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JETHRO TULL EN CONCIERTO
Julio 30 de 2004
Fortaleza del Sol
, Lorca
Mundorock
Por Fran García

Pocas veces se tiene la oportunidad de disfrutar de uno de esos conciertos que marcan tu vida. Afortunadamente, he tenido ese placer en varias ocasiones. La del pasado viernes, 30 de julio fue una de ellas. JETHRO TULL, sencillamente, dieron una lección de maestría en la Fortaleza del Sol. Pocas bandas pueden ofrecer tanta calidad hoy por hoy sobre un escenario.

Eran las diez de la noche cuando accedimos al recinto. Una explanada con un inmenso escenario de una altura equivalente a un edificio de seis plantas. Tras el escenario, una bellísima panorámica de Lorca de noche. Tan bella, que MARTIN BARRE y DOANE PERRY estuvieron observándola desde el escenario sin que mucha gente se percatase de ello, media hora antes de comenzar el concierto. Justo delante del escenario, la comentada explanada y al fondo, unas lomas que se unían a los muros del castillo. En esas lomas se habían colocado bancos de madera para la gente. Los laterales los ocupaban la puerta de acceso y los muros de la Fortaleza. Sobre ellos se colocaban los dos cañones de luz para iluminar el escenario. Bajo esos cañones, un amplio espacio en el que estaban las barras de bebidas y bocadillos, los servicios y el resto del público. La configuración era tan acertada, que se podía ver perfectamente el escenario desde cualquier punto.

La gente no dejaba de entrar, y un cuarto de hora antes de que JETHRO comenzase su actuación, ya se intuía un lleno total. Efectivamente, así fue. Calculo que entre tres mil o cuatro mil personas abarrotaban el recinto. El aforo era limitado, lo cual permitió que todos estuviésemos totalmente cómodos a pesar de la cantidad de personas que allí había. Como siempre sucede en los conciertos de esta banda, el público era de lo más heterogéneo. Había muchas personas de cuarenta o más años, pero me sorprendió la cantidad de jóvenes veinteañeros que había, y sobre todo algunos niños que ¡se sabían los temas de JETHRO TULL mejor que yo!. ¡Y eso que soy un fan incondicional!. En fin.

A las once y cinco de la noche comenzó el concierto. MARTIN BARRE, JONATHAN NOYCE, ANDY GIDDINGS y DOANE PERRY iniciaron los acordes de la versión renovada de “My Sunday feeling” que la banda viene ofreciendo como inicio de sus shows desde hace ya varios años. Desde el principio pudimos comprobar lo que yo ya esperaba: una calidad de sonido sencillamente perfecta. Se escuchaba con nitidez cualquier nota de cualquier instrumento. No había la más mínima distorsión, el más mínimo siseo. Parecía que estuviésemos escuchando el mismísimo “Living with the past”, que también comienza con ese tema. Al igual que en ese disco, también se escuchó inmediatamente antes el riff de flauta con la melodía de “Aqualung” que siempre llevan pregrabado y utilizan para indicar el comienzo del show. En pocos segundos apareció IAN ANDERSON, y aquello fue una explosión de júbilo. Comenzó sus ataques precisos y magistrales con la travesera y en pocos segundos se metió al público en el bolsillo. Escuché a mi alrededor muestras de asombro y expresiones alucinadas ante la calidad del sonido. “My Sunday feeling” sonó a lo que es: un clásico de la música rock para siempre. Y con el nuevo tratamiento que el grupo le da, mucho más accesible que la original de “This was”. Inmediatamente después, al grito de “Maaaaryyyyyyyyy” por parte de IAN, comenzó “Cross-eyed Mary”, uno de los mejores temas de la discografía de JETHRO, perteneciente a “Aqualung”. La gente enloquecía y flipaba. La versión de este tema fue muy fiel a la original y conservando la fuerza hard-rockera que la caracteriza. Un punto álgido del show, y sólo llevábamos unos minutos. La cosa prometía. La voz de ANDERSON, uno de los puntos débiles de la banda últimamente, sonaba a gloria. No es que haya recuperado los registros de su época dorada, pero desde luego sonó mejor que nunca en los últimos 15 años, y eso ya es más que suficiente. Sabe sacarle todo el provecho a sus limitaciones y ha adaptado los temas a su garganta de forma magistral. Toda una lección de inteligencia y de maestría musical. En lo referente a su dominio de la flauta…ahí sí que no hay limitaciones. Sencillamente, hace lo que quiere con ese instrumento. Pero esto tampoco es novedoso a estas alturas.

