidos,
“Can’t get enough” es comparable
a “All right now”, considerándose
hoy en día ambos temas como dos de las joyas
de la historia del rock. Ni que decir tiene que fue
el single más exitoso del disco, alcanzando
el puesto 5 en las listas de ventas, pero no fue el
único tema destacado, ya que “Movin’
on”, también compuesto por RALPHS, alcanzó
el lugar 19 en esas listas. “Movin’ on”
es un tema muy rítmico y melódico, apoyado
por riffs entrecortados de guitarra, mientras la voz
lleva todo el peso de la melodía del tema,
algo que RODGERS sabía hacer como nadie. Quizás
por ello, además de por su inigualable garganta,
es considerado “la voz” del rock. Escuchar
esa forma de cantar es una experiencia difícil
de olvidar. Muchos vocalistas le deben mucho a ese
estilo que creó PAUL. Él supo encontrar
y cultivar una forma personal y sugerente de cantar
el rock con un sentimiento que pocos han sabido transmitir.
El denominador común de “Bad Company”
es, sin duda, el rock poderoso, visceral, pero no
exento en absoluto de melodías agradables,
estribillos contagiosos y mucho, mucho sentimiento.
Escuchar la música contenida en este disco
es una experiencia enriquecedora, intensa, que de
inmediato te engancha. Son composiciones que arrebatan
y tocan la fibra más sensible. “Seagull”,
balada compuesta por RODGERS y RALPHS, es una muestra
de la compenetración de estos dos genios, también
a la hora de escribir los temas. “Rock steady”,
tema de RODGERS, completaba a la perfección
un repertorio de canciones que estaban llamadas a
crear escuela. En esta ocasión se trata de
un corte con un sabor a blues y soul deliciosamente
encantador, pero que gracias nuevamente a la guitarra
de RALPHS y a la batería de KIRKE, consigue
transmitir una energía cien por cien rockera.
Es ésta precisamente una de las señas
de identidad de la música de BAD COMPANY: la
seductora mezcla entre sentimiento soul, intensidad
blues y energía rockera. En tal sentido, a
la hora de hablar de influencias en el sonido de la
banda, RODGERS lo explica mejor que nadie: “Estábamos
influidos por gente como JIMI HENDRIX, CREAM y, en
cierto modo, los BEATLES. No creo que BAD COMPANY
fuese una banda realmente influenciada por el blues,
aunque sí es probable que yo llevase conmigo
esa influencia, ya que soy un gran fan del blues.
Simplemente intentábamos tocar como sentíamos,
de forma que nos parecía buena y natural. Pienso
que eso fue lo que nos dio nuestra identidad como
banda”.
El prestigio de estar bajo la dirección de
GRANT y de la mano de Swan Records tuvo su inmediata
repercusión: debutaron en directo en el City
Hall de Newcastle, en marzo de 1974. La respuesta
de público y crítica fue abrumadora,
alcanzando un éxito tan grande que pronto se
trasladaron a Estados Unidos para dar varios conciertos.
Entre esos conciertos destacan los que dieron abriendo
para EDGAR WINTER. El disco apenas llevaba unos días
en las listas de éxitos. Tres meses después,
ya era número uno y el mundo se rendía
ante uno de los mejores discos del rock de todos los
tiempos. Estados Unidos reconoció de inmediato
el valor de tal propuesta musical, recordando el éxito
de FREE con “All right now” y vinculándolo
a los nuevos temas de BAD COMPANY, que en cierto modo
seguían un patrón rítmico y melódico
similar, pero al mismo tiempo, estableciendo también
la conexión entre los shows de MOTT THE HOOPLE
en directo, que en cierto modo tenían su continuidad
con la puesta en escena y labor que este nuevo grupo
desarrollaba sobre el escenario. MIKE RALPHS recuerda
aquellos tiempos: “Intentábamos siempre
ser naturales. Podíamos tocar clásicos
del soul y del blues, a la vez que desarrollábamos
nuevos temas. Mi guitarrista favorito, el que me inspiraba
a la hora de tocar, era STEVE CROPPER, el batería
favorito de KIRKE era AL JACKSON, mientras que PAUL
sentía debilidad por la voz de OTIS REDDING.
