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JETHRO TULL
Thick As A Brick (1972)

asdorock
Reseña por Fran García
(Cortesía de THIS IS ROCK)

THICK AS A BRICK: LA BIBLIA DEL ROCK PROGRESIVO

Cuando en 1971 Jethro Tull publicó “Aqualung”, muchos críticos pensaron que el grupo había alcanzado la cumbre de su creatividad. Ian Anderson, líder de la banda, sonreía sarcásticamente ante tal idea. Del mismo modo, buena parte de la crítica lo consideró un disco conceptual, ya que cada cara del Lp parecía girar alrededor de un concepto concreto. Ian Anderson volvía a sonreír secretamente. Por otro lado, el álbum marcaba una evolución musical absolutamente genial, dejando atrás el blues rock de sus inicios y buscando nuevas formas de expresión, como el hard rock, el folk y el rock progresivo. Fue un disco tan variado que se ubicaba por igual en las diversas categorías musicales de la época, hasta el punto de que para muchos suponía la mayor evolución musical del grupo, sin que se atisbaran posibilidades de ir más allá. Ian Anderson encontró en esta última afirmación nuevas razones para sonreír, pero también un estímulo adicional para demostrar a todo el mundo de lo que era capaz.

LOS ANTECEDENTES

Lo primero que tuvo que afrontar Jethro Tull tras la publicación de la primera de sus obras maestras fue el problema que en el seno de la banda originó Clive Bunker, su batería. Clive quería casarse y llevar una vida familiar al lado de su nueva esposa. Era algo que ya había comentado a Ian desde hacía tiempo. Si encontraba una mujer adecuada, dejaría el grupo. Así fue, por lo que tras la grabación de “Aqualung”, concretamente en mayo de 1971, Clive Bunker puso fin a su carrera con Jethro Tull. No obstante, aunque la versión oficial fuera que Bunker abandonó el grupo porque deseaba casarse y tener una vida familiar (el propio Clive lo ha reconocido en alguna entrevista), seguramente hubiese algunas otras razones para que esto sucediera, ya que pocos meses después de abandonar la banda, Clive comenzó un nuevo proyecto musical llamado Jude, así que resulta difícil creer que la única razón por la que salió de los Tull fuese la de disfrutar de su matrimonio, algo que sólo hizo durante dos meses. La verdadera razón no fue seguramente ésa, o al menos no solamente ésa, sino que probablemente también tuvo mucho que ver el excesivo protagonismo que el batería estaba tomando en un grupo que tenía que girar única y exclusivamente alrededor de la figura de Ian Anderson. Hacía ya varios años que el líder de Jethro Tull había decidido que la banda sería una banda a sus órdenes (irónicamente se podría denominar también “banda conceptual”), en el sentido de que toda su actividad giraría alrededor de su persona y de lo que él decidiese. De hecho, el propio Bunker comentaba en una entrevista con Chris Welch, el 6 de marzo de 1971, que se encontraba muy a gusto en Jethro Tull y que no pasaba por su mente la idea de tocar en ningún otro grupo, pero tras esas palabras se intuía algo más. Sus palabras textuales fueron: “Me encanta ser uno más en la banda. Las canciones son siempre interesantes. A veces sueltas algún taco, pero nunca pierdes el interés. Ian tiene una idea básica y los demás trabajamos nuestras partes sobre esa idea. En “Song for Jeffrey” Ian concibió las partes de batería y sonaron realmente bien”. El punto de vista de Ian Anderson al respecto es parecido, como revela en una entrevista con Teri Saccone en diciembre de 1990: “Quizás cuando escribo las canciones tenga una idea, en lo más remoto de mi cabeza, de cómo tienen que ser las baterías del tema en cuestión, así que supongo que eso me influye. Pero no creo que sea algo deliberado. Pienso que es producto del subconsciente”. Resulta más o menos justificado sospechar que por aquel entonces Bunker ya mostraba su disconformidad con la situación en la banda, aunque no se atreviese a