BIOGRÁFICO:
FOGHAT
Mundorock
Por Fran García
(Cortesía
de THIS
IS ROCK)
|
FOGHAT
EN LOS 70
A
comienzos de los 70, SAVOY BROWN sufrió una
conmoción interna que desembocó en la
deserción de casi todos sus miembros. El guitarrista
DAVE PEVERETT, el bajista TONY STEVENS y el batería
ROGER EARL abandonaron la formación para seguir
su propio rumbo. La adición del guitarrista
ROD PRICE fue el elemento justo y necesario para formar
una nueva banda. Así nació FOGHAT, un
grupo de rock con auténtico sabor norteamericano,
pero compuesto por músicos británicos.
El nombre fue tomado del protagonista de una tira
de comics: LUTHER FOGHAT, pero antes de entrar de
lleno en la historia de esta banda, bueno será
conocer brevemente algo sobre sus músicos fundadores.
LOS
MÚSICOS Y SUS CIRCUNSTANCIAS
LONESOME
DAVE PEVERETT era un guitarrista con claras influencias
de los pioneros del rock, como CHUCK BERRY, BILL HALEY
o LITTLE RICHARD. Su trayectoria como guitarrista
abarca bandas de poca entidad, como CROSS TIES BLUES
BAND. Precisamente en esta formación conoció
a CHRIS YOULDEN, con el que formaría SAVOY
BROWN. Allí fue donde sus capacidades vocales
se mostraron efectivas por primera vez, por lo que
su protagonismo como guitarrista y vocalista en FOGHAT
tiene su génesis en su etapa con SAVOY BROWN.
Desgraciadamente, PEVERETT falleció a la edad
de 56 años el 7 de febrero de 2000, debido
a un cáncer. Su fallecimiento fue un duro golpe
para FOGHAT, pero no significó su desaparición
como banda.
TONY STEVENS es un bajista también inglés,
cuya trayectoria se circunscribe a su militancia en
SAVOY BROWN, grupo en el que conoció a PEVERETT,
con el que posteriormente formaría FOGHAT.
Cuando PEVERETT falleció, STEVENS publicó
un álbum en solitario muy interesante, llamado
“Don’t blame me”, muy orientado
hacia el sonido de los 80 y que contó con la
colaboración de varios compañeros de
las bandas en las que estuvo tras su periplo con FOGHAT.
ROGER EARL es un batería que formó parte
de TRAMPS, MUNGO JERRY, SAVOY BROWN y FOGHAT, bandas
a las que aportó lo mejor de sí mismo
como músico, y a las que debe toda su fama
en la música rock. Durante la segunda mitad
de los 80, siguiendo la estela de la desbandada momentánea
de FOGHAT, EARL militó en NEW ENGLAND JAM BAND
y KNEETREMBLERS.
ROD PRICE era un guitarrista que militó en
bandas como SHAKEY VIC'S BIG CITY BLUES BAND, DYNAFLOW
BLUES, BLACK CAT BONES y NIGHTWATCH, pero cuya relevancia
en el mundo del rock está ligada a FOGHAT,
si bien en 2000 publicaría su primer trabajo
en solitario, “Open”, un disco en el que
rendía tributo a la música que siempre
había amado: el blues. En 2003 publicó
su segundo álbum en solitario, “West
four”, de menos interés que el anterior.
Dos años después, en 2005, PRICE fallecería
al caer por unas escaleras y producirse daños
en la cabeza irreversibles. Su técnica a la
guitarra, basada en una combinación de slide
y sonido claramente blues, marcaría el sonido
de FOGHAT y su personalidad como músico.
LOS
INICIOS (1971-1974)
Estamos
a comienzos de 1971 y DAVE PEVERETT decide desligar
su trayectoria de la de SAVOY BROWN, con la idea de
formar una nueva banda. Le acompañan en tal
empresa TONY STENVENS y ROGER EARL, además
de reclutar al guitarrista ROD PRICE. Con esta formación
atraen la atención de ALBERT GROSSMAN, que
los lleva a un estudio de grabación, donde
tenía previsto conseguir que trabajasen con
TODD RUNDGREN, que sería su productor. No obstante,
al final no fue TODD el elegido, aunque varios temas
sí que se grabaron con él y aparecen
en el primer disco de FOGHAT. El productor por el
que se decidieron, finalmente, fue nada más
y nada menos que DAVE EDMUNDS, un productor que, en
palabras de PEVERETT, “estaba más próximo
al primer ELVIS y a Sun Records”. “Me
encantaron los efectos de phasing que le metió
a las voces. Nunca dudaba en experimentar con el sonido”,
continuaba recalcando PEVERETT. El ambiente fue, como
es lógico imaginar, totalmente cordial y productivo.