Básicamente tocábamos como una banda
de bar, pero pronto quedó claro que los bares
en los que tocábamos iban siendo cada vez más
grandes”. En estas palabras probablemente esté
condensado el misterio del sonido BAD COMPANY: la
simplicidad de lo inmediato, de lo más cálido
y próximo al fan, unida a la grandeza de unas
composiciones de enorme calidad, talento y creatividad,
que nacieron para ser inmortales.
EL
ESPECTÁCULO CONTINÚA
Tras
la primera gira de su carrera, BAD COMPANY regresan
a Londres para plantearse lo que sería su siguiente
disco. El propio PETER GRANT les felicitaría
por el éxito logrado y les daría todo
tipo de ánimos y facilidades para seguir dando
rienda suelta a su creatividad. SIMON KIRKE resume
perfectamente la conexión entre la banda y
su manager: “Él hablaba nuestro idioma,
amaba a sus artistas. Nos hizo creer en nosotros mismos.
Nos ayudó que la otra banda a la que representaba
fuese la más grande del mundo”. Con palabras
así, queda meridianamente patente la importancia
de GRANT en los resultados musicales y comerciales
de BAD COMPANY. Así las cosas, en septiembre
de 1974 el grupo decide instalarse en el castillo
de Clearwell, en Gloucestershire, donde se concentrarían
en dar forma al siguiente álbum, que como todo
segundo disco tras un inicio apoteósico, tiene
un difícil rol: el de dar continuidad a tan
sorprendente y magnífico debut. Así
surgió “Straight shooter”, que
se publicó en abril de 1975 y se convirtió
en un nuevo éxito de la banda, vendiendo más
de tres millones de copias y demostrando que lo de
su primer disco no había sido una casualidad.
Los temas de este Lp estaban casi todos compuestos
durante el primer año de existencia del grupo,
al igual que los que aparecían en su primer
álbum habían sido escritos con anterioridad
a 1974. BAD COMPANY se encontraban deseosos de plasmar
en un disco lo que habían estado componiendo
durante su primera gira. Parte del proceso de creación
de esta obra se puede observar en las palabras de
KIRKE: “Recuerdo que PAUL estaba cantando lo
que posteriormente sería “Shooting star”
en el aeropuerto, mientras esperábamos para
ir a Estados Unidos en lo que sería nuestro
segundo tour. Subió al avión con su
guitarra y comenzó a tocar y cantar el comienzo
del tema”. Lo cierto es que “Shooting
star” se convirtió en uno de los temas
destacados de “Straight shooter”, junto
al ganador de un Emmy, “Feel like makin’
love”. Mucha gente ha imaginado posteriormente
a quién podría ir dirigido el mensaje
de dicho tema (habla sobre un chico que lo deja todo
por el rock y termina convirtiéndose en una
estrella, pero muriendo por tal causa), pensando incluso
que RODGERS pudiera haber estado inspirado en la trayectoria
de PAUL KOSSOFF a la hora de escribirlo, pero el propio
RODGERS aclara tal punto: “Comencé a
cantar la letra “Johnny was a schoolboy...”
y no dejaba de pensar que era una buena canción.
Cogí papel y lápiz y comencé
a escribir la letra y la música. La canción
surgía directamente de mí. Se escribía
por sí sola. Yo mismo me preguntaba de dónde
salía todo aquello. Finalmente puedo decir
que es un tema que habla de todas las víctimas
de la música rock, porque desgraciadamente
ha habido demasiadas”.
“Straight shooter” alcanzó el número
3 en las listas de Estados Unidos y Gran Bretaña.
