THE
ESSENTIAL: WHITESNAKE
Mundorock
Por Fran García
(Cortesía
de THIS
IS ROCK)
|
Grupo
esencial en la evolución del hard rock de base
más blues, Whitesnake además supo dar
un giro espectacular a su sonido en 1987, ocasionando
tal conmoción musical que desde entonces no
sólo se convirtieron en un referente fundamental
en el hard rock de los 80 y posteriores décadas,
sino que además comenzaron un enorme declive
creativo paralelo a su auge en popularidad.
A lo largo de la historia de Whitesnake han sucedido
muchas cosas, quizás demasiadas, pero básicamente
todas han ido dirigidas en una misma dirección:
dejar claro que el grupo que comenzó como una
escisión de Deep Purple es, en realidad, el
proyecto de un sólo hombre: David Coverdale.
Seguramente en 1977 no se plantearon así las
cosas, pero los acontecimientos han ido demostrando
que el señor Coverdale hace y deshace a su
antojo, en ocasiones para bien y en otras ocasiones
para mal. Sea como sea, Whitesnake nos ha dejado un
legado musical apoteósico, con álbumes
que están entre lo mejorcito jamás grabado
en el mundo del hard rock, consiguiendo combinar de
forma sólida y creíble las influencias
y el sonido de dos bandas tan antagónicas como
rivales: Deep Purple y Led Zeppelin. Si a todo esto
sumamos una base cargada de blues y boogie-rock, ya
tenemos la primera etapa de la banda hasta el año
clave: 1987. A partir de ese momento, cambio espectacular
en cuanto a sonido, imagen e incluso, actitud. La
banda se pone al día, actualiza su música.
Rompen en cierto modo con el excelente pasado que
hasta ese momento habían construido y se sumergen
en los sonidos más ochenteros, pero con la
sabiduría suficiente como para crear no sólo
un disco que es una obra maestra, sino también
un estilo que influiría y marcaría decisivamente
a cientos de bandas posteriores. Con “1987”
y todo lo que ese disco supuso, Whitesnake no sólo
vendieron más de 15 millones de álbumes,
sino que dejaron abierto el camino a seguir en el
hard rock. Lamentablemente, lo que supuso una convulsión
de proporciones enormes en el rock no sirvió
para que el grupo supiese mantener unos niveles de
calidad acordes con lo que de ellos sería esperable.
Su trayectoria musical, en lo que a creatividad se
refiere, inició una decadencia rápida
e inexplicable, que si no fuese por los grandes músicos
que siempre han estado en Whitesnake, no se sabe hasta
dónde podría haber llegado. Su sonido
comenzó a estandarizarse excesivamente, sus
temas se volvieron demasiado previsibles y su música
cayó en la autocomplacencia e incluso en el
autoplagio. Afortunadamente el bagaje glorioso que
tenían a sus espaldas pesaba demasiado como
para cargarse una carrera musical en once años
y dos únicos discos, por lo que el grupo resurge
de sus cenizas y edita este año un nuevo álbum,
“Good to be bad”, que al menos demuestra
que pueden mejorar lo hecho tras “1987”,
si bien habrá que estar a la expectativa de
lo que pueda suceder con ellos, habida cuenta de la
posibilidad, cada vez más tangible, de que
Coverdale se pueda unir a ese proyecto que Lord, Paice,
Hughes y probablemente Blackmore tienen en mente,
de resucitar el MK III. Pero ésa es otra historia
y ya se verá si se convierte en realidad.