“Cross-eyed Mary” finaliza y mientras la gente aplaude a rabiar, ANDERSON aprovecha para saludar al público y presentar los temas que acaban de sonar, pero antes gasta una de sus bromas a la audiencia. Dice “Hello” varias veces y hace ademán de despedirse. Entonces regresa y dice “De acuerdo, tocaremos una más”. En seguida presenta los temas escuchados y el que sonará a continuación: “Eurology”, de su álbum en solitario “Rupi’s dance”. Hace referencia a que ANDREW GIDDINGS tocará el acordeón, un “instrumento del infierno”, según sus propias palabras. Efectivamente, con “Eurology” asistimos al primer cambio de instrumento en los músicos, que como los buenos seguidores de JETHRO TULL saben, son multiinstrumentistas y dominan varios instrumentos cada uno. En el caso de GIDDINGS, el acordeón es el suyo, aparte de los teclados. “Eurology” es un tema instrumental con un riff muy comercial y un trabajo impecable de flauta. Éste es un detalle que se presenta en todo el concierto: intercalar temas instrumentales, seguramente para que la voz de IAN descanse, pero también porque el rock progresivo que JETHRO TULL practica, lo pide. En este tema, el público se mostró muy participativo, acompañando los riffs de flauta y acordeón con las palmas.

El siguiente tema fue “Beggar’s farm”, otro tema de “This was” en el que ANDERSON hizo otra de sus bromas aludiendo a MICK ABRAHAMS, primer guitarrista de JETHRO en el 68, año de aquel disco, e indicando que aún sigue vivo. Evidentemente, son muchos los años que han pasado desde aquella época, pero no solo por ABRAHAMS, sino por todos. Afortunadamente, ANDERSON y BARRE se mantienen en una forma envidiable. “Beggar’s farm” se distanció bastante en ocasiones del tema original. A ratos se le incluían arreglos jazzísticos con el piano, a ratos otros más rockeros con flauta y guitarra, para terminar con una improvisación corta pero magistral de IAN a la flauta. Estábamos a punto de asistir a uno de los momentos más potentes del concierto. ANDERSON alude al título de “Beggar’s farm” para presentarnos otro tema de granjas (“farms” en inglés): “Farm on the freeway”, de su potente álbum de 1987, “Crest of a knave”. Nada más presentarlo, un murmullo de aprobación se escuchó en el recinto. Los allí presente sabíamos que el duelo entre la guitarra de BARRE y la flauta de ANDERSON en ese tema es una maravilla, y esperábamos ansiosos a ver cómo lo ejecutaban. Nuestra espera fue corta y, como suponíamos, fructífera: ANDERSON se juntó a su inseparable guitarrista, lo miró fíjamente y a mitad del tema comenzó la parte instrumental de guitarra y flauta. Fue uno de los momentos más geniales de la noche. Ahí pudimos ver algo que se notaría en todo el concierto: la conjunción entre los músicos. No eran necesarios los gestos, las indicaciones, ni nada por el estilo. Los cambios eran milimétricos, con una precisión absoluta y una compenetración casi inhumana. Y eso que el factor de improvisación seguía muy presente en todo el concierto. No importa, estos cinco maestros de la música se las saben todas y entran al unísono en todos los cambios.

“Farm on the freeway” nos deja a todos más que satisfechos y es el momento para relajarnos con un tema instrumental de gran belleza. IAN lo presenta con otra broma socarrona. Viene a decir algo así como “Y ahora, para todos los amantes de la música clásica...que se tapen los oídos” porque lo que estaba presentando es la versión que JETHRO TULL hace del tema clásico “Pavane” en su último disco, “The Jethro Tull Christmas Album”. También hace alusión a los toques de flamenco con los que MARTIN BARRE resuelve la parte de guitarra de este tema. Efectivamente, BARRE coge la acústica y nos deleita con unos toques cercanos al flamenco, pero mezclados con su estilo habitual. No vamos a descubrir ahora a este magnífico guitarrista, cuya técnica está repleta de clase y buen gusto. Sabe ofrecer su maestría cuando la ocasión lo requiere, pero no gusta de lucirse en exceso. Prefiere dejar pinceladas del gran guitarrista que es, a convertirse en un competidor de ANDERSON. Quizás por eso haya aguantado en la banda desde 1969. “Pavane” suena con una belleza arrebatadora. Supongo que los amantes de la música clásica, efectivamente, se taparían los oídos esa noche, porque no se trata de una versión demasiado fiel al original, pero si así lo hicieron, ellos se lo perdieron, porque no se encontraban en una sala de conciertos y lo que había ante ellos no era una orquesta, sino uno de los mejores grupos de rock de toda la historia, rindiendo tributo a una de sus influencias: la música clásica. “Pavane” suena tan redonda que casi pareciera un tema escrito por ANDERSON. Su ejecución es sabiamente realizada desde el prisma de la banda.

