| JETHRO
TULL EN CONCIERTO
Julio 30 de 2004
Fortaleza del Sol,
Lorca
Mundorock
Por Fran García |
Pocas
veces se tiene la oportunidad de disfrutar de uno
de esos conciertos que marcan tu vida. Afortunadamente,
he tenido ese placer en varias ocasiones. La del pasado
viernes, 30 de julio fue una de ellas. JETHRO TULL,
sencillamente, dieron una lección de maestría
en la Fortaleza del Sol. Pocas bandas pueden ofrecer
tanta calidad hoy por hoy sobre un escenario.
Eran las diez de la noche cuando accedimos al recinto.
Una explanada con un inmenso escenario de una altura
equivalente a un edificio de seis plantas. Tras el
escenario, una bellísima panorámica
de Lorca de noche. Tan bella, que MARTIN BARRE y DOANE
PERRY estuvieron observándola desde el escenario
sin que mucha gente se percatase de ello, media hora
antes de comenzar el concierto. Justo delante del
escenario, la comentada explanada y al fondo, unas
lomas que se unían a los muros del castillo.
En esas lomas se habían colocado bancos de
madera para la gente. Los laterales los ocupaban la
puerta de acceso y los muros de la Fortaleza. Sobre
ellos se colocaban los dos cañones de luz para
iluminar el escenario. Bajo esos cañones, un
amplio espacio en el que estaban las barras de bebidas
y bocadillos, los servicios y el resto del público.
La configuración era tan acertada, que se podía
ver perfectamente el escenario desde cualquier punto.
La gente no dejaba de entrar, y un cuarto de hora
antes de que JETHRO comenzase su actuación,
ya se intuía un lleno total. Efectivamente,
así fue. Calculo que entre tres mil o cuatro
mil personas abarrotaban el recinto. El aforo era
limitado, lo cual permitió que todos estuviésemos
totalmente cómodos a pesar de la cantidad de
personas que allí había. Como siempre
sucede en los conciertos de esta banda, el público
era de lo más heterogéneo. Había
muchas personas de cuarenta o más años,
pero me sorprendió la cantidad de jóvenes
veinteañeros que había, y sobre todo
algunos niños que ¡se sabían los
temas de JETHRO TULL mejor que yo!. ¡Y eso que
soy un fan incondicional!. En fin.
A las once y cinco de la noche comenzó el concierto.
MARTIN BARRE, JONATHAN NOYCE, ANDY GIDDINGS y DOANE
PERRY iniciaron los acordes de la versión renovada
de “My Sunday feeling”
que la banda viene ofreciendo como inicio de sus shows
desde hace ya varios años. Desde el principio
pudimos comprobar lo que yo ya esperaba: una calidad
de sonido sencillamente perfecta. Se escuchaba con
nitidez cualquier nota de cualquier instrumento. No
había la más mínima distorsión,
el más mínimo siseo. Parecía
que estuviésemos escuchando el mismísimo
“Living with the past”,
que también comienza con ese tema. Al igual
que en ese disco, también se escuchó
inmediatamente antes el riff de flauta con la melodía
de “Aqualung”
que siempre llevan pregrabado y utilizan para indicar
el comienzo del show. En pocos segundos apareció
IAN ANDERSON, y aquello fue una explosión de
júbilo. Comenzó sus ataques precisos
y magistrales con la travesera y en pocos segundos
se metió al público en el bolsillo.
Escuché a mi alrededor muestras de asombro
y expresiones alucinadas ante la calidad del sonido.
“My Sunday feeling”
sonó a lo que es: un clásico de la música
rock para siempre. Y con el nuevo tratamiento que
el grupo le da, mucho más accesible que la
original de “This was”.
Inmediatamente después, al grito de “Maaaaryyyyyyyyy”
por parte de IAN, comenzó “Cross-eyed
Mary”, uno de los mejores temas de la
discografía de JETHRO, perteneciente a “Aqualung”.