declararla abiertamente, sobre todo teniendo en cuenta el carácter de Ian. Las otras razones de la marcha de Clive Bunker quizás haya que buscarlas también en la ruptura del vínculo que hasta 1970 el grupo había establecido con el blues-rock, ruptura que sería decidida unilateralmente por el líder de la banda, producto de la personalidad del propio Ian Anderson, siempre fuerte y decidida, en esa obsesión por controlarlo todo, por ser el líder incuestionable de Jethro Tull y no permitir que ningún otro músico le robara protagonismo, ni siquiera a la hora de decidir la orientación musical del grupo. Quizás también él era consciente de que la banda se encontraba en un momento crucial de su carrera, en un período de enorme creatividad que exigía una total dedicación y el no cuestionar autoridades, sobre todo la suya. En cualquier caso, lo cierto es que con la salida de Clive Bunker, Anderson se convirtió en el único miembro que quedaba de la formación original de Jethro Tull de 1968, lo cual consolidaba aún más su ya incuestionable liderato. Desprendiéndose de Bunker conseguía otro argumento más para imponer su voluntad y sus ideas. Cierto es que perdía a uno de los mejores baterías de la historia del rock, pero en aquellos momentos era algo que se podía permitir. Ya había perdido a Mick Abrahams, otro extraordinario guitarrista, y a Glenn Cornick, excelente bajista, ambos reemplazados con diferente acierto, ya que mientras que Martin Barre estaba a la altura de Abrahams, su amigo Jeffrey Hammond-Hammond no sólo no estaba al nivel de Cornick, sino que incluso tuvo que aprender literalmente a tocar el bajo para unirse al grupo. Poco podía importarle al señor Anderson la pérdida de Bunker, y menos aún cuando tenía al recambio perfecto: otro genial batería, de exquisita técnica, enorme creatividad, prodigiosa pegada y un estilo muy diferente al de Bunker, y que además, era un viejo conocido de Ian, ya que estuvo con él en la etapa de The Blades y The John Evan Band, formaciones anteriores a Jethro Tull, por lo que era el hombre perfecto para afrontar la revolución musical que (una vez más) iba a llevar a cabo Ian Anderson con la música de Jethro Tull. Y es precisamente en este punto en el que cobra importancia el relevo a las baquetas en la banda, ya que Clive era un batería excelente, que respondía perfectamente a los desarrollos musicales hasta entonces llevados a cabo por los Tull, pero que se antoja difícil que pudiera haber realizado un trabajo como el que se esperaba de él en la nueva etapa. Esta suposición no es producto de la mera especulación de un servidor, sino que la baso en declaraciones del propio Ian Anderson al respecto del papel de los diferentes baterías en el grupo a lo largo de los años: “La gente que ha tocado en Jethro Tull no fue nunca elegida por cómo tocaban, sino por qué tipo de personas eran. Curiosamente, yo rara vez buscaba un batería, simplemente aparecían... Al principio de estar con el grupo, Clive Bunker tenía una técnica limitada y un número de tambores limitados sobre los que aplicar su limitada técnica... Aprendimos mucho juntos, y durante los tres años que estuvo en el grupo, Clive se ganó un nombre como batería, habiendo desarrollado su técnica sustancialmente, pero hay que verlo todo teniendo en consideración el contexto de la música que tocábamos en ese momento, y la técnica de Clive era adecuada para la música que hacíamos cuando estuvo con nosotros. Por extensión, nuestra música fue evolucionando en la misma medida que evolucionaban las capacidades musicales y técnicas del resto de miembros del grupo. Estoy totalmente seguro de que álbumes como “Thick as a brick” hubieran sonado muy diferentes si la batería la hubiera tocado cualquier otro música que no fuese Barriemore Barlow. Todos los músicos que han tocado en Jethro Tull tuvieron su papel importante en la medida en la que la música del