Los resultados, evidentemente, fueron en consonancia
con el espíritu de trabajo de FOGHAT y EDMUNDS.
En 1972 se publica “Foghat”, primer álbum
del grupo, que alcanza el puesto 127 en las listas
de ventas de álbumes de Estados Unidos. La
versión del clásico de WILLIE DIXON,
“I just want to make love to you” fue
elegida como single, con un éxito moderado
en las estaciones de radio de la época. Todo
el disco es una amalgama de composiciones de puro
y poderoso hard rock claramente emparentado con el
sonido norteamericano. La fórmula de mezclar
versiones con temas propios les dio un resultado excelente,
ya que tuvieron mucho acierto a la hora de ejecutar
dichas versiones. Aparte de la ya citada de DIXON,
destaca el “Maybellene” de CHUCK BERRY.
Lo normal era que FOGHAT añadiesen un plus
adicional de energía en sus versiones, por
lo que éstas adquirían una nueva dimensión,
encuadrándose sin problemas en el hard rock
más incisivo y excitante de la época.
Así lo podemos comprobar, tanto en ésta
canción como en la ya citada de DIXON. El resto
de temas resultan también de alto interés,
exhibiendo una energía poderosa y contagiosa
con melodías a ritmo de boogie rock, como se
puede comprobar en “Fool’s hall of fame”
o “Trouble trouble”. No obstante, también
hay cortes en los que el puro hard rock es la base
de su sonido, como en “A hole to hide in”,
aunque siempre con ese fondo rítmico tan característico
del boogie rock cien por cien con sabor norteamericano.
Más allá de la indiscutible calidad
y valía musical de este álbum, su publicación
sirvió para que el grupo empezase a demostrar
en sus conciertos su potencial de crecimiento y su
poderosa oferta artística.
Ante el éxito de este debut, la banda se puso
manos a la obra y, de nuevo con DAVE EDMUNDS, grabaron
“What a shame”, un single que llegó
al puesto 82 de las listas norteamericanas. Era el
preludio de su siguiente disco. De hecho, este tema
aparecería en el mismo, aunque con ciertos
retoques. No obstante, EDMUNDS ya no sería
el productor, debido a discrepancias con la banda
en las sesiones de trabajo previas. FOGHAT se decantaron
finalmente por TOM DAWES, algo que afectaría
al resultado de su siguiente disco. Su nombre fue
“Foghat”, si bien en Estados Unidos se
le tituló “Rock and roll”. Se publicó
en 1973 y, gracias a la visión más comercial
de DAWES, consiguió enmascarar el evidente
déficit en cuanto a ideas y calidad comparado
con su antecesor. Las canciones profundizan en esa
mezcla de blues y rock potente que empezaba ya a ser
seña de identidad de la banda, aunque sin mostrar
nuevas formas musicales que hicieran evolucionar su
propuesta artística. En cualquier caso, este
segundo trabajo sirvió para consolidad al grupo,
convirtiéndolo en una de las bandas importantes
en los conciertos de la época. Fue el primer
disco de FOGHAT que alcanzó ventas suficientes
para ser galardonado con el disco de oro, por lo que
supuso un gran espaldarazo a su popularidad. Se puede
decir que “Foghat/Rock and roll” es un
álbum orientado al directo, con canciones que
parecen compuestas para ser ejecutadas en vivo y convertirse
en imprescindibles en el repertorio de la banda. Así
fue con algunas de ellas, como la explosiva y poderosa
“Ride, ride, ride”, que abre el disco
de forma pletórica y que de inmediato se convirtió
en protagonista de los conciertos de la banda. Se
trata de un tema sustentado, como era de esperar,
en un ritmo de boogie-rock, al que se le añade
la vitalidad y energía del ya conocido hard
rock de FOGHAT, con una aportación de las voces
muy interesante, ya que se orientan un poco hacia
los terrenos del gospel. Sin duda, el mejor tema del
disco y uno de los más interesantes de toda
la carrera de la banda. El otro gran momento de este
álbum es “Road fever”, canción
que hace referencia en su letra a la vida de una banda
de rock and roll cuando se encuentra de gira, o “en
la carretera”, como se dice en el argot rockero.