En el siguiente tema, ANDERSON mató dos pájaros de un tiro. Ofreció un corte de 1978, de “Heavy horses”, y al mismo tiempo contentó a los que querían escuchar temas de su último álbum con la banda. Presentó “Weathercock”. Evidentemente, la versión que hicieron es la de “The Jethro Tull Christmas Album”, pero no hay que olvidar que el tema es original de “Heavy horses”. Y aquí llegó el siguiente cambio instrumental, en este caso a cargo de MARTIN BARRE, que nos demostró su técnica con el mandolín. Un mandolín precioso, dicho sea de paso, y que tocó como los ángeles. Y lo tocó hasta la segunda parte instrumental del tema, en la que lo cambió por la guitarra eléctrica y realizó un solo en la más pura línea JETHRO. Inconfundible. Ahí estaban, fusionadas, otras dos influencias clarísimas en la música de la banda: el folk de raíces celtas y el hard rock. A ratos mística, a ratos enérgica, “Weathercock” sublimó su abrupta belleza y la desplegó por el aire de la noche de Lorca.

Y si entrañable fue escuchar “Weathercock”, lo que nos esperaba era aún mejor. Nada menos que un medley de tres canciones que le daban título a tres álbumes de los 70 que se encuentran entre lo mejor jamás escrito por ANDERSON. “Songs from the wood”, “Too old to tock and roll: too young to die” y “Heavy horses”. Aquí volvió el humor del cascarrabias ANDERSON, que presentó los tres temas como pertenecientes al medley que nos iba a obsequiar, y cuando llegó a “Heavy horses”, seguramente harto ya de repetir “Vamos a tocar tal tema de tal álbum” y que coincidiesen tema y álbum, dijo “Y finalmente, del álbum “Heavy horses”, tocaremos “Stairway to heaven”...” La gente agradeció esa muestra de humor y se dispuso a deleitarse con lo que se le venía encima, y es que la cosa no era para menos: tres temas emblemáticos de la época dorada de JETHRO en los 70, unidos entre sí. Los que ya conocemos a esta banda desde antaño sabemos que una de sus especialidades es mezclar temas en un medley, algo lógico, teniendo en cuenta el extenso repertorio musical que han de ejecutar en escena para contentar a sus fans. No es fácil elegir entre tantos discos y canciones. El comienzo del medley, con “Songs from the wood”, obvió el inicio real de la canción, con esa introducción vocal y los coros apoyando, para comenzar directamente con los instrumentos musicales, eso sí, previa entrada vocal de IAN. El grupo se mostró increíblemente conjuntado. Este tema tiene una cantidad de cambios enorme y los músicos los ejecutaron con una maestría soberbia. Pronto introdujeron los acordes archiconocidos de “Too old to rock and roll: too young to die”, tema de 1976 que perdurará por siempre en la memoria del mejor rock a lo largo de la historia. Su ejecución fue bellísima y consistió en una vuelta completa de la primera parte del tema original. Justo cuando tendría que comenzar la segunda vuelta, sonaron los acordes del principio de “Heavy horses”, con IAN a la acústica y acompañado por los teclados de ANDY a modo de sección de violines. Cuando se completa la primera parte del tema, nos encontramos con un cambio, ya que vuelven a ejecutarla, pero sustituyendo la voz por el sonido de la flauta, para en seguida conectar de nuevo con la parte central del tema, que nuevamente, en su segunda ejecución, realizan con la flauta tocando la parte que debería hacer la voz. Y así enganchan con la parte final de “Songs from the wood”, que con ese final tan trepidante nos deja a todos impresionados. Sin lugar a dudas, un apasionante medley.