grupo iba cambiando”. Más claro, agua: Para Ian Anderson el pobre Bunker, a pesar de sus innegables cualidades, no tenía sitio en esa nueva etapa que se avecinaba, una etapa marcada por la respuesta del grupo a unas exigencias que le venían desde todos los sitios: fans, prensa, management,... Todos pedían a gritos que Jethro Tull facturasen un álbum de rock progresivo conceptual. Con “Aqualung” no habían respondido a las expectativas al cien por cien, entre otras cosas porque ni siquiera el propio grupo había concebido ese disco desde semejantes parámetros musicales y líricos. Ian Anderson ha dicho hasta la saciedad que “Aqualung” nunca fue un álbum conceptual. De hecho, él siempre ha visto ese término desde el escepticismo y la incongruencia. Entre la larga lista de declaraciones al respecto, más adelante rescataremos algunas que hacen referencia a “Aqualung” como álbum no conceptual, pero ahora es importante conocer el punto de vista de Ian Anderson acerca del adjetivo “conceptual” utilizado en álbumes de rock: “Nunca he estado realmente de acuerdo con la idea de que un álbum sea conceptual. Siempre he encontrado ese término redundante, incluso desde los inicios, cuando se decía que “Sgt. Pepper’s Lonely Hearts Club Band” de los Beatles era un álbum conceptual. Era un conjunto de canciones que ciertamente tenían un determinado sentimiento para ellos, pero no contaban una historia ni nada semejante, así que de ningún modo puedo verlo como un álbum conceptual, salvo que, por supuesto, os estéis refiriendo a las drogas que inducían esa música, en cuyo caso la mayoría de mis discos han sido álbumes Lowenbrau”. La fina ironía de Anderson y su peculiar sentido del humor en estas declaraciones tienen su importancia y son parte de la clave de lo que sucedería un año después con el nuevo disco de los Tull, pero antes de seguir con este tema, lo que ahora interesa dejar claro es que el grupo tenía en cierto modo una deuda pendiente, una deuda que dejase satisfechos a sus fans y que pudiera al mismo tiempo ofrecerle a Jethro Tull la oportunidad de alcanzar cotas más ambiciosas y arriesgadas en lo musical. Para ello necesitaban un nivel de perfección y virtuosismo instrumental que en esa época ya estaba conseguido por todos los miembros de la banda. Sólo faltaba cortar el último vínculo con sus inicios blues para afrontar de forma total la revolución sonora en la que se iban a embarcar. Ese último vínculo quedó definitivamente sesgado con la marcha de Clive Bunker.

Retomando ahora lo apuntado acerca del sentido del humor ácido y sarcástico de Ian Anderson, es el momento de comprender la importancia de ello en la génesis de “Thick as a brick”. Como ya he mencionado, había una gran exigencia de cara al grupo para que compusiera un disco de rock progresivo conceptual. Era 1971 y joyas del calibre de “Tommy”, “Sgt. Pepper’s Lonely Hearts Club Band”, “Days of future passed”, etc., habían llegado a lo más alto del rock años atrás, por lo que buena parte de los fans de Jethro Tull, viendo cómo en “Aqualung” habían dado un giro importante a su música, esperaban que esa evolución se completase y el próximo álbum fuese aún más arriesgado y ambicioso, introduciéndose de lleno en los terrenos del rock progresivo conceptual. Lo mismo sucedía con la crítica especializada, e incluso con la propia compañía de discos, Chrysalis, que presionaba al grupo para que orientase su creatividad en tal sentido. Ian finalmente cedió a esas presiones, pero lo hizo a su manera: en lugar de plantearse seriamente el hacer un disco conceptual, abordó el tema como si de una broma se tratase. Sus declaraciones al respecto fueron: “Escribí Thick as a brick como una burla, una parodia de los álbumes conceptuales. El disco que lo precedía, “Aqualung”, había sido visto por los críticos musicales como un álbum conceptual, cosa con la que yo estaba totalmente en