Nuevamente nos encontramos ante un tema concebido
para el directo, no ya solamente en su sonido, sino
también en su texto. Una composición
muy rockera, enérgica y directa, de las que
rápidamente crean adicción y consiguen
que el oyente se identifique con ella. En este tema
la banda incluye una sección de instrumentos
de viento, que realiza su cometido con gran solvencia
y sin resultar en absoluto excesiva. El resto del
álbum es bastante inferior a su primer trabajo,
si bien el nivel de calidad es lo suficientemente
alto como para hacer que merezca la pena su adquisición
y escucha. Para los fans de la banda fue un disco
muy importante, ya que aglutinó a una gran
cantidad de seguidores que fueron descubriendo que
su primer Lp no fue fruto de la casualidad, sino la
prueba de que había nacido un grupo poderoso
y con mucho que aportar al mundo del rock.
El buen trabajo de TOM DAWES como productor del segundo
disco de la banda animó a ésta a contar
con él como productor de su siguiente trabajo,
que llevaría el nombre de “Energized”
y se publicaría en 1974. El grupo seguiría
adelante con su sonido y su estilo, mostrándose
inamovibles y fieles al hard rock de raíces
norteamericanas y ritmo boogie, pero en este caso
llevaron sus capacidades a lo máximo que podían
aspirar por aquel entonces, además de permitirse
cierto nivel de experimentación que aportó
a este disco un plus de versatilidad de lo más
interesante. “Energized” fue el álbum
que apuntaló definitivamente el prestigio y
la trayectoria de FOGHAT, juntando un montón
de excelentes composiciones, un par de versiones magistrales
y algún que otro clásico en el repertorio
de la banda. Más o menos lo mismo que en sus
anteriores trabajos, pero mucho más inspirado,
sobre todo si lo comparamos con el segundo disco.
Este tercer trabajo fue el más exitoso, hasta
entonces, de los publicados por FOGHAT. Alcanzó
el disco de oro sin problemas, reclutando masivamente
a una nueva legión de seguidores que auparon
al grupo a los lugares más altos de éxito
y relevancia. En términos objetivos de calidad
musical, quizás no sea tan sorprendente como
el primero que publicaron, pero a cambio ofrecía
mucha más madurez y un trabajo más elaborado
a nivel instrumental y compositivo. Como venía
siendo habitual en sus anteriores discos, el primer
tema es una carta de presentación excelente
de lo que sonará después. En este caso,
ese primer tema es nada más y nada menos que
“Honey hush”, versión del clásico
del blues compuesto por ese monstruo llamado BIG JOE
TURNER. En manos de FOGHAT, este tema se convierte
en una maravilla de excelente rock poderoso y contundente,
una de esas versiones que no sólo aportan cosas
al original, sino que además reflejan perfectamente
el estilo característico de una banda. Las
guitarras de PEVERETT y PRICE campan a sus anchas,
dándole a esta canción la personalidad
rockera que tiene, y que el público ya identifica
como el aporte fundamental de FOGHAT a las versiones
que tocan. La otra versión magistral es la
que hacen del tema de BUDDY HOLLY, “That’ll
be the day”, que adquiere un dinamismo especial
de la mano de esta banda, incluyéndole una
sección de viento que cohesiona aún
más el sonido, además de unos coros
con claro acento gospel-soul, siguiendo lo ya hecho
en su anterior disco con “Ride, ride, ride”.