No
debes perderte:
-
“Come an’ get it” (1981):
La
máxima expresión de los Whitesnake creando
escuela a ritmo de blues, rhythm and blues, boogie
y hard, mucho hard. Sus influencias más ancestrales
y clásicas las tenemos en temas como “Wine,
women an’ song”, un corte de trepidante
y adictivo ritmo, con la voz de Coverdale alternando
un comienzo cargado de sensualidad con un desarrollo
posterior en el que predomina el sentimiento y la
energía. Por el mismo camino continúa
“Would I lie to you”, muy comercial y
dinámica, pero sin duda la joya del álbum
es la tremenda “Don’t break my heart again”,
en la que todo el grupo borda un tema poderoso, vigoroso,
a la par que lleno de magnetismo y sentimiento. Otros
puntos álgidos son el épico “Child
of Babylon”, la bluesy a la vez que poderosa
“Come an’ get it” y la acelerada
y adictiva “Hot stuff”. Por encima de
lucimientos individuales, “Come an’ get
it” es un álbum colectivo en todos los
sentidos y en el mejor de ellos.
-
“1987” (1987):
El responsable de que Whitesnake sea una de las bandas
más exitosas a nivel comercial en la historia
del rock. Se editó en dos formatos diferentes:
uno para Europa y otro para Estados Unidos. El más
interesante es el europeo, que además lleva
dos temas extra. En este álbum se encuentra
la culminación de las influencias más
zeppelianas, como puede apreciarse en el corte “Still
of the night”, claramente inspirado por “Kashmir”,
pero al mismo tiempo el sonido se pule, se enriquece
y comercializa, actualizándose a los estándares
de los 80, con baladas poderosas como “Is this
love?”, composiciones de fácil asimilación
melódica como “Give me all your love”
o “Crying in the rain” y demostraciones
de esa ruptura con el pasado a través de la
regrabación de “Here I go again”,
como queriendo insinuar que lo anterior puede ser
mejorado con el nuevo estilo. Musicalmente hablando,
tal hipótesis sólo resultó convincente
en este disco.
Fantásticos:
-
“Saints & Sinners” (1982):
Se podría decir que éste fue el disco
que marcó el comienzo de un giro más
comercial en la música del grupo. Quizás
el hecho de no contar con Bernie Marsden tuviera algo
que ver en ello, pero lo cierto es que “Saints
& Sinners” es un álbum mucho más
comercial que los anteriores y que, en cierto modo,
continúa lo ya apuntado en “Come an’
get it”, llevando las bases blues de la música
del grupo hacia terrenos más melódicos
y rítmicos, de manera que la combinación
entre blues y hard rock se decanta bastante en esta
ocasión hacia la faceta más lúdica
y asequible de ambos estilos. Entre los temas destacados,
están la impresionante balada “Here I
go again”, pletórica de feeling y de
energía, las poderosas y pegadizas “Young
blood” y “Rock an’ roll angels”
y ese clásico que terminó siendo “Crying
in the rain”. El resto del álbum no baja
el listón en absoluto.
-
“Trouble” (1978):
Fue la presentación auténtica de Whitesnake
al mundo, ya que se trata de su primer disco al completo
como banda. En él encontramos ya el sonido
que caracterizaría a este grupo hasta 1987,
si bien se nos muestra de una forma menos pulida y
retocada que en posteriores trabajos, lo cual también
le da a este “Trouble” un valor añadido
como uno de los discos más directos y espontáneos
de Whitesnake. Dos temas se convirtieron en clásicos
en el repertorio de la banda: “Take me with
you”, con un ritmo desenfrenado y una potencia
intensa y seductora, y el más versátil
“Love to keep you warm”, que tiene unos
cambios de ritmo y melodía con sabor cien por
cien Whitesnake y que la convierten en la canción
más atractiva. Otras joyas son “Lie down
(A modern love song)” y las de añejo
sabor Purple, “Nighthawk – Vampire blues”
y “The time is right for love”.
-
“Ready an’ willing” (1980):
La evolución de Whitesnake hacia sonidos más
accesibles y comerciales aún no había
llegado, pero en “Ready an’ willing”
encontramos uno de los temas más exitosos de
la banda hasta ese momento: “Fool for your loving”,
en el que se aprecia la madurez que habían
conseguido en tan sólo tres años. Sin
duda, con la perspectiva del tiempo, se ve con claridad
que ése iba a ser el camino a seguir por Whitesnake,
además de intuirse que la búsqueda del
éxito era una prioridad absoluta. En cualquier
caso, aún quedaba espacio para el duelo guitarrístico
entre Moody y Marsden, que deleitan con su técnica
y feeling a todos los que desean disfrutar del contenido
musical de este álbum. Coverdale sigue su particular
ascenso como vocalista, encontrándose cerca
de la perfección. Los 80 comenzaron con unos
Whitesnake en plenas facultades, desplegando todo
el atractivo de su hard blues-rock.