desacuerdo, aunque hubiera tres o cuatro canciones de ese tipo juntas, así que me dije “Ok, démosle a todo el mundo la madre de todos los álbumes conceptuales”. Una parte importante de ello fue hacer pensar a la gente que las letras estaban escritas por un niño de ocho años, una especie de cerebrito, de niño precoz, que supuestamente había venido con todo ese montón de poemas ininteligibles a los que nosotros le habíamos puesto la música. Era algo muy divertido, yo intentaba implicar a la gente en ello y hacer que se divirtiesen con la broma. Era la época de Monty Python”. Con el paso del tiempo resulta absolutamente increíble que incluso en la actualidad algunos críticos sigan preguntándole a Ian si realmente las letras de “Thick as a brick” las escribió ese crío inexistente. Tal controversia incluso levantaría ampollas en 1972, ya que el propio Anderson continuó con la broma y en varias declaraciones insinuó que ese niño era, en efecto, el que había escrito las letras del Lp. Hubo incluso críticos musicales que se enfadaron enormemente al ver cómo habían hecho el ridículo dando crédito a esa patraña y habiendo dejado constancia por escrito, en sus artículos, de tal equivocación, lo cual ponía en duda su reputación y su credibilidad. La broma de Anderson, como se puede apreciar, llegó bastante más lejos de lo que en un principio hubiera imaginado. Volviendo al tema del humor, es interesante considerar ese enfoque a la hora de concebir el disco, puesto que es muy probable que tal cuestión tuviese buena parte de la culpa de que el álbum triunfase como lo hizo. Es evidente que la excelente música que contenía era la principal responsable de su éxito, pero no hay que olvidar que su siguiente trabajo, “A passion play”, igualmente contenía extraordinarios desarrollos musicales y, sin embargo, sólo triunfó en Estados Unidos, siendo totalmente vapuleado por la crítica del resto del mundo en su época. Independientemente de los argumentos musicales que se puedan esgrimir (todos ellos muy cuestionables, aunque respetables), no deja de ser sintomático que “A passion play” fuese un disco hecho totalmente en serio, mientras que “Thick as a brick” tenía la frescura de la broma, del afrontar las cosas de forma divertida y espontánea. Pienso que ese enfoque tuvo mucho que ver en el éxito y el fracaso de cada uno de esos discos, y no soy yo el único que lo piensa, como muy bien aclara Anderson: “Creo que siempre tuvimos un sentido del humor sobre nosotros mismos mayor que el que tenían muchas otras bandas contemporáneas, que se lo tomaban todo seriamente. El cincuenta por ciento de los norteamericanos no entendieron la broma (respecto a “Thick as a brick”), y creo que en Japón casi nadie la entendió, razón por la que Jethro Tull nunca fuimos grandes en Japón”. En cuanto a la diferencia de humor entre ambos discos, Anderson dejó clara su opinión en otras declaraciones: “Si haces un álbum conceptual totalmente instrumental (refiriéndose a “Divinities”), entonces es algo mucho más legítimo. Deja a un lado la pedantería, la torpeza de las letras conceptuales en un álbum. Fue por eso por lo que “Thick as a brick” funcionó bien. Tenía un punto de diversión, ya sabes, haciendo creer que las letras estaban escritas por un niño. Eso cautivó la imaginación del público... “A passion play” fue algo más serio y probablemente no funcionó para mucha gente porque era demasiado serio. No tenía el humor y ese sentimiento de humildad que sí tenía su antecesor”. Utilizando un símil literario, en cierto modo “Thick as a brick” fue el “Quijote” de los álbumes conceptuales, una obra que pretendía reírse de ellos y que consiguió alcanzar los puestos más altos en ese terreno. No acabó con ellos, como sí hizo el “Quijote” con los libros de caballería, pero sí que pasó a la historia como el mejor disco de rock progresivo conceptual, o al menos como uno de los mejores.