En lo referente a los temas propios de la banda, ahí
está la rockera y poderosa “Wild Cherry”,
apoyada en unas guitarras incisivas y afiladas, aceleradas
y a ritmo clásico de rock. Por su parte, “Home
in my hand” se convirtió en un tema indispensable
en el repertorio de la banda, aparte de ser seguramente
la mejor composición del disco. Una canción
que cautiva a cualquiera que tenga la más mínima
sensibilidad rockera, con sección de viento
incluida, un ritmo excelente, melodías adictivas
y una marcha que engancha irremisiblemente. Es de
esas canciones que uno no puede evitar acompañar
moviendo los pies, un tema perfecto para escuchar
en momentos álgidos, en los que se busca la
diversión por encima de todo. La sorpresa del
disco viene de la mano de “Step outside”,
que suena a medio camino entre el funk y el rock,
incluso en el sonido de las guitarras. Un tema interesante,
en cualquier caso.
Antes de finalizar ese mismo año, la banda
publica nuevo álbum, pero la jugada no les
salió como ellos esperaban. Su primer error
fue despedir a TOM DAWES. En palabras de PEVERETT,
“DAWES tenía realmente talento, pero
sus gustos musicales diferían de los nuestros.
Queríamos a alguien que entendiese el sentimiento
de nuestra música un poco más”.
Encontraron en NICK JAMESON a la persona supuestamente
ideal para tal empresa, un ingeniero de sonido que
ya había trabajado con ellos, remezclando algunos
temas de su primer disco. Fue el encargado de la producción
de su nuevo trabajo, además de realizar las
labores como ingeniero de sonido. El resultado fue
“Rock & Roll Outlaws”, publicado en
ese mismo año 1974, un disco muy inferior a
“Energized” y que sólo consigue
momentos interesantes cuando la banda rockea con fuerza.
JAMESON aporta su granito de arena al sonido de FOGHAT,
consiguiendo que resulte limpio y brillante sin sacrificar
nada de su energía y su contundencia, pero
no es suficiente para salvar unas canciones que navegan
entre la mediocridad y de las cuales sólo se
salvan “Eight days in the road”, un poderoso
rock que nuevamente trata sobre la vida en la carretera,
la muy rítmica “Chateau Lafitte ’59
Boogie”, que resulta toda una declaración
de intenciones al ritmo del mejor boogie-rock que
la banda sabe bordar a la perfección, “Blue
Spruce Woman”, con sus guitarras ásperas
y entrecortadas y, en menor medida, el medio tiempo
“Dreamer”, que cosechó bastante
éxito en las emisoras de radio y entre los
fans. Por lo demás, “Rock & Roll
Outlaws” fue un disco que colocó a FOGHAT
en una situación muy comprometida, desperdiciando
buena parte del interés que sobre la banda
había hecho recaer la vitalidad y frescura
de su antecesor.
LOS
AÑOS DE GLORIA (1975-1977)
La situación de FOGHAT a finales de 1974 era,
como mínimo, delicada. No habían terminado
de dar el salto como grupo de primerísimo nivel,
convirtiéndose en la eterna banda que abría
festivales en los que triunfaban las que tocaban a
continuación, sus ventas, aunque interesantes,
no alcanzaban niveles de éxito masivo, su último
disco había sido un pequeño fiasco.
Lo único que jugaba a favor de ellos era el
público. La masa de fans que acudían
a verlos en directo se había ya consolidado,
mientras que muchos otros curiosos se interesaban
por el grupo, pero no terminaban de encontrar ese
disco definitivo que hiciera que los siguieran incondicionalmente
y que comprasen sus álbumes de forma masiva.
A pesar de todo, la actividad en directo de FOGHAT
seguía siendo frenética, girando constantemente,
sobre todo por Estados Unidos, ofreciendo conciertos
de gran calidad e intensidad, demostrando que eran
una banda de directo, que encima de un escenario mejoraban
aún más los temas que aparecían
en sus discos de estudio. Normalmente, cuando un grupo
apuesta por demostrar lo que vale sobre un escenario,
el tiempo le da la recompensa que merecen. Y eso fue
lo que sucedió con FOGHAT. TONY STEVENS abandona
el grupo, siendo reemplazado por el propio NICK JAMESON,
que añadirá a sus labores como ingeniero
y productor las de músico. En poco tiempo,
JAMESON desarrolló una técnica más
que suficiente para reemplazar a STEVENS, e incluso
para aportar al grupo su propia forma de entender
un instrumento como el bajo. Su contundente estilo
al tocar se convertiría en una parte importante
en el sonido que el nuevo disco de FOGHAT iba a ofrecer.