Nuevamente la respuesta de público y crítica
fue unánime y tremendamente positiva, permitiendo
que la banda volviese a Estados Unidos para una nueva
gira, pero en esta ocasión como cabezas de
cartel. En lo estrictamente musical, “Straight
shooter” es un disco bastante más tranquilo
que su antecesor, con dos baladas claramente destacables
en su repertorio: las ya citadas “Shooting star”
y “Feel like makin’ love”. Como
contrapunto a este enfoque menos potente, RALPHS aportaba
su composición “Good lovin’ gone
bad”, que se convirtió en un tema fijo
en el repertorio de BAD COMPANY en sus directos ya
para siempre. La voz de RODGERS suena en este corte
más aguda, más incisiva en la parte
más potente, para pasar a una inflexión
mucho más cálida y sugerente en la parte
más tranquila. En ambas situaciones sencillamente
lo borda. Una delicia sólo al alcance de los
elegidos. En cualquier caso, resulta evidente que
el éxito comercial de este segundo disco se
debió en gran parte a la resaca de su primer
e irresistible álbum de debut. La masa de seguidores
reclutada en los shows que la banda dio a lo largo
de 1974 no falló a la hora de responder ante
su segundo trabajo. Lo que resulta fuera de toda discusión
es que “Straight shooter” consolidó
a BAD COMPANY como una de las bandas punteras del
momento, permitiéndoles afianzar su show en
directo y adquirir el protagonismo necesario para
poder dar conciertos como únicos protagonistas
de los mismos. Así sucedió en la gira
de 1975, donde quizás el momento más
emotivo tuvo lugar a finales de dicho año,
cuando PAUL KOSSOFF fue invitado por el grupo a subir
al escenario y cantar con ellos “All right now”.
Así sucedió en un par de noches, constituyendo
un momento entrañable e histórico, así
como, desgraciadamente, la última vez que KOSSOFF
coincidiría encima de un escenario con sus
ex-compañeros de FREE.
EL
DECLIVE CREATIVO
Para la grabación de su tercer disco, BAD COMPANY
eligen Francia, concretamente la localidad de Grasse,
donde en septiembre de 1975 se ponen manos a la obra.
Utilizan la Rolling Stones Mobile para la grabación,
contando con RON NEVISON para tal tarea, mientras
que las mezclas las realizan en Los Ángeles,
corriendo a cargo de EDDIE KRAMER. El resultado fue
un disco también muy exitoso, pero algo más
experimental que sus antecesores, así como
menos brillante musicalmente hablando. En cualquier
caso, “Run with the pack”, que así
se llamó el álbum, consiguió
vender más de tres millones de copias, fue
el primer disco de la banda que alcanzó el
disco de platino y llegó al puesto 5 de las
listas de éxito británicas y estadounidenses.
Aportó un nuevo éxito en forma de single,
que fue la versión del “Young blood”,
de los COASTERS, pero sólo llegó al
puesto 29. De forma lenta, pero inexorable, había
comenzado el declive de la banda. No obstante, como
ha de ser en toda gran formación de rock, este
declive fue progresivo y con grandes momentos aún
por ofrecer a los fans y seguidores del rock en general.
“Run with the pack” asentó los
poderes sobre los que se instauraba la magia de BAD
COMPANY: la compenetración entre RODGERS y
RALPHS a la hora de componer los temas y la voz inigualable
de RODGERS, que daba a cada canción una personalidad
diferenciada y un estilo inconfundible. Su dominio
vocal era abrumador, consiguiendo abarcar tantos matices
que podía cantar prácticamente todo
lo que se le antojase, aunque donde más a gusto
se encontraba era en las baladas de regusto soul y
en los temas enérgicos y contundentes, donde
su voz se transformaba en un torrente lleno de carisma
y energía. Entre las sorpresas experimentales
de “Run with the pack” destaca el tema
que le da título, en el que aparece una orquesta.
Esto ya se había hecho en el anterior disco
con el tema “Weep no more”, pero en esta
ocasión RODGERS compuso la canción que
daba título al álbum con arreglos orquestales
en su mente desde el mismo inicio. Él mismo
lo deja muy claro: “Escribí “Run
with the pack” con ayuda del piano y cuando
la toqué, a los chicos les encantó.