EL PROCESO DE CREACIÓN

Al enfrentarse a un disco de la complejidad de “Thick as a brick”, cualquiera podría pensar que su creación fue de lo más complicado y dificultoso que se pueda imaginar. Realmente no fue así, sino que todo fluyó de forma espontánea y muy rápida, producto de dos factores fundamentales: por un lado, el enorme genio compositivo de Ian Anderson; por otro lado, la tremenda capacidad artística, virtuosa y profesional de los músicos que formaban Jethro Tull en esa época: Martin Barre a la guitarra, John Evans a los teclados, Jeffrey Hammond-Hammond al bajo y Barriemore Barlow a la batería. Todos ellos se encontraban en un momento de forma absolutamente privilegiado, habiendo conseguido una compenetración perfecta y un entendimiento completo con su líder. Hasta tal punto había llegado esa compenetración y entendimiento, que la banda al completo colaboró en el desarrollo del disco y en sus arreglos. En este proceso de gestación de su segunda obra maestra, Jethro Tull iba además a consolidar la formación más virtuosa e impresionante a nivel musical de toda su carrera, algo que es bastante lógico, si tenemos en cuenta que todos, con la excepción de Barre, ya estuvieron en la etapa de The Blades y The John Evan Band, dos formaciones anteriores a los Tull. Todo el proceso de creación del nuevo álbum surgió de forma totalmente espontánea, como Ian Anderson demuestra con sus declaraciones: “Realmente completamos el proceso de elaboración de “Thick as a brick” muy rápidamente. Escribía la música por la mañana y llevaba ya el tema escrito para el almuerzo. Lo exponía al resto de la banda, nos íbamos a casa y a la mañana siguiente volvía a escribir algo y volvíamos a tenerlo para el almuerzo. Simplemente lo agregábamos al trozo del día anterior. Esto nos llevó unos diez días. Luego fuimos y lo grabamos, porque nos lo habíamos aprendido con facilidad”. El proceso de grabación y los arreglos también fueron increíblemente rápidos, teniendo en cuenta la complejidad de la música que aparece en el disco, lo cual dice mucho de la genialidad de Jethro Tull y de sus capacidades artísticas como músicos y como creadores. Anderson lo recuerda así: “Yo llegaba con una idea básica. Entonces la tocaba con la guitarra acústica o se la comentaba a los chicos en términos de progresión de acordes. A veces yo tenía una idea incompleta o dudosa, pero hacía creer a los demás que estaba bien y que podía funcionar. Hasta que no veía la reacción del grupo no decidía el camino a seguir. Otras veces ellos tenían sus propias ideas sobre cómo se podían hacer los arreglos. Así es como se suponía que tenía que ser: una mezcla de aportaciones de gente distinta”. Lo que realmente estaba sucediendo es que las ideas estaban surgiendo de forma independiente, como si fuesen canciones diferentes, pero el plan no era que “Thick as a brick” fuese un disco al uso en ese sentido, sino que la determinación de crear un álbum conceptual había llevado a que Ian Anderson optase por rizar aún más el rizo: en su mente había anidado ya la idea de hacer un disco que no tuviera canciones sueltas, sino un solo tema por ambas caras, algo que no se había hecho hasta ese momento por ningún otro grupo o artista. De este modo, cada nueva idea, cada nuevo desarrollo musical que normalmente hubiera terminado siendo una canción individual, tenía que ser agregado a lo que se había compuesto anteriormente, intentando darle la coherencia suficiente para conformar ese enorme tema de tan larga duración. Era importante conseguir que no se perdiese la perspectiva, que no flaquease en lo que a consistencia se refiere, para que en ningún momento pudiese ser criticado como si de un puzzle mal montado, o con las piezas encajadas a la fuerza, se tratase. Durante el proceso de composición y de arreglos, Ian procuró en todo momento dar la sensación de tenerlo todo muy bien planeado, pero realmente no era así, sino que su cerebro trabajaba a marchas forzadas para que cada parte nueva que componía tuviese un nexo común con las anteriores. Sin duda una labor ardua, realmente delicada y sumamente complicada, que demuestra nuevamente el enorme genio creativo y musical de Ian Anderson.