La gente enloquecía y flipaba. La versión
de este tema fue muy fiel a la original y conservando
la fuerza hard-rockera que la caracteriza. Un punto
álgido del show, y sólo llevábamos
unos minutos. La cosa prometía. La voz de ANDERSON,
uno de los puntos débiles de la banda últimamente,
sonaba a gloria. No es que haya recuperado los registros
de su época dorada, pero desde luego sonó
mejor que nunca en los últimos 15 años,
y eso ya es más que suficiente. Sabe sacarle
todo el provecho a sus limitaciones y ha adaptado
los temas a su garganta de forma magistral. Toda una
lección de inteligencia y de maestría
musical. En lo referente a su dominio de la flauta…ahí
sí que no hay limitaciones. Sencillamente,
hace lo que quiere con ese instrumento. Pero esto
tampoco es novedoso a estas alturas.
“Cross-eyed Mary”
finaliza y mientras la gente aplaude a rabiar, ANDERSON
aprovecha para saludar al público y presentar
los temas que acaban de sonar, pero antes gasta una
de sus bromas a la audiencia. Dice “Hello”
varias veces y hace ademán de despedirse. Entonces
regresa y dice “De acuerdo, tocaremos una más”.
En seguida presenta los temas escuchados y el que
sonará a continuación: “Eurology”,
de su álbum en solitario “Rupi’s
dance”. Hace referencia a que ANDREW
GIDDINGS tocará el acordeón, un “instrumento
del infierno”, según sus propias palabras.
Efectivamente, con “Eurology”
asistimos al primer cambio de instrumento en los músicos,
que como los buenos seguidores de JETHRO TULL saben,
son multiinstrumentistas y dominan varios instrumentos
cada uno. En el caso de GIDDINGS, el acordeón
es el suyo, aparte de los teclados. “Eurology”
es un tema instrumental con un riff muy comercial
y un trabajo impecable de flauta. Éste es un
detalle que se presenta en todo el concierto: intercalar
temas instrumentales, seguramente para que la voz
de IAN descanse, pero también porque el rock
progresivo que JETHRO TULL practica, lo pide. En este
tema, el público se mostró muy participativo,
acompañando los riffs de flauta y acordeón
con las palmas.
El
siguiente tema fue “Beggar’s farm”,
otro tema de “This was” en el que ANDERSON
hizo otra de sus bromas aludiendo a MICK ABRAHAMS,
primer guitarrista de JETHRO en el 68, año
de aquel disco, e indicando que aún sigue vivo.
Evidentemente, son muchos los años que han
pasado desde aquella época, pero no solo por
ABRAHAMS, sino por todos. Afortunadamente, ANDERSON
y BARRE se mantienen en una forma envidiable. “Beggar’s
farm” se distanció bastante en ocasiones
del tema original. A ratos se le incluían arreglos
jazzísticos con el piano, a ratos otros más
rockeros con flauta y guitarra, para terminar con
una improvisación corta pero magistral de IAN
a la flauta. Estábamos a punto de asistir a
uno de los momentos más potentes del concierto.
ANDERSON alude al título de “Beggar’s
farm” para presentarnos otro tema de granjas
(“farms” en inglés): “Farm
on the freeway”, de su potente álbum
de 1987, “Crest of a knave”. Nada más
presentarlo, un murmullo de aprobación se escuchó
en el recinto. Los allí presente sabíamos
que el duelo entre la guitarra de BARRE y la flauta
de ANDERSON en ese tema es una maravilla, y esperábamos
ansiosos a ver cómo lo ejecutaban. Nuestra
espera fue corta y, como suponíamos, fructífera:
ANDERSON se juntó a su inseparable guitarrista,
lo miró fíjamente y a mitad del tema
comenzó la parte instrumental de guitarra y
flauta. Fue uno de los momentos más geniales
de la noche. Ahí pudimos ver algo que se notaría
en todo el concierto: la conjunción entre los
músicos. No eran necesarios los gestos, las
indicaciones, ni nada por el estilo. Los cambios eran
milimétricos, con una precisión absoluta
y una compenetración casi inhumana. Y eso que
el factor de improvisación seguía muy
presente en todo el concierto. No importa, estos cinco
maestros de la música se las saben todas y
entran al unísono en todos los cambios.