En 1975 se publica “Fool for the city”,
el mejor álbum de estudio de la banda y el
primero en llegar a disco de platino, entrando en
el Top 40 norteamericano. Un disco poderoso, vital,
enérgico, melódico, lleno de estribillos
tremendos y de un sonido adictivo y contundente. La
banda decide apostar por demostrar en un disco de
estudio todo lo que han aprendido sobre los escenarios,
consiguiendo impactar de forma tremenda a las audiencias
y a la crítica especializada. Desde ese momento,
FOGHAT no volvieron a ser jamás una banda de
segunda línea, alcanzando por fin el merecido
privilegio de formar parte del estrellato rockero.
“Fool for the city” es un disco completísimo,
en el que podemos rockear a gusto al mismo tiempo
que sumergirnos en una sensibilidad deliciosa y frágil
con una balada como “Take it or leave it”,
en la que su dulce melodía nos subyuga al ritmo
de una guitarra acústica delicada y un sintetizador
que le aporta unos matices y una clase exquisita.
La parte más blues queda excelentemente plasmada
en “Terraplane blues”, un corte sensacional
en el que se empieza con un aire muy añejo
y clásico, con dobro incluido, hasta que entran
la batería y la guitarra de forma inesperada,
convirtiendo al tema en un sensacional blues-rock
poderoso y rabioso, que no acelerado. Una delicia
para todo buen amante de este estilo musical. Pero
si por algo se caracteriza este disco, es por su rock
directo y poderoso. El tema que da título al
disco se encarga de abrir un paseo por el mejor hard
rock de los 70. “Fool for the city” nos
ofrece riffs de fácil asimilación y
muy efectivos, un ritmo trepidante, melodías
deliciosas y un estribillo insistente que termina
de redondear un temazo en toda regla. En la parte
técnica destacan las guitarras desgarradas
y el bajo poderoso de JAMESON. El solo de guitarra,
por su parte, es de los que están concebidos
para ser recordados y adorados, no tanto por su virtuosismo,
sino más por su buen gusto y excelente coherencia
con el resto del tema. Una de las canciones fundamentales
del hard rock de los 70. “My babe” sigue
la misma tónica, al igual que “Save your
loving (for me)” y “Drive me home”,
pero el bombazo de este álbum fue, y sigue
siendo, “Slow ride”, el mayor éxito
de FOGHAT en su carrera, responsable de esa entrada
en el Top 40 norteamericano indicada anteriormente.
Un tema tremendo, despiadado y en la más pura
línea de la banda, con un sonido poderoso y
sucio, pero enormemente convincente y adictivo. A
partir de un riff compuesto por tres acordes, el grupo
desarrolla una canción cuya estructura resulta
arrebatadora por su precisión, virtuosismo
y matices. Como es lógico, se convirtió
de inmediato en el tema estrella en los conciertos
de FOGHAT. No obstante, también fue el tema
que marcó el encasillamiento de la banda y
que, en cierto modo, determinó las expectativas
de los fans. PEVERETT lo reconocía en unas
declaraciones durante una entrevista realizada poco
antes de morir: “Creo que empezamos a encasillarnos
con “Fool for the city”. Hubo mucha presión
para que publicásemos otro “Slow ride””.
Es el eterno dilema del rock para muchas bandas: llegar
a la cima de la popularidad con un tema exitoso y
pasar el resto de su trayectoria musical aguantando
la exigencia de que vuelvan a repetir dicho éxito
con otro tema similar. En cualquier caso, “Fool
for the city” supuso un cambio en la trayectoria
musical de la banda, así como en las audiencias
ante las que tocaba, ya que pasaron a actuar ante
decenas de miles de entusiastas fans. Su música
se vio afectada por ello, lógicamente. Estaban
en la cresta de la ola y querían aprovechar
su momento. El propio PEVERETT lo reconoció,
en palabras suyas: “”Slow ride”
se convirtió en un tema identificativo de la
banda y hacia allí era hacia donde se dirigía
nuestra música. El sonido del grupo se hizo
más grande. Tocábamos en grandes recintos
y eso influyó en nuestro repertorio. Queríamos
canciones que pudieran funcionar delante de grandes
audiencias”. Estaba, pues, meridianamente claro
que FOGHAT, un grupo curtido en cientos de escenarios,
optaba por sacar todo el partido a esa cualidad, acomodando
su música al nuevo status que tenían
como banda dominadora de los shows en vivo. “Fool
for the city” fue el disco que provocó
esto y que inició un corto pero intenso período
de temas espectaculares e impresionantes concebidos
para el directo.