-
“Lovehunter” (1979):
Tras un discazo como “Trouble”, Whitesnake
no consiguió superar el listón con su
siguiente trabajo, “Lovehunter”, que parece
estancarse musicalmente hablando, aunque siempre teniendo
en cuenta que hablamos de un álbum de gran
calidad, que nos ofrece ese extraordinario rock duro
de base blues y ritmo boogie que desde siempre ha
caracterizado a esta formación. El principal
hándicap de “Lovehunter” es que
su sonido no atrapa al oyente de la misma forma que
el anterior sí hacía. Por otro lado,
el repertorio de canciones nos regala algún
clásico, como “Walking in the shadows
of the blues” y un tema poderoso como “Long
way from home”, pero es la guitarra slide de
Moody la que protagoniza el álbum, junto a
la irresistible voz de Coverdale. Le falta la consistencia
para ser una obra maestra, pero le sobra categoría
para ser un gran álbum.
Invitados:
-
“Slide it in” (1984):
El disco de la controversia, el que la propia compañía
publicó por duplicado, con los solos de John
Sykes en una edición y la formación
que lo grabó en otra. En cualquier caso, “Slide
it in” es un álbum muy bueno, pero en
el que se notan las tensiones que sufría el
grupo. Coverdale quería darle un giro radical
a su música y despidió a toda la banda
poco después del lanzamiento oficial del disco.
A pesar de ello, encontramos magníficas composiciones,
como la comercial “Guilty of love”, la
poderosa e intensa balada “Love ain’t
no stranger” y la excelente “Slow an’
easy”, con un sonido que ya resulta del todo
clásico en Whitesnake, identificando perfectamente
el estilo de la banda hasta la llegada de “1987”.
Como final de una etapa, “Slide it in”
es un broche perfecto y muy apetecible.
-
“Good to be bad” (2008):
Lo nuevo de Whitesnake es lo mejor que han publicado
desde “1987”. Sin poder compararse a éste
ni a los álbumes que lo precedieron, sí
que nos muestra a un Coverdale en excelente estado
de forma, arropado por unos músicos que cumplen
perfectamente su función. El sonido es una
mezcla entre “1987”, el estilo hard-blues-rock”
de su época anterior y la contundencia y espectacularidad
de una producción de corte muy actual. Temas
que siguen la línea de “Is this love?”
(“All I want, all I need”) junto a otros
que buscan con rabia y determinación el equilibrio
entre el blues-rock de antaño y el hard rock
más actual (“All for love”, “Good
to be bad”) y, en medio de todos, algún
corte más comprometido con el hard de influencias
más actuales (“Call on me”). Un
muy buen trabajo que escapa de clichés más
previsibles.
-
“Slip of the tongue” (1989):
Previsible intento por repetir esquemas y éxitos
ya logrados con “1987”. Lamentablemente
los resultados fueron muy inferiores a lo esperado.
“Slip of the tongue” mantiene un nivel
digno, pero baja muchísimos enteros con respecto
a su antecesor, por lo que este álbum supone
el declive de la banda, que no se recuperaría
del enorme éxito logrado dos años atrás.
La orientación excesivamente comercial que
tienen los temas que aparecen en este álbum
le resta credibilidad, solidez y calidad a un disco
que podría haber sido mucho mejor si Coverdale
hubiera optado por no repetir esquemas. El medio tiempo
“Now you’re gone” es muy significativo
del tipo de música que podemos esperar en este
Lp, que sólo consigue salvarse de la quema
gracias a la voz de Coverdale y la guitarra de Steve
Vai. El resto es de lo más previsible.