“Farm on the freeway”
nos deja a todos más que satisfechos y es el
momento para relajarnos con un tema instrumental de
gran belleza. IAN lo presenta con otra broma socarrona.
Viene a decir algo así como “Y ahora,
para todos los amantes de la música clásica...que
se tapen los oídos” porque lo que estaba
presentando es la versión que JETHRO TULL hace
del tema clásico “Pavane”
en su último disco, “The
Jethro Tull Christmas Album”. También
hace alusión a los toques de flamenco con los
que MARTIN BARRE resuelve la parte de guitarra de
este tema. Efectivamente, BARRE coge la acústica
y nos deleita con unos toques cercanos al flamenco,
pero mezclados con su estilo habitual. No vamos a
descubrir ahora a este magnífico guitarrista,
cuya técnica está repleta de clase y
buen gusto. Sabe ofrecer su maestría cuando
la ocasión lo requiere, pero no gusta de lucirse
en exceso. Prefiere dejar pinceladas del gran guitarrista
que es, a convertirse en un competidor de ANDERSON.
Quizás por eso haya aguantado en la banda desde
1969. “Pavane”
suena con una belleza arrebatadora. Supongo que los
amantes de la música clásica, efectivamente,
se taparían los oídos esa noche, porque
no se trata de una versión demasiado fiel al
original, pero si así lo hicieron, ellos se
lo perdieron, porque no se encontraban en una sala
de conciertos y lo que había ante ellos no
era una orquesta, sino uno de los mejores grupos de
rock de toda la historia, rindiendo tributo a una
de sus influencias: la música clásica.
“Pavane”
suena tan redonda que casi pareciera un tema escrito
por ANDERSON. Su ejecución es sabiamente realizada
desde el prisma de la banda.
En el siguiente tema, ANDERSON mató dos pájaros
de un tiro. Ofreció un corte de 1978, de “Heavy
horses”, y al mismo tiempo contentó
a los que querían escuchar temas de su último
álbum con la banda. Presentó “Weathercock”.
Evidentemente, la versión que hicieron es la
de “The Jethro Tull Christmas
Album”, pero no hay que olvidar que el
tema es original de “Heavy
horses”. Y aquí llegó el
siguiente cambio instrumental, en este caso a cargo
de MARTIN BARRE, que nos demostró su técnica
con el mandolín. Un mandolín precioso,
dicho sea de paso, y que tocó como los ángeles.
Y lo tocó hasta la segunda parte instrumental
del tema, en la que lo cambió por la guitarra
eléctrica y realizó un solo en la más
pura línea JETHRO. Inconfundible. Ahí
estaban, fusionadas, otras dos influencias clarísimas
en la música de la banda: el folk de raíces
celtas y el hard rock. A ratos mística, a ratos
enérgica, “Weathercock”
sublimó su abrupta belleza y la desplegó
por el aire de la noche de Lorca.
Y
si entrañable fue escuchar “Weathercock”,
lo que nos esperaba era aún mejor. Nada menos
que un medley de tres canciones que le daban título
a tres álbumes de los 70 que se encuentran
entre lo mejor jamás escrito por ANDERSON.
“Songs from the wood”, “Too old
to tock and roll: too young to die” y “Heavy
horses”. Aquí volvió el humor
del cascarrabias ANDERSON, que presentó los
tres temas como pertenecientes al medley que nos iba
a obsequiar, y cuando llegó a “Heavy
horses”, seguramente harto ya de repetir “Vamos
a tocar tal tema de tal álbum” y que
coincidiesen tema y álbum, dijo “Y finalmente,
del álbum “Heavy horses”, tocaremos
“Stairway to heaven”...” La gente
agradeció esa muestra de humor y se dispuso
a deleitarse con lo que se le venía encima,
y es que la cosa no era para menos: tres temas emblemáticos
de la época dorada de JETHRO en los 70, unidos
entre sí. Los que ya conocemos a esta banda
desde antaño sabemos que una de sus especialidades
es mezclar temas en un medley, algo lógico,
teniendo en cuenta el extenso repertorio musical que
han de ejecutar en escena para contentar a sus fans.