NICK JAMESON decidió en 1976 poner punto final
momentáneamente a su corta trayectoria con
la banda y dedicarse a sus proyectos en solitario.
Fue reemplazado por CRAIG MacGREGOR, un bajista cuya
técnica agresiva y dinámica se adaptaba
a la perfección al sonido que FOGHAT estaba
persiguiendo, un sonido que continuaba basándose
en el boogie-rock, pero que buscaba una mayor agresividad,
una contundencia rítmica superior. Sobre estas
premisas se grabó “Night Shift”,
producido por DAN HARTMAN, hombre de garantías
y que aseguraba un total entendimiento con la nueva
orientación musical de la banda. Su forma de
entender el rock llevó a que el grupo sonase
más comercial a la vez que endurecía
su sonido. La música que contiene este disco
es mucho más directa aún que la de “Fool
for the city”, aunque no tiene el mismo nivel
de calidad. Se sacrifica buena parte de la inventiva
que había en las composiciones de ese disco
en beneficio de una contundencia, sobre todo guitarrística,
ciertamente forzada en muchos momentos, pero ése
era el camino deseado por la banda y no había
más que decir al respecto. Afortunadamente
estamos hablando de un grupo cuya madurez estaba más
que demostrada, además de ser excelentes músicos,
por lo que el resultado fue más que satisfactorio,
configurando un disco que engancha al oyente, que
satisface plenamente al fan de FOGHAT y que llama
la atención de cualquiera que se interese por
escucharlo. Tres temas fueron editados como singles,
obteniendo un éxito destacado: “Drivin’
wheel”, tema que abre el disco, la balada “I’ll
be standing by” y la versión del clásico
de rhythm & blues “Take me to the river”.
Tres cortes muy diferentes entre sí. “Drivin’
wheel” es el típico tema potente, desgarrado,
directo, que suele aparecer como presentación
de cada uno de los discos de la banda. Poderosas guitarras,
ritmo impecable y dinámico y un sonido absolutamente
rotundo son sus señas de identidad, más
que suficientes para dejar sin argumentos al más
escéptico. “Take me to the river”
es uno de los temas más melódicos del
grupo, si bien ahí están nuevamente
esas guitarras distorsionadas y aceradas para recordarnos
que son FOGHAT los que lo tocan. Una excelente versión,
marca de la casa, para redondear un repertorio de
covers que a esas alturas ya era de primerísimo
nivel. Por su parte, la balada “I’ll be
standing by” se encarga de cerrar el álbum
con una guitarra sublime y preciosa, unas melodías
bellísimas y una belleza que sobrecoge por
su delicadeza y por sus dulces armonías. El
solo de guitarra del final del tema es sencillamente
antológico por su técnica y por su intensidad
y belleza. Una de las baladas definitivas de los 70
y la mejor de todo el repertorio de FOGHAT. Estos
tres temas, a pesar de sus diferencias, están
marcados por un denominador común: su enfoque
ambicioso, su sonido rotundo, concebido para triunfar
sobre un escenario ante miles de fans entregados.
Desde luego consiguieron su propósito. Se convirtieron
en temas infaltables en los repertorios de la banda
en directo, siendo jaleados y disfrutados por legiones
enteras de seguidores incondicionales. El resto del
disco sigue los parámetros de “Drivin’
wheel”, abundando en riffs poderosos, guitarras
distorsionadas y melodías de fácil asimilación,
así como un sonido grande y espectacular. Todo
ello ayudó a mantener el éxito comercial
de la banda, que consiguió meter “I’ll
be standing by” en el puesto 67 de las listas
norteamericanas, mientras que el álbum consiguió
ser disco de oro. El momento era el ideal para ofrecerle
a su público lo que estaban esperando: un disco
en directo de FOGHAT.