Llega el momento de uno de los temas más clásicos en el repertorio de JETHRO TULL (¡son tantos!), nada más y nada menos que “Bourée”, del álbum “Stand up”, de 1969, uno de sus mejores discos y de los que más han influido a generaciones de músicos posteriores, tal y como declararon en su momento monstruos del calibre de EDDIE VEDDER o DAVE WYNDORF. Poco se puede decir de este tema instrumental que no se haya comentado ya a lo largo de los años. Para los no iniciados, recordar que es una versión de una composición de BACH, pero lógicamente, desde un prisma a medio camino entre el blues y el jazz, quizás más próximo a este último estilo. El solo de bajo a cargo de JONATHAN NOYCE fue excelente, muy fiel al original que en su día hiciera GLENN CORNICK. Por lo demás, el tema discurrió con toda la belleza y maestría que siempre ha tenido en directo, incluida la extravagancia de ANDERSON con su flauta al final del mismo, mostrando su dominio de la respiración y de la técnica de ese instrumento.

DOANNE PERRY se baja de su batería y se coloca justo frente al público, ante unos bongos. MARTIN BARRE coge una flauta, ANDY agarra otra flauta más pequeña e IAN presenta “Mother goose”. Con él a la acústica y JONATHAN NOYCE al bajo completan la formación. Comienza a sonar este tema, en la onda más folk de JETHRO TULL, pero todos sabemos que hay truco: en el disco “Aqualung”, del que procede esta canción, a la mitad de la misma entran con fuerza el bajo y la guitarra eléctrica. Suponemos que en el concierto sucederá lo mismo, pero no tenemos la certeza, porque en otras ocasiones el grupo la ha ejecutado de forma totalmente acústica, centrándose en su faceta más folk. No podíamos imaginar lo que iba a suceder. Ni en nuestros más remotos pensamientos podíamos imaginar que efectivamente, iban a tocar la parte más rockera del tema, con la guitarra de BARRE distorsionada, pero que al mismo tiempo la modificarían, cogiendo ANDY el acordeón, IAN la flauta y desarrollando una parte totalmente nueva, preparada para esta gira, cambiando magistralmente el tema, hasta darle otra dimensión. Fue como si por unos momentos nos trasladásemos a mediados de los 70, cuando la banda se encontraba en todo su esplendor. Hubo momentos para el lucimiento de NOYCE al bajo, de PERRY a los bongos (sensacional el pique que tuvieron ya avanzado el tema, aunque un poco corto) y para retomar la línea normal de esta canción y finalizarla entre aplausos de un público rendido a semejante demostración de sabiduría musical.

Es el momento ahora para dejar paso a la banda. IAN ANDERSON se toma un respiro al presentar el próximo tema: “Morris minus”, composición de MARTIN BARRE que pertenece a su disco en solitario “A trick of memory”, de 1994. Se trata de un tema instrumental en el que, apoyado por un sonido muy “Hammond” a cargo de ANDY, la guitarra de MARTIN campa por sus respetos, adquiriendo el papel protagonista que la música de JETHRO TULL le niega con tanta frecuencia. Esta pieza resulta muy rockera y dinámica, con numerosos cambios, algo a lo que ya nos tiene acostumbrados esta banda a lo largo de los años. El trabajo de BARRE es impecable, con una forma de tocar la guitarra elegante y poderosa, demostrando que es uno de los mejores guitarristas del rock y que su estilo, admirado por tantos colegas de profesión, resulta del todo imperecedero. No hay que olvidar que el solo de guitarra de “Aqualung”, ejecutado por él, fue considerado no hace mucho como uno de los mejores solos de guitarra de toda la historia del rock, en una votación llevada a cabo por reputados guitarristas de muy diversos estilos. Concretamente creo recordar que se encontraba en el puesto 25 de los 100 solos que se votaron. De la mano de MARTIN BARRE y su guitarra, “Morris minus” llega a su fin y nos obsequia con una enérgica dosis de buenos punteos guitarreros.