No es fácil elegir entre tantos discos y canciones.
El comienzo del medley, con “Songs from the
wood”, obvió el inicio real de la canción,
con esa introducción vocal y los coros apoyando,
para comenzar directamente con los instrumentos musicales,
eso sí, previa entrada vocal de IAN. El grupo
se mostró increíblemente conjuntado.
Este tema tiene una cantidad de cambios enorme y los
músicos los ejecutaron con una maestría
soberbia. Pronto introdujeron los acordes archiconocidos
de “Too old to rock and roll: too young to die”,
tema de 1976 que perdurará por siempre en la
memoria del mejor rock a lo largo de la historia.
Su ejecución fue bellísima y consistió
en una vuelta completa de la primera parte del tema
original. Justo cuando tendría que comenzar
la segunda vuelta, sonaron los acordes del principio
de “Heavy horses”, con IAN a la acústica
y acompañado por los teclados de ANDY a modo
de sección de violines. Cuando se completa
la primera parte del tema, nos encontramos con un
cambio, ya que vuelven a ejecutarla, pero sustituyendo
la voz por el sonido de la flauta, para en seguida
conectar de nuevo con la parte central del tema, que
nuevamente, en su segunda ejecución, realizan
con la flauta tocando la parte que debería
hacer la voz. Y así enganchan con la parte
final de “Songs from the wood”, que con
ese final tan trepidante nos deja a todos impresionados.
Sin lugar a dudas, un apasionante medley.
Llega el momento de uno de los temas más clásicos
en el repertorio de JETHRO TULL (¡son tantos!),
nada más y nada menos que “Bourée”,
del álbum “Stand
up”, de 1969, uno de sus mejores discos
y de los que más han influido a generaciones
de músicos posteriores, tal y como declararon
en su momento monstruos del calibre de EDDIE VEDDER
o DAVE WYNDORF. Poco se puede decir de este tema instrumental
que no se haya comentado ya a lo largo de los años.
Para los no iniciados, recordar que es una versión
de una composición de BACH, pero lógicamente,
desde un prisma a medio camino entre el blues y el
jazz, quizás más próximo a este
último estilo. El solo de bajo a cargo de JONATHAN
NOYCE fue excelente, muy fiel al original que en su
día hiciera GLENN CORNICK. Por lo demás,
el tema discurrió con toda la belleza y maestría
que siempre ha tenido en directo, incluida la extravagancia
de ANDERSON con su flauta al final del mismo, mostrando
su dominio de la respiración y de la técnica
de ese instrumento.
DOANNE PERRY se baja de su batería y se coloca
justo frente al público, ante unos bongos.
MARTIN BARRE coge una flauta, ANDY agarra otra flauta
más pequeña e IAN presenta “Mother
goose”. Con él a la acústica
y JONATHAN NOYCE al bajo completan la formación.
Comienza a sonar este tema, en la onda más
folk de JETHRO TULL, pero todos sabemos que hay truco:
en el disco “Aqualung”,
del que procede esta canción, a la mitad de
la misma entran con fuerza el bajo y la guitarra eléctrica.