PEVERETT estaba dándole vueltas a la idea de
publicar un disco en directo. Según él
mismo reconoce: “Pensaba que un disco en directo
podría funcionar bien. El impacto fue incluso
mayor aún. Fue lo más grande que hicimos
en nuestra carrera”. Estas palabras reflejan,
con la perspectiva de los años pasados, una
realidad incontestable: “Foghat Live”
es el álbum más exitoso en toda la historia
musical de FOGHAT. Se publicó en 1977, producido
por NICK JAMESON y recogía parte de un concierto
de la banda en ese año, correspondiente a la
gira de “Fool for the city”. El sonido
es apabullante, la selección de temas, aunque
corta, es sencillamente perfecta. Ahí están
sus éxitos “I just want to make love
to you”, que se publicó como single y
llegó al número 33 de las listas de
éxitos, la archiconocida “Slow ride”
y esa introducción bestial a cargo de “Fool
for the city”. Con semejantes argumentos, es
lógico entender que estamos ante uno de los
mejores discos en directo de la historia, demostración
clara del poderío de esta banda sobre un escenario.
“Foghat live” fue doble disco de platino
y supuso el punto de inflexión en la carrera
de FOGHAT, que a partir de este álbum comenzó
una clara línea descendente en calidad y popularidad.
LA
PERNICIOSA TENTACIÓN COMERCIAL (1978-1980)
Como sucede con tantas otras bandas, el éxito
comercial tuvo una influencia nefasta en FOGHAT. De
repente se vieron vendiendo millones de discos y tocando
ante audiencias inimaginables en sus comienzos. Se
habían convertido en auténticas estrellas
del rock, seguidos por multitud de fans que les presionaban
para que les ofreciesen lo que querían escuchar.
Lamentablemente, la masa de público suele ser
egoísta y voluble. El grupo tenía ante
sí una difícil elección: continuar
con su línea intachable de boogie-rock visceral
o decidirse por un sonido más comercial que
les permitiese satisfacer a buena parte de sus fans
y perpetuar su status comercial. Desgraciadamente
se optó por esto último, dirigiendo
su música hacia derroteros en los que normalmente
no estaban acostumbrados a moverse. Buscaron en EDDIE
KRAMER el productor que les ayudase a cumplir su propósito
y se embarcaron en un nuevo disco que se tituló
“Stone blue” y fue publicado en 1978.
Lo primero que ya comenzó a indicar que el
proyecto no terminaría de la mejor manera fue
el desencuentro entre KRAMER y el resto del grupo.
En ningún momento hubo el entendimiento y colaboración
necesarios para que el disco resultante tuviese la
coherencia esperada. El sonido de este álbum
navega por los derroteros del AOR más o menos
potente, sumiéndose en muchos momentos en la
mediocridad que tantas otras bandas de segunda fila
ofrecían en esa época dentro de dicho
estilo musical. A pesar de todo, el orgullo de FOGHAT
quedó a salvo gracias a temas como el inicial
“Stone blue”, poderoso corte que entró
en el Top 40, pero que muestra con claridad la tendencia
excesivamente comercial de la música de la
banda. Otro tema digno de la categoría del
grupo es la potente versión del “Sweet
home Chicago”, de ROBERT JOHNSON. Nuevamente
las versiones se encontraban entre lo mejor de FOGHAT,
en este caso incluso salvando un disco que de otro
modo podría haber pasado con más pena
que gloria. Lo mismo puede decirse de otra versión
no menos interesante: “It hurts me too”,
de ELMORE JAMES, en este caso una poderosa balada
blues que demuestra de dónde le viene la inspiración
a esta banda. Un trabajo sensacional de la guitarra,
con un solo memorable, redondea uno de los mejores
momentos de “Stone blue”. El resto del
disco resulta confuso, exento de una dirección
clara y segura. El grupo se diluye en intentos de
sonar asequibles al gran público, a la vez
que son incapaces de evitar que las raíces
más clásicas sigan apareciendo en su
música, aunque de forma fortuita, por lo que
el resultado carece de la credibilidad necesaria.
