BLACK
SABBATH
Black Sabbath (1970)
asd
Mundorock
Reseña por José Javier Cuadra
G. |
Black
Sabbath, (Aquelarre Negro) un nombre histórico
dentro de la música, una saga de formidables
músicos, de infinito poderío y saber
hacer, que han desfilado a lo largo de más
de tres décadas por las filas de la banda madre
de géneros tan distintos en la actualidad,
pero cuyo origen común está en el nacimiento
de esta formación arrolladora. Heavy Metal,
Black Metal, Stonner Rock son sus descendientes más
directos, venerado este emblema de la música
contemporánea también por el Trash Metal
o el Doom Metal.
Si todo fenómeno social o movimiento de masas
tiene sus orígenes, el Rock Duro en general
(con sus múltiples posibilidades), y con mis
mayores respetos hacia los otros dos “padres”
de la criatura, LED ZEPPELÍN y DEEP PURPLE
(si se me permite esta tríada en cuanto a paternidad
se refiere), tiene su fuente de inspiración
más directa en la obra y figura de BLACK SABBATH.
Black Sabbath nace en Inglaterra a principios de la
década de los 60, y tras varios nombres y conceptos
que giraban en torno a una evolución del blues,
retorcido y tétrico, muestra de la terrible
sociedad industrializada en que a sus miembros les
tocó crecer, se establecen con el nombre por
el que por siempre serán recordados, con el
objetivo de dar salida a sus mentes de la tristeza
en que vivían.
Aunque la literatura sugiere la posibilidad de un
disco anterior, en 1970 sale a la “luz”
la obra más sobrecogedora hasta entonces publicada,
en una escena en la que el blues progresivo se mezclaba
con el rock ácido y delirante de los nuevos
virtuosos dispuestos a experimentar. Black Sabbath,
un álbum que ya desde su portada cautiva e
invita a la escucha, a la lectura de su lírica
y a las emociones tétricas y macabras que el
Aquelarre Negro canta y pone música. Una dama
de negro, espeluznante, con una sonrisa de mona lisa,
en el entorno de una casa poco acogedora. El cielo,
la vegetación, la luz (una amanecer, un atardecer,
quién sabe), y una contraportada en el que
la desfiguración y la oscuridad cierran un
panorama oscuro y tenebroso difícil de esquivar.
Black Sabbath es la primera canción. La bruma,
la lluvia y los relámpagos, la campana suena
(figura musical extendidísima en el rock( For
whom the bells tolls, Hell Bells, etc). Comienza la
leyenda con la recreación de una pesadilla,
la visión de los ojos del diablo, encolerizado,
en llamas, señalando con el dedo al sobrecogedor
personaje que un Ozzy inspiradísimo interpreta
desgarrando su garganta como si delante del mismo
diablo estuviese. Horror y fatalidad, crueldad y dureza
en la guitarra de Iommi, pesadez y gruesa agresividad
en las lentas líneas de bajo de Butler y una
pegada de batería sórdida y palpitante
para dibujar un mundo satánico, alegórico
en su totalidad y horrible en su contenido. Toda una
obra maestra, inconmensurables cada uno de los músicos,
una progresión delirante y aterradora que todavía
hoy, arrasados por infinidad de películas y
música, de libros y de historias, es capaz
de crear miedo a quienes se acercan a escuchar una
de las más geniales composiciones que en clave
de rock se han hecho. Apasionante.
La harmónica de El Mago (The Wizard) nos trae
el blues, duro, pesado en las guitarras, con una espectacular
percusión a cargo de la batería de Ward.
La magia que el mago esparce es la misma que la canción
crea en el ambiente en que se escuche esta composición
en la que el delirio y la imaginación se unen,
para reivindicar un resurgir de la alegría
por encima de las lágrimas, una temática
frecuente en su discografía, en el que un mensaje
optimista subyace bajo la oscuridad de la forma.
Tras el muro de los sueños, Behind the Wall
of Sleep, encontramos otra canción histórica,
con una música cruce del blues, rock ácido,
psicodelia y diversión musical propia de los
60 (no olvidar la admiración que por The Beatles
sentía Ozzy). Un canto triste, mortuorio, que
invita al espíritu a abandonar el cadáver,
a observar el engaño de la vida tras este muro.
Iommi da rienda suelta a su mástil en prodigios
riffs, personales y característicos bajo la
dirección musical del bajo y la batería,
en perfecta armonía y coordinación.
Ozzy está tremendo en cuanto a sus cambios
de registro y agudos inimitables.
