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QUEEN & PAUL RODGERS EN MADRID
Abril 1 de 2005
Madrid, España

Mundorock
Por Fran García & Luis Caramé

El recientemente renovado Pabellón de Deportes de la ciudad de Madrid albergaba la noche del uno de abril un concierto que tenía una aureola especial. Prometía ser un acontecimiento inolvidable, de ésos que cuando eres mayor les recuerdas a tus nietos (si alguna vez llegas a tenerlos y a que ellos soporten semejante perorata). Ante nosotros se encontraba una ocasión única para disfrutar de una de las mejores bandas de todos los tiempos junto al que ha sido uno de los mejores cantantes en la historia del rock. QUEEN y PAUL RODGERS se citaban ante un público en principio ávido, deseoso y rendido a la atractiva propuesta. FREDDIE MERCURY ya no se encuentra entre nosotros, y la idea de que el señor RODGERS lo reemplazase producía, como mínimo, expectación. Todo, pues, listo para disfrutar del espectáculo. Desgraciadamente, pronto comenzaríamos a comprobar que las cosas no iban a ser como deseábamos. Desde el mismo momento que nos situamos en la cola, apreciamos un cierto descontrol en la organización del concierto. Varias colas para las diversas entradas, con poca o ninguna información sobre la ubicación de las mismas. Estábamos en una cola y no sabíamos si accederíamos al lugar del pabellón que nos correspondía, o si por el contrario, tendríamos que recorrerlo como turistas despistados antes de llegar a nuestro sitio. Como tenemos tanta suerte, sucedió esto último, y dimos varias vueltas antes de llegar a la pista del pabellón. Cuando así lo hicimos, contemplamos un maravilloso escenario y un pabellón con nada menos que ¡CUATRO PANTALLAS!. Excelente, desde luego…si se hubieran utilizado. Lamentable e inexplicablemente, no se activaron en ningún momento del concierto, por lo que estaban allí de adorno, imaginamos. Y claro, como adorno no quedan ya tan bonitas. Mejor hubiera sido un póster gigantesco de FREDDIE MERCURY en cada esquina del pabellón, o en su defecto de PAMELA ANDERSON, que tampoco hubiera quedado tan mal. ¿De quién pudo ser la culpa de la no utilización de las pantallas?. Misterios insondables de la vida, pero no creíamos aventurado suponer que estuviesen allí, además de para su propósito como video marcadores del pabellón, para otro evento posterior, lo cual nos parece impresentable. En fin. Esto hubiera sido una anécdota si el escenario se encontrase bien situado y su altura lo suficientemente elevada como para que todo el público lo viese. No hay que olvidar que la pista de un pabellón de deportes no tiene pendiente y que el público asistente, por lo tanto, conforme se alejaba del escenario no veía casi absolutamente nada de lo que allí acontecía. Nos parece impresentable que la organización de un concierto semejante no tenga lo suficientemente clara la altura a la que hay que situar el escenario. Muchos asistentes se fueron del concierto con la sensación de timo normal y lógica del que paga una entrada de 39 euros y no puede ver a sus ídolos.

Comenzó el concierto con unos inexplicables fragmentos del “Lose yourself”, de EMINEM, que fueron recibidos con abucheos generalizados por parte del público. Aún nos preguntamos a qué se debió tal elección, pero lo cierto es que afortunadamente duró poco y en seguida pudimos escuchar la inigualable voz de PAUL RODGERS haciendo una introducción vocal, concretamente cantando parte de “Reachin’ out”, un tema en el que MAY y RODGERS colaboraron hace años, para acto seguido dar comienzo el show con los riffs de guitarra de “Tie your mother down”, de “A day at the races”. Un excelente comienzo, que nos traía a la memoria tiempos pasados. El tema sonó genial, tanto en ejecución como en el aspecto vocal. Se prometía un gran concierto si nos ateníamos a ese comienzo. No obstante, el sonido no era todo lo bueno que esperábamos, ni tampoco lo suficientemente potente como para llenar completamente un recinto tan grande. No obstante, la calidad de lo que estaba sonando eclipsaba momentáneamente esos detalles. Tras esta tremenda entrada, sonó “Can’t get enough”, del segundo disco de BAD COMPANY, uno de los grupos en los que ha militado PAUL RODGERS. Hemos de decir que MAY y TAYLOR se adaptaron a los temas de FREE y BAD COMPANY mucho mejor que la voz de RODGERS a los temas de QUEEN. Con esta canción empezamos a confirmar tal cuestión, pero habría más pruebas a lo largo del concierto.

