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IRON
MAIDEN EN ARGENTINA
Marzo 7 de 2008
Mundorock
Por Fernando García |
Hay
bandas que tienen un consenso tal en la gente, que
la sóla mención de un concierto propio
deposita una cuota de adrenalina que sólo los
consagrados provocan. La "Maiden-manía"
desatada en esta gira actual, compuesta por verdaderos
himnos del repertorio del sexteto británico,
garantizaba una euforia sin precedentes. Agotando
entradas en todas partes del globo terráqueo,
habia unas ganas tremendas de corear esos clásicos
con los que muchos crecimos y con los que se van sumando
las nuevas y jóvenes hordas de fans (mi hermanito
Ariel, de 13 años, entre ellos, jejeje estaba
poseído !!!).
La
cita era en el rústico estadio de Ferro, y
la extraña ausencia de artistas nacionales
como teloneros, no fue menos alarmante que la presentación
de Lauren Harris haciendo las veces de entretenimiento
previo al momento esperado de la noche. Interpretó
una puñado de canciones que nunca llamaron
la atención, y como dato a favor de la chica,
hay que decir que lo mejor que hizo fue tener el buen
tino de retirarse a tiempo de las tablas, dado que
entre la impaciencia que había porque la Doncella
aparezca, y lo terriblemente irritantes que eran sus
canciones (condición aplicable también
a su escalofriante voz), no justificaba su presencia.
La naturaleza (o papá Steve) ha sido más
que generosa con ella en lo que a imagen se refiere,
pero todo lo que le dió en curvas se lo "compensó"
en la garganta...seguramente un buen test de orientación
vocacional la acercará a un empleo más
acorde a sus posibilidades.
Luego
de la tortura recién descripta, la hora anhelada
llegó. La intro con ese agradable tema de UFO
llamado "Doctor doctor" hizo saltar a la
masa, y ya cuando la intro de "Churchills Speech"
se hizo presente, el delirio se apoderó del
barrio capitalino de Caballito. Y cuando los primeros
acordes de "Aces high" tronaron, el gentío
metalero se hizo sentir de verdad. Testigo de una
ola salvaje como nunca tuve chance de presenciar,
veía y escuchaba como esta auténtica
institución del heavy metal aporreaba sin piedad
alguna a una audiencia entregada desde la primer nota
desgranada.
Palo
tras palo, no bajaba nunca la locura por estar presenciando
la ejecución de canciones insuperables tocadas,
al fin, por sus mismos creadores, y no por cualquier
banda a modo de cover. El sonido se fue asentando
conforme se iba a desarrollando el show, el cual debo
decir, fue sólo atractivo desde lo sonoro,
porque a nivel visual, me decepcionó terriblemente.
Tanto costaba traer al Eddie-momia para la parte trasera
del escenario, como la estética de "Powerslave"
indica ??? Me ofuscó un poco eso, pero bueno,
la interpretación de tantos himnos hizo olvidar
cosas como ésa. La banda estaba afilada como
la hoja de una cuchilla deseosa de sangre, destacándose
como es habitual ese auténtico monstruo como
lo es Steve Harris, un hombre que nada sabe de cesar
energías. Disfruta cada segundo como si fuera
el último, y no sólo contento con ser
el cerebro del combo, su presencia e interpretación
sigue siendo impecable. Smith, Gers y Murray son otros
tres zorros con oficio inmaculado, se reparten solos
y bases por igual y se complementan lo suficientemente
bien como para que esta aventura inédita de
las tres guitarras tenga sentido (ejemplo claro fue
"Moonchild", donde no estuvieron los teclados
de colchón de la grabación original,
y doblaron texturas y acordes, haciéndolo fantásticamente),
y Nicko McBrain es un auténtico marcapasos
tras los parches, sin ser el típico batero
violento de metal, tiene el ritmo distintivo que suma
hacer único el "toque Maiden".
Párrafo
aparte para Bruce Dickinson, propietario de una voz
como pocas en la escena desde siempre, la cual si
bien perdió en las puntadas agudas de sus años
mozos, ha ganado en una solvencia y un manejo como
sólo un auténtico titán puede
aplicar. Sin dejar de mencionar que es un frontman
insuperable, un modelo de presentador que haría
que se ruboricen de sí mismos la gran mayoría
de vocalistas del mundo entero. Tuvo tiempo de volver
a irritar al grupo de ignorantes habitual, al flamear
la bandera inglesa durante "The trooper",
pero poco importó cuando el festín siguió
su marcha de manera infernal.
Sería casi relativo señalar canciones
de forma individual, dado que honestamente, fue tal
el gran nivel y la paridad de toda la performance
que cuesta mucho destacar los momentos más
sublimes, y ahí es donde entra el juicio y
apego personal de cada ser humano por la preferencia
sobre tal canción, por lo que basándome
en esto último, debo decir que piezas como
"Wasted years" y "Rime of the ancient
mariner" me llevaron al éxtasis del disfrute.
Imposible es permanecer perplejo ante la candente
oscuridad que provoca "Fear of the dark",
uniendo a toda la muchedumbre en un sólo grito,
coreando enfáticamente las melodías
de cuerdas. Y el latigazo final de la mano de "Hallowed
be thy name", con su malévolo mensaje,
fue tan impactante como era de esperarse, soldando
los huesos con un frío invernal oriundo del
más gélido de los infiernos.
Sólamente
el tiempo dirá cuánto extenderá
Maiden su presencia en los escenarios, aunque lo que
sí está claro que su legado no tiene
fecha de vencimiento. Afortunadamente, hemos sido
testigos contemporáneos de este verdadero fenómeno
de la música contemporánea, y eso no
tiene precio. Momentos como éstos no se repiten
muchas veces, y en la cercanía o la distancia,
estaremos agradecidos a Dios...o al Diablo.