Desde el backstage, IAN ANDERSON debió de pensar que su colega le estaba provocando, quizás insinuándole que le apetecía un poco de rock potente para deleitarse con su instrumento, así que dicho y hecho: las notas de “A new day yesterday”, tema poderoso y vibrante de “Stand up”, comenzaron a sonar sin presentación alguna. Ni falta que hacía. Todo el mundo la reconoció en seguida. ANDERSON tocaba la harmónica en esta ocasión, mientras la banda ejecutaba los riffs del tema con precisión total. Hace ya tiempo que JETHRO TULL desarrolla esta canción de forma distinta a como era en su momento la original del 69. Le ralentizan el ritmo, haciendo especial énfasis en los cambios, para dotarla de un toque más blues, pero a la vez más enérgico, con acusados contrastes entre las partes más lentas o “íntimas”, si se quiere, y las partes más rockeras. En un momento dado, el tema se acelera, cambiando totalmente su ejecución, llegando a una parte que no salía en el original, pero que llevan tocando desde hace por lo menos una década. Vuelve a ralentizarse, el teclado marca el riff, ANDERSON coge su travesera y comienza a introducir el solo de flauta de “Kelpie”, que suena a gloria, con ese sonido celta que contrasta con el blues-rock de “A new day yesterday”. Tras el solo de flauta, se retoma el riff de la canción y, de forma poderosa, con la guitarra distorsionada como base, el tema llega a su fin.

El siguiente tema es “God rest ye merry gentleman”, una composición tradicional que aparece en el último disco de JETHRO, “The Jethro Tull Christmas Album”. El tratamiento dado a esta pieza es muy jazzístico, hasta el punto de que durante el tiempo que dura su ejecución nos trasladamos con la mente a un club de jazz con la luz a baja intensidad y unas buenas pintas de cerveza sobre la mesa. Desde luego el desarrollo del tema es muy diferente, por ejemplo, al que aparece en el genial “Live/Bursting Out”, disco en directo de 1978. El ritmo ahora es más dinámico, e incluso hay una variación, bien avanzada la pieza, en la que el teclado y la guitarra eléctrica introducen un cambio que le da más energía, para inmediatamente retomar la melodía clásica de esta maravillosa composición, llegando al final y descubriendo entonces los allí presentes que sin pausa intermedia comienza la épica “Budapest”, del álbum “Crest of a knave”. Se trata de un tema largo (más de once minutos) que comienza con una textura de sintetizador con notas muy graves, una introducción de piano e inmediatamente la voz de ANDERSON a los acordes de su guitarra acústica, ejecutando la canción en un estilo muy similar a los DIRE STRAITS más virgueros. Pero evidentemente, pronto volvemos a la realidad y nos topamos con el clásico estilo JETHRO de siempre. Esa similitud entre el sonido de los TULL y el de los STRAITS fue algo circunstancial que se produjo en 1987, al tener que bajar varios tonos la voz de ANDERSON por sus problemas de garganta. Muchos pensaron que JETHRO TULL copiaba al grupo de MARK KNOPFLER, algo absurdo, como se demostraría con el tiempo. Continuando con “Budapest”, llegamos a la parte instrumental y central del tema, en la que la guitarra eléctrica de BARRE cobra un protagonismo destacadísimo, con unos punteos cristalinos y de gran clase, al tiempo que la flauta la secunda con unos toques deliciosos y muy armoniosos. Regresa la transición vocal y los acordes de guitarra acústica, pero en esta ocasión ya es para ir introduciendo la parte más potente del tema, con la guitarra eléctrica ya distorsionada y el ritmo aumentando en intensidad, al son del conocido estribillo “Hot night in Budapest”. Fue estremecedor observar cómo un tema va cobrando magia y fuerza casi sin darnos cuenta. De repente se vuelve a parar, para retomar el piano el riff clásico y proceder a la parte final, donde nuevamente se repite el estribillo y la guitarra eléctrica va haciendo punteos de gran calidad previos a una exhibición de ANDERSON y su flauta absolutamente grandiosa, así hasta la finalización de esta genial canción, que dejó un aura de maestría en el aire como pocas veces he sentido en un concierto de rock.

Sin presentaciones previas, comienza “Holly Herald”, otro tema de “The Jethro Tull Christmas Album”, que es un medley entre la pieza tradicional “The holly and the ivy” y la composición clásica de MENDELSSOHN, “Hark! The Herald Angels sing”, magistralmente arreglado por IAN ANDERSON. El tema se basa en una jiga muy pegadiza a cargo de la flauta, en el más puro estilo folk de JETHRO TULL, trasladándonos a los tiempos de “Songs from the wood” o “Heavy horses”, lo cual es decir mucho, aunque no tanto como el tema que va unido a éste: nada más y nada menos que “Locomotive breath”, uno de los mejores temas de “Aqualung”, álbum de 1971. El clásico inicio de piano deja claro lo que estamos a punto de escuchar. Pero antes de introducir la parte rockera del tema, ANDY GIDDINGS detiene su ejecución al piano, se vuelve hacia el público y espera a que éste reaccione para dar la entrada. En breves segundos todo el mundo responde con entusiasmo y “Locomotive breath” comienza su recorrido por los aires de Lorca. La guitarra de BARRE cortando la atmósfera con sus riffs distorsionados y penetrantes, el bajo de NOYCE bombardeando con golpes potentísimos y repetitivos y esa parte de flauta sencillamente inigualable que hace décadas que pasó a la historia del rock. El mejor final para un concierto memorable y exquisito a la vez.