La primera evidencia de la enorme diferencia que hay entre PAUL RODGERS y FREDDIE MERCURY fue el siguiente tema: “I want to break free”. Es imposible que nadie consiga dotar a ese corte de la magia que la voz de FREDDIE desplegaba. Ni siquiera la voz de RODGERS puede igualar las inflexiones que el mágico líder de QUEEN ideó para tal canción. Quedó bastante desangelada, la verdad. Mejor fue la siguiente, nada menos que “Fat bottomed girls”, de “Jazz”, una canción que no estábamos demasiado acostumbrados a ver tocar a la banda y que se agradeció el que la eligiesen. La desarrollaron muy fiel a la original, pero a lo largo del tema, ROGER TAYLOR cambió algún redoble, como queriendo asegurar su ejecución, lo cual nos extrañó bastante y nos hizo pensar que no estaba del todo concentrado. En cualquier caso, uno de los temas más brillantes de la noche.

Pronto se había desatado la vena más comercial de los mejores QUEEN, así que empezaron a sonar los acordes de “Crazy little thing called love”, que sonó bastante bien, con unos coros muy precisos y el grupo muy conjuntado. Tras ella, PAUL presentó “Seagull”, y la cosa se relajó bastante. Nada que objetar, es un tema que tiene muy trillado. El siguiente fue “’39”, con BRIAN MAY a la acústica y su voz únicamente. Un emotivo momento que hizo saltar las lágrimas de más de uno. Siguió “Love of my life” para cerrar esta trilogía acústica, recordando a FREDDIE de forma evidente y con un sentimiento de nostalgia muy fuerte. Fueron momentos mágicos en el pabellón, que erizaron el vello de los allí presentes.

Tras la calma, vuelve la tempestad. Comienza a sonar “Hammer to fall”, pero en versión lenta. Ello nos sorprendió a todos, pero a mitad de canción entró toda la banda con fuerza en la parte más enérgica del tema, redondeando una ejecución magnífica de esta canción y muy novedosa, algo que siempre ha sido seña de identidad en QUEEN. A partir de aquí, el concierto cayó en la irregularidad. “A little bit of love” fue un tema bastante desplazado, que podría haber dejado su lugar a algún otro clásico de FREE o BAD COMPANY, “I’m in love with my car” fue cantada por un ROGER TAYLOR que evidenció no encontrarse en el mejor momento con su voz, e incluso nos corroboró que algo raro le pasaba esa noche, porque incluso se equivocó cantando la canción, algo impensable para un tema que lleva cantando durante 30 años. El solo de guitarra de BRIAN MAY estuvo muy flojo. No aportó nada novedoso. Se basó en los ecos que tantísimas veces ha utilizado en sus directos, o en temas como “Keep yourself alive” o “Brighton rock”, por ejemplo. No mostró detalles de virtuosismo que se le conocen y se enredó en un protagonismo absurdo, incluso haciendo una parte lentita basada en el tema “Last horizon” con su guitarra para homenajear nuevamente al añorado FREDDIE MERCURY, con imágenes del pasado de los componentes de la banda, proyectadas en una pantalla situada en el mismo escenario, justo a las espaldas de los músicos y por encima de la batería. Un solo de guitarra, pues, decepcionante. Pero la cosa no acabó ahí. “These are the days of our lives” fue de un sopor insoportable, arruinando toda esa parte y haciendo que muchos de los allí presentes se quejasen abiertamente comentando tal aspecto con los que estaban a su lado. La faena quedó ya totalmente rota con un “Radio ga ga” demencial, en el que ROGER TAYLOR destrozó la canción cantándola, al tiempo que en sonido pregrabado se escuchaba la batería y los teclados. Una tomadura de pelo, como si se tratase de un karaoke. Al final del tema, reapareció PAUL RODGERS y cantó la parte última, demostrando que así debería de haber sido desde el principio.