En lo referente a las letras, ya he comentado la decisión de Ian al respecto, inventando un personaje ficticio encarnado en un niño de ocho años que supuestamente ha escrito un poema que, tras ganar un supuesto concurso, fue descalificado. Bajo este pretexto, y siempre con la perspectiva de utilizar “Thick as a brick” como una especie de parodia de los discos conceptuales, Anderson escribió las letras más intrincadas, enrevesadas e ininteligibles de toda su carrera. Es absolutamente imposible darle un significado a lo que aparece escrito en el disco, salvo que se haga de forma muy superficial y general, en cuyo caso podemos más o menos estar de acuerdo en que todo gira alrededor de las relaciones familiares entre miembros de diferentes edades en una sociedad media puritana y conservadora anglosajona, a la que se critica de forma ácida y mordaz. Dentro de ello, encontramos de todo en dichas letras, pero en general lo que más encontramos son textos inconexos, que no tienen ningún sentido entre ellos. Esto ha llevado incluso a gente como Craig Thomas, que escribe sobre la discografía de Jethro Tull en la caja recopilatoria por su 25 aniversario, a dudar incluso de que “Thick as a brick” sea un disco conceptual, como él explica textualmente: “Me da la sensación (y ya lo pensé así en su momento) de que ni “Thick as a brick”, ni “A passion play” pueden ser descritos como álbumes conceptuales. Más bien son extensiones lógicas de los heterogéneos y eclécticos experimentos de los discos previos, una forma de escapar al concepto de canciones independientes y todas juntas. El número deja de existir para convertirse en una colección de fragmentos libres a los que se les agregan unas letras impresionantemente metafóricas. Ambas cosas son, para mí, una adaptación de las improvisaciones colectivas del Free-Jazz de los 60. ¿Qué mejor desafío podía haber elegido, después de todo, Ian Anderson para poner a prueba su virtuosismo y el de Jethro Tull?”. Una interesante reflexión, no cabe duda, que además nos lleva a un punto igualmente interesante, como es el de las influencias musicales en “Thick as a brick” y en la carrera de Jethro Tull hasta ese momento. La que peor parada sale, sin duda alguna, es la del blues, que no se encuentra presente en el inminente nuevo álbum de la banda. Ya con “Aqualung” rompieron con tales influencias, que habían sido importantísimas en los inicios de los Tull, sobre todo en sus dos primeros discos. Para la nueva obra maestra, los estilos dominantes iban a ser el rock progresivo y el folk-rock, pero además de estos dos tipos de música, se agregarían dos influencias muy importantes que también se encontraban ya en sus primeros trabajos: el jazz y la música clásica. La relación de Jethro Tull con el jazz es algo bien contrastado y demostrado, como podemos ver en temas como “Serenade to a cuckoo”, “Bourée” o “Living in the past”, siendo las dos últimas especialmente relevantes, por convertirse en parte del repertorio imprescindible de la banda en directo y en dos de los temas ya clásicos en la historia del rock. Esta orientación jazzística estaría también presente en “Thick as a brick”, si bien lo haría en mucha mayor medida a nivel de concepto, de inspiración para componer y estructurar las partes del disco. Lo apuntado por Craig Thomas sobre la relación de la música de este disco con el free-jazz tiene, pues, gran parte de verdad y mucho sentido, sobre todo si atendemos a los antecedentes del grupo, pero también al hecho de que varias partes del disco se grabaron en una sola toma, improvisando los músicos sobre lo ya compuesto. En cuanto a la música clásica, es algo que Anderson se empeñó en negar hasta que se hizo tan evidente que no pudo seguir negándolo: sus influencias clásicas han estado presentes desde siempre en el sonido del grupo. La misma “Bourée” es un buen ejemplo de ello, puesto que ya es sabido que se trata de una adaptación de una obra de J. S. Bach. A lo largo de su carrera, Jethro Tull han seguido cultivando la influencia de la música clásica en sus composiciones, ya sea en forma de temas que son versiones de obras sinfónicas (recordemos, sin ir más lejos, “King Henry’s madrigal”, aunque hay montones de ejemplos más) o bien a través de arreglos orquestales en sus temas, que comenzaron ya en 1969 y no dejaron de aparecer hasta 1980. En “Thick as a brick”, sin embargo, esos arreglos orquestales son puntuales y de muy corta duración, recayendo el mayor peso de la influencia de la música clásica en la propia concepción del disco y en su esquema singular, en el que no hay ninguna canción, sino que el propio Lp al completo es una única pieza musical, a modo de sinfonía. Fue el primer disco de la historia del rock que ofreció este formato, siendo por lo tanto pionero en ello y asumiendo un alto grado de riesgo, ya que no se sabía cuál podía ser la respuesta del público y de la crítica. En cuanto a las influencias más claras en el sonido de “Thick as a brick”, es decir, las del rock progresivo y el folk-rock, dejemos un análisis más detallado para un poco más adelante, cuando el contenido musical del álbum sea desmenuzado.