A pesar de todo, “Stone blue” se vendió
muy bien, alcanzó el disco de oro y siguió
satisfaciendo a los fans más acérrimos.
Lo que vendría al año siguiente aún
es peor. El grupo decidió autoproducirse su
siguiente álbum con la ayuda en la masterización
de BOB LUDWIG. La elección fue claramente continuista
respecto a su anterior trabajo, por lo que apostaron
por profundizar en la comercialización de su
sonido. El disco que publicaron en 1979, “Boogie
Motel”, es sin duda el peor de toda su discografía
en los 70. El sonido abandona la crudeza de las guitarras,
que hasta ese momento había sido buena parte
de la seña de identidad de la banda, para centrarse
en dulces melodías, sonidos excesivamente accesibles
y exentos de riesgo y creatividad, y temas carentes
de inspiración. El único corte que podría
tener cierto interés es el medio tiempo “Third
time lucky (First time I was a fool)”, aunque
siempre dentro de la tónica general de este
disco, que es la de la evidente pérdida de
identidad musical de una banda que antaño dominó
la escena hard rockera de raíces clásicas
norteamericanas. Ahora vagaba sin rumbo claro por
las arenas movedizas del AOR más insustancial
y previsible. En cualquier caso, los fans incondicionales
de FOGHAT seguían respondiendo, aupando a “Boogie
Motel” al status de disco de oro. Desgraciadamente
se trataba de un logro cada vez más difícil
de conseguir, ya que las ventas decrecían por
momentos.
Y llegamos ya al último año que nos
ocupa en este artículo: 1980. PEVERETT se había
dado cuenta de que necesitaba un cambio en el sonido
de la banda. Los mediocres resultados de sus dos anteriores
trabajos, junto con la irrupción del punk y
la new wave hicieron que el guitarrista se replantease
la dirección musical del nuevo álbum
de FOGHAT, tal y como él llegó a reconocer:
“El punk y la new wave me recordaban al rockabilly
de los primeros tiempos. Me daba cuenta de que FOGHAT
éramos parte de lo que la new wave estaba intentando
reemplazar, por lo que tenía que reaccionar
de alguna manera”. Estas palabras dejaban absolutamente
claro que lo realizado con “Tight shoes”
no fue casual, sino plenamente meditado y planificado.
PEVERETT quería sonar como las nuevas bandas
de new wave, pero intentando no perder el rumbo musical
que identificaba a FOGHAT. No lo consiguió
del todo, aunque lo cierto es que la balanza se inclinó
más hacia el lado de la new wave. El nuevo
disco de la banda sonaba actual, fresco y acorde a
las tendencias de esa moda musical. Las guitarras
seguían adoleciendo de ese sonido añejo,
pero al menos tenían una relevancia y protagonismo
mayor en este trabajo. La apuesta de PEVERETT no salió
bien del todo, pero al menos dio mucha más
credibilidad y valor a “Tight shoes” que
a sus dos anteriores trabajos. No obstante, la suerte
estaba ya echada para el grupo y jamás volverían
a ser ni la sombra de lo que fueron en sus mejores
momentos. Los mejores temas de este álbum son,
sin duda, el single “Stranger in my home town”,
que abre el disco de forma brillante, presentando
el nuevo sonido que la banda ofrece, y la fresca y
contagiosa “Baby can I change your mind”,
que por sí sola ya hace que merezca la pena
adquirir este álbum. El resto no alcanza los
niveles de estas dos canciones, pero no desmerecen
en cuanto a calidad, conformando un disco que finiquitaba
definitivamente el sonido FOGHAT más añejo
y que marcaba el punto tras el cual ya jamás
volvería la banda a recuperarse del todo. ROD
PRICE se dio cuenta de todo ello y decidió
abandonar el grupo, rompiendo así una vinculación
que había resultado trascendental para convertir
a FOGHAT en lo que fueron. Nada volvería ya
a ser igual, ni siquiera cuando regresó en
1994. Para entonces ya era demasiado tarde y la magia
se había perdido definitivamente.