Continuaron con “Feels like makin’ love”, que animó algo más al personal, pero sin llegar a cotas demasiado altas. Sí lo hizo más “A kind of magic”, que es uno de los temas de QUEEN que más gana en directo, seguramente porque el sonido de la guitarra es más duro y contundente y pierde su toque comercial y poppie. Pero nuevamente el señor PAUL RODGERS se encargó de hacernos ver la cruda realidad, con un “I want it all” exento de energía y dedicación. Parecía cantarlo sin entrega, sin sangre. No le pega nada su voz a semejante temazo. Mala elección por parte de la banda y peor impresión por parte del público.

Menos mal que el final sí que estuvo a la altura de lo esperado. El siguiente tema era “Bohemian rhapsody”, y la forma en la que el grupo solventó la canción fue de lo más inteligente. Proyectaron el vídeo de una actuación pasada, concretamente la que aparece en el recientemente editado DVD “Live at the Bowl”, en la que FREDDIE MERCURY cantaba sólo acompañado de su piano la parte primera y lenta del tema. Sobre ese sonido del vídeo, el grupo acompañó en directo con sus instrumentos, por lo que durante unos minutos revivimos la magia de un concierto de QUEEN con FREDDIE MERCURY. Miles de ojos se llenaron de lágrimas mientras las gargantas cantaban al unísono. Luego vino la parte coral pregrabada y el grupo entró a saco en la parte más potente, con un PAUL RODGERS que esta vez sí bordó la canción. Ojalá se hubiera tomado tanto interés con algunas de las otras. “Show must go on” continuó manteniendo un alto nivel en cuanto a su ejecución instrumental y vocal, para pasar a “Alright now”, que lógicamente, RODGERS bordó, demostrando que su voz está sencillamente perfecta. El final de fiesta vino a cargo de “We will rock you” en su versión original del álbum “News of the world” y el himno “We are the champions”, tras lo cual sonó “God save the Queen” y el concierto había finalizado. Esta parte final sí tuvo el nivel de calidad que hay que exigir a estos artistas.

No hubo bises. Todos sabíamos ya que la fiesta había terminado y nos retiramos con una sensación agridulce ante lo que había sido una oportunidad perdida de disfrutar al cien por cien de un acontecimiento histórico. Indudablemente, el concierto podría haber sido mucho mejor. Para empezar, faltaba JOHN DEACON, elemento indispensable en QUEEN, por lo que una buena parte de la magia estaba ya perdida de antemano. Su puesto fue ocupado por DANNY MIRANDA, mientras que JAMIE MOSES apoyaba con su guitarra a MAY. El sonido fue nefasto en ocasiones, apagando la voz de RODGERS o MAY, y en ocasiones incluso la batería de TAYLOR. Demencial fallo que resulta intolerable en un concierto de estas características. La elección de temas fue muy discutible, sobre todo la inclusión de “A little bit of love” y “Seagull”, habiendo otros clásicos poderosos de BAD COMPANY o FREE. Se nos viene a la cabeza el precioso “Shooting star”, por ejemplo. ROGER TAYLOR estuvo muy bien a la batería, pero poco inspirado a la voz. BRIAN MAY fue el auténtico protagonista de la noche, aunque en su solo nos dejase fríos. SPIKE EDNEY cumplió bien con los teclados y poco más se puede decir de lo que aconteció esa noche. Nos fuimos con mucha más nostalgia de la que teníamos cuando llegamos, y lamentándonos aún más por la muerte de FREDDIE MERCURY, un genio insustituible en QUEEN. Esperemos que por fin se den cuenta y no vuelvan a resucitar a la banda. No es lo mismo ya. Ni lo será nunca, desgraciadamente.