En mi mente, la orquesta siempre fue una parte de
la canción. JIMMY HOROWITZ llegó al
estudio de grabación y tenía que hacer
la partitura. Llegó con una grabadora en la
mano y, cuando escuchaba la canción, me preguntó
cómo quería que sonara la orquesta en
el acompañamiento. Le canté la parte
de orquesta que tenía en mi mente y él
la escribió en la partitura”. El resto
del álbum es bastante inferior a los dos temas
citados, aunque sigue habiendo buenas aportaciones
por parte de RALPHS, como el corte “Simple man”,
que destacaba por encima de los demás.
La gira de “Run with the pack” estuvo
marcada por la tragedia, ya que estaba previsto que
comenzara el 25 de abril de 1976 en Gran Bretaña,
con la banda de PAUL KOSSOFF, BACK STREET CRAWLER,
como teloneros, aprovechando que también publicaban
su segundo disco. Lamentablemente las drogas volvieron
a apoderarse de KOSSOFF, esta vez ya por última
vez. PAUL murió el 19 de marzo de 1976 en un
avión, volando de Los Ángeles a Nueva
York, debido a un ataque al corazón provocado
por una sobredosis. De esta dantesca manera comenzaba
una gira que parecía gafada desde el principio,
pero que el grupo supo llevar a buen término,
ofreciendo shows fantásticos. Fue probablemente
una de las giras más interesantes del grupo,
que ya mostraba una madurez clara y que ofrecía
un repertorio en directo absolutamente maravilloso.
Buena prueba de ello es el álbum “Live
in Albuquerque 1976”, extraído de unas
grabaciones piratas de la época, publicado
hace sólo dos años, y que recoge un
show de esa gira, en el que no sólo el sonido
es estupendo, sino que podemos encontrar todos los
éxitos del grupo tocados en vivo. Una muestra
palpable de lo que fueron aquellos conciertos, en
los que la banda se encontraba escénicamente
en su plenitud.
El cansancio comenzó a hacer mella en BAD COMPANY.
Eran ya tres años de frenética actividad,
grabando discos y girando para presentarlos. En tales
circunstancias de agotamiento llegó el que
sin duda es su peor trabajo en su primera etapa: “Burnin’
sky”, publicado en marzo de 1977. El disco se
grabó nuevamente en Francia, en los Chateau
d’Herouville Studios entre julio y agosto de
1976, pero se retrasó su edición para
no entrar en conflicto con “Run with the pack”.
El ingeniero de sonido fue CHRIS KIMSEY, que posteriormente
trabajaría con los ROLLING STONES. Lo primero
que llamó la atención de este álbum
fue que no tenía ningún tema que pudiese
ser un single potencial. Su concepto era más
atmosférico, más compacto, aglutinando
un puñado de buenas composiciones que pudieran
darle coherencia a un álbum seguramente pensado
para escapar a esa tónica general de buscar
algún hit single. El resultado fue muy pobre,
llegando solamente al puesto 12 de las listas de éxitos
y, a pesar de lo apuntado, consiguiendo colocar uno
de sus temas, el que le da título, en el puesto
18. Poco bagaje para una banda que se había
acostumbrado a las mieles del éxito. A pesar
de todo, “Burnin’ sky” consiguió
llegar a disco de oro, seguramente por la lealtad
de unos fans que aún esperaban algo mejor de
su banda. La respuesta estaba próxima, pero
desgraciadamente sería un último ramalazo
de genialidad antes de tocar fondo.
EL
CANTO DEL CISNE Y LA CAÍDA INEVITABLE
El
fiasco de “Burnin’ sky” llevó
a BAD COMPANY a replantearse claramente lo que querían
hacer con su siguiente trabajo. Lo primero que decidieron
fue tomarse un tiempo de descanso para recuperar fuerzas.