Polizón:
-
“Snakebite” (1978):
Extraño disco, recopilatorio de temas que aparecían
en los dos álbumes grabados por David Coverdale
en solitario, junto a otros temas ya grabados con
el nombre de Whitesnake. Entre los primeros destacan
las soberbias “Keep on giving me love”
y “Come on”, que mezclan perfectamente
la furia rockera con el feeling blues, y la preciosa
balada “Only my soul”, que estremece a
la vez que seduce con su alternancia entre dulces
melodías y partes de sugerente furia. Entre
los temas grabados como Whitesnake está el
clásico “Ain’t no love in the heart
of the city”, compuesto por Michael Price y
Dan Walsh, que la banda popularizaría con gran
éxito. Sólo por escuchar este tema merece
la pena adquirir “Snakebite”, a pesar
de la falta de cohesión y coherencia que preside
su contenido musical.
La
mejor manera de completar la discografía de
Whitesnake es con el magnífico disco en directo
“Live...In the heart of the city”, de
1980, que nos muestra a una banda en un estado de
forma pletórico y a punto de iniciar su ascenso
comercial. No obstante, hay otros discos que también
merecen ser tenidos muy en cuenta, por diversos motivos.
Entre ellos hay que citar, evidentemente, los dos
que David Coverdale grabó en solitario antes
de formar Whitesnake: “White Snake”, de
1977, y “Northwinds”, de 1978. El primero
es bastante menos interesante que el segundo, ya que
la orientación musical que Coverdale le dio
no terminó de cuajar, por lo que los temas
que en él aparecen no tienen la entidad que
sí atesoran los que encontramos en “Northwinds”.
Este segundo disco es toda una sorpresa, que nos muestra
a un Coverdale pletórico en la voz, con una
forma de cantar muy intensa y profunda, abordando
por igual los temas potentes como las baladas. Resulta
imposible evadirse de la belleza que destilan cortes
como el propio “Northwinds”, la ya citada
anteriormente “Only my soul” y esa desgarradora
maravilla que se titula “Time and again”,
con la voz de Coverdale apoyada únicamente
por un teclado, transmitiendo mil y una sensaciones.
Uno de esos temas que estremecen el alma. Junto a
estos discos en solitario de Coverdale, tenemos los
que publicaron tres miembros de los Whitesnake en
su etapa más blues. Me refiero a Neil Murray,
Bernie Marsden y Micky Moody, que tras salir de la
banda, y tras varios proyectos, formaron el grupo
The Company of Snakes. Con este nombre publicaron
dos discos: “Here they go again: Live”,
directo de 2001, y sobre todo, “Burst the bubble”,
disco en estudio de 2002. El primero es una especie
de tarjeta de presentación, basado en un repertorio
casi exclusivamente de temas de Whitesnake, los cuales
suenan estupendamente, pero el segundo es ya un discazo
con temas todos compuestos por la nueva banda, encontrándonos
con esa esencia que Whitesnake nos regaló en
los setenta y a principios de los ochenta, con un
sonido actualizado y un dinamismo mayor, si cabe.
Con temazos como las colosales “Labour of love”,
“Back to the blues” o “Little Miss
Happiness”, muchos fueron los fans de la Serpiente
Blanca que alucinaron con la nueva banda. Desgraciadamente,
todo quedó ahí y hasta la fecha no se
sabe más de este proyecto.
En lo referente al apartado audiovisual, lo mejor
es hacerse con el DVD “Live in the still of
the night”, que nos presenta un concierto de
la banda en 2004, en el Hammersmith Apollo de Londres.
La formación era la compuesta por Coverdale
a la voz, Reb Beach y Doug Aldrich a las guitarras,
Marco Mendoza al bajo, Tommy Aldridge a la batería
y Timothy Drury a los teclados. Es interesante comprobar
de qué forma regresaron a la actividad y ver
lo que dio de sí esa gira que se extendió
durante más de un año, en la que los
fans pedían a gritos un nuevo disco en estudio
que finalmente acaba de llegar.