N.I.B o Nativity in Black continua esta genial obra
musical, comenzando con unas frases de bajo soberbias,
duras, rápidas. Oy Yeah! grita Ozzy, grito
ya mítico, y entran en escena los cuatro miembros
de la banda, en otra superproducción magistral,
himno fantástico, musicalmente buenísimo,
en el que el rock en las estrofas vocales se entremezcla
con el heavy a cargo de la guitarra de Iommi, en unos
riffs que se superponen y una evolución musical
que se acerca al actual heavy épico de puños
en alto sujetando el sentimiento que se emana tan
deliciosamente, en una canción en la que la
temática nos trae de nuevo a Lucifer coqueteando
con la razón, seduciendo a quien le quiera
escuchar. Esta temática no solo es reflejo
de la pasión que sus miembros, especialmente
en Ozzy, sienten por estos mundos, sino una metáfora
y simbolización de la dureza y tortura infernal
que tenían que pasar los jóvenes de
su edad, en paro, en ciudades oscuras, de humo y contaminación
colmadas. Toda una figura espectacular es este N.I.B.
Con Evil Woman vuelve la cadencia del rock-blues,
un Ozzy inspiradísimo dominador de las subidas
y bajadas, del baile de registros, un bajo que murmura,
que parece que habla, la batería prodigiosa
de la época y la guitarra cortando con sus
acordes la atmósfera creada, en la que el guitar
hero se desdobla en la rítmica y en la guitarra
de los punteos heavymetaleros. La temática
recrea la figura de una dama cuyo saber hacer y cuya
falta de delicadeza en el trato de los sentimientos
la llevan a ser considerada como Mujer Demoníaca,
Infernal, siguiendo la tónica lírica
del disco. En Heaven and Hell, con el bueno de Dio,
retoman a este u otro personaje similar con Lady Evil.
Sleeping Village y Warning aparecen unidas en la grabación,
evolucionando desde el árido y silencioso amanecer
que narran brevemente en el primer tema, hasta otra
obra inconmensurable de estos artistas, una sucesión
de estrofas y escenas musicales en la que la colaboración
entre ellos da origen a una letra tremenda, triste,
en la que la resignación y la tristeza de sus
corazones (there's iron in my heart) vuelve a expresarse
con dureza en una letra de dobles sentidos, de indirectas
a quien fuese dirigida, un mero párrafo que
acompaña a una exquisita interpretación
musical, un bajo envolvente, imaginativo, y una guitarra
que ritmea en clave de rock-blues, heavy o lo que
se quiera, unas conversaciones musicales en la que
un instrumento toma el protagonismo, cuenta su visión
de la canción y da paso a otro que se expresa
a su modo. Una orgía delirante, una música
delicada que parece ser improvisada y no es más
que otra de las grandes joyas de BLACK SABBATH, teniendo
su apoteosis en un solo final del prodigioso Iommi,
que hace sonar su Gibson en solitario, un solo instrumento,
una sola guitarra, un guitarrista zurdo espectacular
cuyo virtuosismo hace olvidar momentáneamente
que existen otros miembros con él en la banda,
una figura única que colma de estupendo saber
hacer toda la escena.
Este primer álbum finaliza con tema en el que
la canción Wicked World es el más claro
exponente de este blues evolucionado que los Black
Sabbath venían trabajando a lo largo de este
disco. Prodigiosa interpretación a la voz,
a las cuatro y a las 6 cuerdas en otro tema híbrido,
mezcla de todo lo mezclable, y donde nuevamente Mr.
Iommi se marca un solo de espanto, con el atrevimiento
y la seguridad que da saber que se está haciendo
algo grande, un solo arrollador solo al alcance de
muy pocos en aquella época (Clapton, Page).
Una práctica protagonista hoy en desuso, por
el tremendo virtuosismo y calidad que se requiere.
En definitiva, una obra soberbia, arrolladora, que
hoy sería llamada una ópera rock, con
una temática satánica, descomunal, letra
portentosa y una música bien hecha, tres instrumentos
y una voz, alejada del estruendo y la pomposidad de
las actuales superproducciones. Sin maquillaje ni
efectos, sin trampa ni cartón. BLACK SABBATH.
Había
nacido la leyenda, y por ella habrían de pasar
grandes músicos todavía, como Ian Gillan,
Ronnie James Dio, Cozy Powel, Gleen Huges, Tony Martín,
etc.
| FICHA
TÉCNICA
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TRACKLIST |
Black
Sabbath, The Wizard, Behind The Walls Of Sleep,
N.I.B., Sleeping Village, Warning, Evil Woman
(Don't Play Your Games With Me)
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MÚSICOS |
-Ozzy
Osbourne :
Vocales
-Tony Iommi: Guitarras
-Geezer Butler: Bajo
-Bill Ward: Batería |
PRODUCCIÓN |
Black
Sabbath |
GÉNERO |
Heavy
Metal |
PAÍS |
Inglaterra |
COMPAÑÍA |
Warner
Bros Records |
WEB |
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