Las giras los habían dejado agotados, así
que dejaron pasar casi dos años y medio antes
de volver a meterse en un estudio de grabación.
A finales de 1978 por fin encontraron la motivación
y las fuerzas para afrontar la grabación de
un disco que se antojaba importantísimo en
su carrera. Esta vez decidieron volver a Gran Bretaña,
dejando atrás Francia. En los Ridge Farm Studios
de Surrey grabaron “Desolation angels”,
su quinto disco, cuyo título tomaron de una
novela de JACK KEROUAC. Este álbum recupera
buena parte de la frescura e inmediatez que caracterizó
sus dos primeros trabajos, consiguiendo mucho más
éxito que “Burnin’ sky” y
volviendo a ser disco de platino. SIMON KIRKE nos
aclara algunos de los aspectos que explican la forma
de grabar este disco: “Recuerdo que caminábamos
por el estudio de grabación y PAUL tocaba el
riff de “Rock ‘n’ roll fantasy”
con la guitarra. Tenía un divisor de octavas
enchufado a su guitarra y el riff sonaba grandioso.
Grabamos la canción ese mismo día”.
Todo un ejemplo de una manera de concebir el rock,
las grabaciones e incluso la misma filosofía
de la música. La espontaneidad, la frescura,
el espíritu del directo por encima de cualquier
otra consideración. Justo lo que BAD COMPANY
necesitaban para volver a los lugares de privilegio
que les correspondían. “Rock ‘n’
roll fantasy” fue el tema estrella del disco,
su punto de referencia fundamental. Alcanzó
el puesto 12 en las listas de éxitos y contribuyó
decisivamente a que “Desolation angels”
llegase al número 3 de Billboard y se convirtiera
en multiplatino. Otro gran tema, muy rítmico
y repetitivo, “Gone gone gone”, llegaría
al puesto 44 de las listas. No obstante, en este disco
hay gran diversidad de sonidos y de sentimientos.
“Evil wind” nos muestra la identificación
de la banda con el estilo country, algo que desde
sus inicios estaba latente, pero que en esta canción
se aprecia definitivamente. Las influencias sureñas,
por su parte, se recogen en la sensacional “Oh
Atlanta”, que está cantada con enorme
sentimiento por RODGERS.
De nuevo BAD COMPANY se encontraban en la cresta de
la ola, saboreando las excelencias de la fama y el
reconocimiento. “Desolation angels”, además,
aportaba un nuevo elemento a la música del
grupo, como es el sonido de los sintetizadores, que
supieron utilizar de forma muy adecuada en este disco.
En cualquier caso, lo que predomina es lo de siempre:
la excelente voz de RODGERS, la soberbia guitarra
de RALPHS y esa base rítmica poderosa y contundente
a cargo de KIRKE y BURRELL, y por encima de todo,
unas canciones tremendamente accesibles, potentes
y contagiosas, que transmiten montones de sensaciones.
Rock en su más pura definición y en
su más directa ejecución. Todo ello
devolvió al grupo a los escenarios con una
fuerza arrolladora, embarcándose en una gira
que resultó tremendamente exitosa y de proporciones
gigantescas. Quizás por esta razón se
demoró tanto el lanzamiento de su siguiente
álbum, “Rough diamonds”.
Tras la gira de “Desolation angels”, la
banda estaba completamente exhausta. Prácticamente
habían llegado al límite de sus energías
y era necesario dejar pasar otro buen puñado
de meses hasta que se encontrasen en condiciones de
afrontar la grabación de un nuevo álbum.
Decidieron reanudar su actividad a finales de 1981,
cuando volvieron a los Ridge Farm Studios para iniciar
las sesiones de grabación de “Rough diamonds”.