Suponemos que en el concierto sucederá lo mismo,
pero no tenemos la certeza, porque en otras ocasiones
el grupo la ha ejecutado de forma totalmente acústica,
centrándose en su faceta más folk. No
podíamos imaginar lo que iba a suceder. Ni
en nuestros más remotos pensamientos podíamos
imaginar que efectivamente, iban a tocar la parte
más rockera del tema, con la guitarra de BARRE
distorsionada, pero que al mismo tiempo la modificarían,
cogiendo ANDY el acordeón, IAN la flauta y
desarrollando una parte totalmente nueva, preparada
para esta gira, cambiando magistralmente el tema,
hasta darle otra dimensión. Fue como si por
unos momentos nos trasladásemos a mediados
de los 70, cuando la banda se encontraba en todo su
esplendor. Hubo momentos para el lucimiento de NOYCE
al bajo, de PERRY a los bongos (sensacional el pique
que tuvieron ya avanzado el tema, aunque un poco corto)
y para retomar la línea normal de esta canción
y finalizarla entre aplausos de un público
rendido a semejante demostración de sabiduría
musical.
Es el momento ahora para dejar paso a la banda. IAN
ANDERSON se toma un respiro al presentar el próximo
tema: “Morris minus”,
composición de MARTIN BARRE que pertenece a
su disco en solitario “A
trick of memory”, de 1994. Se trata de
un tema instrumental en el que, apoyado por un sonido
muy “Hammond” a cargo de ANDY, la guitarra
de MARTIN campa por sus respetos, adquiriendo el papel
protagonista que la música de JETHRO TULL le
niega con tanta frecuencia. Esta pieza resulta muy
rockera y dinámica, con numerosos cambios,
algo a lo que ya nos tiene acostumbrados esta banda
a lo largo de los años. El trabajo de BARRE
es impecable, con una forma de tocar la guitarra elegante
y poderosa, demostrando que es uno de los mejores
guitarristas del rock y que su estilo, admirado por
tantos colegas de profesión, resulta del todo
imperecedero. No hay que olvidar que el solo de guitarra
de “Aqualung”,
ejecutado por él, fue considerado no hace mucho
como uno de los mejores solos de guitarra de toda
la historia del rock, en una votación llevada
a cabo por reputados guitarristas de muy diversos
estilos. Concretamente creo recordar que se encontraba
en el puesto 25 de los 100 solos que se votaron. De
la mano de MARTIN BARRE y su guitarra, “Morris
minus” llega a su fin y nos obsequia
con una enérgica dosis de buenos punteos guitarreros.
Desde el backstage, IAN ANDERSON debió de pensar
que su colega le estaba provocando, quizás
insinuándole que le apetecía un poco
de rock potente para deleitarse con su instrumento,
así que dicho y hecho: las notas de “A
new day yesterday”, tema poderoso y vibrante
de “Stand up”,
comenzaron a sonar sin presentación alguna.
Ni falta que hacía. Todo el mundo la reconoció
en seguida. ANDERSON tocaba la harmónica en
esta ocasión, mientras la banda ejecutaba los
riffs del tema con precisión total. Hace ya
tiempo que JETHRO TULL desarrolla esta canción
de forma distinta a como era en su momento la original
del 69. Le ralentizan el ritmo, haciendo especial
énfasis en los cambios, para dotarla de un
toque más blues, pero a la vez más enérgico,
con acusados contrastes entre las partes más
lentas o “íntimas”, si se quiere,
y las partes más rockeras. En un momento dado,
el tema se acelera, cambiando totalmente su ejecución,
llegando a una parte que no salía en el original,
pero que llevan tocando desde hace por lo menos una
década. Vuelve a ralentizarse, el teclado marca
el riff, ANDERSON coge su travesera y comienza a introducir
el solo de flauta de “Kelpie”,
que suena a gloria, con ese sonido celta que contrasta
con el blues-rock de “A
new day yesterday”. Tras el solo de flauta,
se retoma el riff de la canción y, de forma
poderosa, con la guitarra distorsionada como base,
el tema llega a su fin.