IAN ANDERSON presenta a la banda y se despide...momentáneamente. Nadie se mueve allí, porque todos sabemos que esto no ha terminado. Al grito de “eeeeeoooooo” por parte de un público entregado, la banda no se hace esperar y en seguida hace su aparición de nuevo sobre el escenario. Faltaban aún unos cuantos clásicos que ejecutar, como por ejemplo “Living in the past”, que fue el primer tema del bis. Lo hicieron mezclando la nueva orientación musical que en los 80 le dieron a esta canción, con el clásico sonido de finales de los sesenta que tenía la original. El resultado, como siempre, fue extraordinario. Se trata de un tema ya clásico, imperecedero, por el que el tiempo no pasa, pero siempre es bonito comprobar que la actualización de su sonido suena igualmente a clásico inmortal. Destacable es la parte de guitarra de MARTIN BARRE, que sirve precisamente para introducir un cambio en el ritmo de la canción y acelerarla. Así, y de forma instrumental, va evolucionando, creciendo en intensidad y enardeciendo al público, que para entonces ya ha perdido la cuenta de la cantidad de obras maestras de la música que lleva escuchadas esa noche.

Y llega el momento cumbre, el momento en el que comienza a sonar “Aqualung”, pero lo hace de forma diferente. No se trata de la conocida ejecución tradicional del tema, sino que, en un alarde de inteligencia, JETHRO TULL altera totalmente la estructura de su canción más conocida. Comienza con una variación a cargo de batería, teclados y flauta, en la que juegan con los acordes del tema, pero sin llegar a descubrirlos del todo. Esto desemboca nada menos que ¡en el solo de guitarra!. Pocos grupos son capaces de comenzar una canción por su solo de guitarra. Un solo, dicho sea de paso, sencillamente apoteósico. MARTIN BARRE se lo debe de saber hasta durmiendo, pero eso no impide que cada vez que lo escuchemos quedemos aturdidos y asombrados por la magia que encierra. Tras el solo, la voz de ANDERSON sonando a través de un filtro, como en “off”, al compás de su guitarra acústica. Entra el piano y la voz suena esta vez ya sin filtro, desplegando la melodía más bonita de este tema, para desembocar en el riff archiconocido de guitarra, que sirve para finalizarla, pero justo cuando el final se intuye, se produce un cambio y comienza la jiga de “Protect and survive”, del álbum “A”, de 1980. Es una parte instrumental que ANDERSON aprovecha para lanzar dos enormes globos al público, que flotando se desplazan sobre nuestras cabezas para dar paso a las notas de “Cheerio”, el tema que despide el álbum “Broadsword and the beast”, y que la banda utiliza desde hace ya bastantes años para despedir también sus shows. Todo el grupo saluda desde el escenario mientras la parte pregrabada de “Cheerio” suena en el aire. Una entrañable despedida. El concierto ha finalizado.

Los comentarios de la gente tras el concierto eran de asombro y satisfacción. Había personas entre el público que nunca habían visto a la banda en directo, e incluso había gente que acudía al concierto con una mezcla de escepticismo e incredulidad por lo que le habían contado. Esa noche salieron de dudas y pudieron comprobar en vivo y en directo que hoy por hoy, JETHRO TULL es uno de los grupos que mejor repertorio tiene en directo, que mejor sonido consigue y que mejor aprovecha los recursos musicales que tienen, que he de decir son enormes. Dudo mucho que ésta sea la última vez que los haya visto en directo. Si siguen manteniéndose en esta forma, seguro que regresarán y yo espero estar ahí para disfrutarlo. Y si de verdad amáis la música atemporal y queréis deleitaros con una de las pocas leyendas del rock que siguen en activo, tenéis una cita con JETHRO TULL en sus próximas visitas a España.