Desgraciadamente, las condiciones fueron mucho peores
que en su anterior disco. Las muertes de JOHN BONHAM
y JOHN LENNON fueron un serio revés para la
banda, que se replanteó seriamente el tipo
de vida que llevaban y las consecuencias que podría
tener en su futuro y el de sus seres queridos. Por
otro lado, un conato de enfrentamiento entre RODGERS
y BURRELL creó un ambiente de tensión
que dificultó enormemente la grabación
del álbum. Los resultados fueron evidentes:
“Rough diamonds” fue el disco menos exitoso
de todos los publicados hasta la fecha, consiguiendo
tan sólo llegar al puesto 26 de la lista de
Billboard. El único single con cierta repercusión
fue la composición de RODGERS, “Electricland”,
que alcanzó el número 10 de las listas.
El principal problema de este disco, aparte de la
tensión que presidió su génesis,
fue el poco convencimiento que la propia banda puso
a la hora de componerlo y tocarlo. El propio RODGERS
lo indica sin rubor: “En ese momento, sentía
que la banda y todo lo relacionado con ella habían
absorbido completamente mi vida. Necesitaba volver
a poner los pies en el suelo y ver a mis hijos crecer,
pero nunca dejé la música, dejé
la banda”. Con estas elocuentes palabras deja
claro que su cabeza no estaba ya en BAD COMPANY, sino
en su propia vida, de la cual deseaba disfrutar durante
un tiempo. Inevitablemente esto se trasladó
al disco, que adolecía de la necesaria credibilidad
y coherencia mínima para trasladar las sensaciones
que sí habían conseguido sus anteriores
trabajos. La suerte estaba echada en la banda y nada
podía ya evitar que PAUL RODGERS tomase la
decisión de abandonarla. Incluso el mismo MICK
RALPHS reconoce que por aquel entonces era lo mejor
para todos: “Mirando hacia atrás, creo
que lo dejamos en el momento justo. PAUL quería
dejarlo y los demás también necesitábamos
parar. BAD COMPANY había llegado a ser más
grande que nosotros mismos y continuar con ello habría
destruido algo o a alguien. Desde un punto de vista
empresarial era el momento menos adecuado para separarnos,
pero el instinto de PAUL estaba absolutamente en lo
cierto”. Una última cuestión tuvo
también una importancia fundamental en esta
decisión: la pérdida de interés
que PETER GRANT empezó a mostrar por el grupo.
SIMON KIRKE aporta un elemento clarificador en tal
sentido: “PETER era definitivamente el pegamento
que nos mantenía unidos y en su ausencia, nos
separamos”. Con esto queda dicho todo.
BAD COMPANY volverían cuatro años después,
aunque ya sin RODGERS, que se encontraba ocupado con
el proyecto THE FIRM, junto a JIMMY PAGE. El elegido
para reemplazarlo fue BRIAN HOWE, que aportó
al sonido de la banda una orientación más
pop, la cual no fue bien entendida por la mayoría
de sus fans. En el plano meramente artístico,
nada de lo que el grupo hizo posteriormente volvería
a tener la relevancia de los grandes discos de la
etapa que ocupa este artículo. Ni siquiera
la vuelta de PAUL RODGERS, ya en 1998, pudo devolver
el prestigio perdido a una banda herida de muerte
por su propio éxito. Es la sempiterna historia
del rock y de las innumerables formaciones que han
terminado por ser devoradas por su propio triunfo.
Afortunadamente, a RODGERS no le sucedió como
al Johnny de su tema “Shooting star” y
aún vive para contarlo y disfrutar de los jugosos
royalties que sus composiciones y discos siguen generando.
Ya nada volverá a ser como en aquella época
dorada, la que nos regaló algunos de los mejores
momentos en la historia del rock y nos hizo vibrar
con un grupo que supo interpretar como nadie la filosofía
más lúdica, fresca, sencilla y directa
de una música que, no lo olvidemos, nació
con la intención de divertir y hacer que la
gente se evadiese de los problemas cotidianos, al
tiempo que se dejaban llevar por sueños de
lo más diverso. BAD COMPANY entregó
sus mejores años a hacer posible tal filosofía.
Si hoy estoy escribiendo esto, es porque consiguieron
su propósito como pocas otras bandas pueden
presumir de haberlo logrado.