El
siguiente tema es “God rest ye merry gentleman”,
una composición tradicional que aparece en
el último disco de JETHRO, “The Jethro
Tull Christmas Album”. El tratamiento dado a
esta pieza es muy jazzístico, hasta el punto
de que durante el tiempo que dura su ejecución
nos trasladamos con la mente a un club de jazz con
la luz a baja intensidad y unas buenas pintas de cerveza
sobre la mesa. Desde luego el desarrollo del tema
es muy diferente, por ejemplo, al que aparece en el
genial “Live/Bursting Out”, disco en directo
de 1978. El ritmo ahora es más dinámico,
e incluso hay una variación, bien avanzada
la pieza, en la que el teclado y la guitarra eléctrica
introducen un cambio que le da más energía,
para inmediatamente retomar la melodía clásica
de esta maravillosa composición, llegando al
final y descubriendo entonces los allí presentes
que sin pausa intermedia comienza la épica
“Budapest”, del álbum “Crest
of a knave”. Se trata de un tema largo (más
de once minutos) que comienza con una textura de sintetizador
con notas muy graves, una introducción de piano
e inmediatamente la voz de ANDERSON a los acordes
de su guitarra acústica, ejecutando la canción
en un estilo muy similar a los DIRE STRAITS más
virgueros. Pero evidentemente, pronto volvemos a la
realidad y nos topamos con el clásico estilo
JETHRO de siempre. Esa similitud entre el sonido de
los TULL y el de los STRAITS fue algo circunstancial
que se produjo en 1987, al tener que bajar varios
tonos la voz de ANDERSON por sus problemas de garganta.
Muchos pensaron que JETHRO TULL copiaba al grupo de
MARK KNOPFLER, algo absurdo, como se demostraría
con el tiempo. Continuando con “Budapest”,
llegamos a la parte instrumental y central del tema,
en la que la guitarra eléctrica de BARRE cobra
un protagonismo destacadísimo, con unos punteos
cristalinos y de gran clase, al tiempo que la flauta
la secunda con unos toques deliciosos y muy armoniosos.
Regresa la transición vocal y los acordes de
guitarra acústica, pero en esta ocasión
ya es para ir introduciendo la parte más potente
del tema, con la guitarra eléctrica ya distorsionada
y el ritmo aumentando en intensidad, al son del conocido
estribillo “Hot night in Budapest”. Fue
estremecedor observar cómo un tema va cobrando
magia y fuerza casi sin darnos cuenta. De repente
se vuelve a parar, para retomar el piano el riff clásico
y proceder a la parte final, donde nuevamente se repite
el estribillo y la guitarra eléctrica va haciendo
punteos de gran calidad previos a una exhibición
de ANDERSON y su flauta absolutamente grandiosa, así
hasta la finalización de esta genial canción,
que dejó un aura de maestría en el aire
como pocas veces he sentido en un concierto de rock.
Sin presentaciones previas, comienza “Holly
Herald”, otro tema de “The
Jethro Tull Christmas Album”, que es
un medley entre la pieza tradicional “The
holly and the ivy” y la composición
clásica de MENDELSSOHN, “Hark!
The Herald Angels sing”, magistralmente
arreglado por IAN ANDERSON. El tema se basa en una
jiga muy pegadiza a cargo de la flauta, en el más
puro estilo folk de JETHRO TULL, trasladándonos
a los tiempos de “Songs
from the wood” o “Heavy
horses”, lo cual es decir mucho, aunque
no tanto como el tema que va unido a éste:
nada más y nada menos que “Locomotive
breath”, uno de los mejores temas de
“Aqualung”,
álbum de 1971. El clásico inicio de
piano deja claro lo que estamos a punto de escuchar.
Pero antes de introducir la parte rockera del tema,
ANDY GIDDINGS detiene su ejecución al piano,
se vuelve hacia el público y espera a que éste
reaccione para dar la entrada. En breves segundos
todo el mundo responde con entusiasmo y “Locomotive
breath” comienza su recorrido por los
aires de Lorca. La guitarra de BARRE cortando la atmósfera
con sus riffs distorsionados y penetrantes, el bajo
de NOYCE bombardeando con golpes potentísimos
y repetitivos y esa parte de flauta sencillamente
inigualable que hace décadas que pasó
a la historia del rock. El mejor final para un concierto
memorable y exquisito a la vez.
IAN ANDERSON presenta a la banda y se despide...momentáneamente.
Nadie se mueve allí, porque todos sabemos que
esto no ha terminado. Al grito de “eeeeeoooooo”
por parte de un público entregado, la banda
no se hace esperar y en seguida hace su aparición
de nuevo sobre el escenario. Faltaban aún unos
cuantos clásicos que ejecutar, como por ejemplo
“Living in the past”,
que fue el primer tema del bis. Lo hicieron mezclando
la nueva orientación musical que en los 80
le dieron a esta canción, con el clásico
sonido de finales de los sesenta que tenía
la original. El resultado, como siempre, fue extraordinario.
Se trata de un tema ya clásico, imperecedero,
por el que el tiempo no pasa, pero siempre es bonito
comprobar que la actualización de su sonido
suena igualmente a clásico inmortal. Destacable
es la parte de guitarra de MARTIN BARRE, que sirve
precisamente para introducir un cambio en el ritmo
de la canción y acelerarla. Así, y de
forma instrumental, va evolucionando, creciendo en
intensidad y enardeciendo al público, que para
entonces ya ha perdido la cuenta de la cantidad de
obras maestras de la música que lleva escuchadas
esa noche.
Y llega el momento cumbre, el momento en el que comienza
a sonar “Aqualung”,
pero lo hace de forma diferente. No se trata de la
conocida ejecución tradicional del tema, sino
que, en un alarde de inteligencia, JETHRO TULL altera
totalmente la estructura de su canción más
conocida. Comienza con una variación a cargo
de batería, teclados y flauta, en la que juegan
con los acordes del tema, pero sin llegar a descubrirlos
del todo. Esto desemboca nada menos que ¡en
el solo de guitarra!. Pocos grupos son capaces de
comenzar una canción por su solo de guitarra.
Un solo, dicho sea de paso, sencillamente apoteósico.
MARTIN BARRE se lo debe de saber hasta durmiendo,
pero eso no impide que cada vez que lo escuchemos
quedemos aturdidos y asombrados por la magia que encierra.
Tras el solo, la voz de ANDERSON sonando a través
de un filtro, como en “off”, al compás
de su guitarra acústica. Entra el piano y la
voz suena esta vez ya sin filtro, desplegando la melodía
más bonita de este tema, para desembocar en
el riff archiconocido de guitarra, que sirve para
finalizarla, pero justo cuando el final se intuye,
se produce un cambio y comienza la jiga de “Protect
and survive”, del álbum “A”,
de 1980. Es una parte instrumental que ANDERSON aprovecha
para lanzar dos enormes globos al público,
que flotando se desplazan sobre nuestras cabezas para
dar paso a las notas de “Cheerio”,
el tema que despide el álbum “Broadsword
and the beast”, y que la banda utiliza
desde hace ya bastantes años para despedir
también sus shows. Todo el grupo saluda desde
el escenario mientras la parte pregrabada de “Cheerio”
suena en el aire. Una entrañable despedida.
El concierto ha finalizado.
Los comentarios de la gente tras el concierto eran
de asombro y satisfacción. Había personas
entre el público que nunca habían visto
a la banda en directo, e incluso había gente
que acudía al concierto con una mezcla de escepticismo
e incredulidad por lo que le habían contado.
Esa noche salieron de dudas y pudieron comprobar en
vivo y en directo que hoy por hoy, JETHRO TULL es
uno de los grupos que mejor repertorio tiene en directo,
que mejor sonido consigue y que mejor aprovecha los
recursos musicales que tienen, que he de decir son
enormes. Dudo mucho que ésta sea la última
vez que los haya visto en directo. Si siguen manteniéndose
en esta forma, seguro que regresarán y yo espero
estar ahí para disfrutarlo. Y si de verdad
amáis la música atemporal y queréis
deleitaros con una de las pocas leyendas del rock
que siguen en activo, tenéis una cita con JETHRO
TULL en sus próximas visitas a España.