Una de las cosas con las que Ian Anderson había quedado más descontento en “Aqualung” era la calidad de la grabación del disco. De hecho, siempre ha sido uno de los pocos defectos de un álbum prácticamente perfecto en lo creativo y en lo musical. La pobre calidad de sonido sólo fue resuelta de forma satisfactoria cuando se editó la remasterización digital en 1996, celebrando su 25 aniversario. Ian no quería que eso volviese a suceder y se encargó de que su nueva obra tuviera el sonido que merecía. Así fue: “Thick as a brick” tuvo una producción exquisita, además de contar con los medios necesarios para que su grabación fuese de la más alta calidad. El resultado sería sencillamente el disco con mejor sonido de todo el catálogo de Jethro Tull, una obra brillantísima en la que los innumerables matices musicales se disfrutan en todo su esplendor, un álbum en el que sus sonidos seducen al oyente, hasta el punto de mantenerlo pegado a su equipo de música desde el mismo comienzo hasta el final.

UNA OBRA MAESTRA DEL ROCK (TAMBIÉN DEL PROGRESIVO)

Por fin “Thick as a brick” ve la luz el 10 de marzo de 1972 en Gran Bretaña, editándose poco después, en abril de ese mismo año, en Estados Unidos. Lo primero que sorprende es la presentación del disco, original y atractiva, además de tremendamente ingeniosa. La portada del Lp es la portada de un periódico, el St. Cleve Chronicle, concretamente el número 1003 de los que supuestamente se llevarían editados. Lógicamente, se trata de un diario imaginario, creado por el grupo para la ocasión. En dicha portada se ve lo que es la noticia principal del periódico, que no es otra que la descalificación del poema “Thick as a brick”, escrito por el niño de ocho años de edad Gerald Bostock, que había ganado el primer premio de una competición literaria patrocinada por la Society for Literary Advancement and Gestation (S.L.A.G.). El motivo de la descalificación eran los cientos de protestas y amenazas recibidas después de que el poema fuese leído en la cadena de televisión BBC, por considerarlo obsceno y moralmente reprobable, además del consejo de una serie de psiquiatras infantiles que veían claros signos de desequilibrio en la mente de Bostock. Al mismo tiempo, y como noticia adicional, aparece otra en la que se anuncia que Gerald Bostock habría dejado embarazada a una chica de 14 años de edad, aunque se duda de que un niño de su edad pueda hacer tal cosa. Con todos estos ingredientes se lanza al mercado una auténtica joya del rock, un disco completísimo, sencillamente perfecto en lo musical y en lo temático. Las noticias que aparecen en esa primera plana del periódico, así como la relación entre ellas y la forma en la que están redactadas, dicen mucho de lo que significa este álbum, de su auténtico mensaje o “concepto”, que no es otro que el de la crítica sin tapujos de la hipocresía, el puritanismo llevado a sus extremos, las conflictivas relaciones entre generaciones diferentes dentro de una misma familia y de una misma sociedad, y la moral utilizada como pretexto para conseguir los más taimados objetivos. De todo ello es de lo que nos habla “Thick as a brick” como disco conceptual, y resulta asombroso el modo tan inteligente que finalmente usó Ian Anderson para hacer llegar ese mensaje sin que se perdiese el tono burlón con el que decidió impregnar todo lo referente a la letra de este álbum. Consiguió trasladar a los oyentes y a la sociedad en general un mensaje de plena actualidad y vigencia, consiguió meter el dedo en la llaga de una sociedad de arcaicos pilares basados en una moralidad y una forma de pensar y de concebir la realidad totalmente caducas, pero lo hizo de tal forma que nadie pudiera echárselo en cara o censurarle por ello. Después de todo, era una broma, una enorme y bien montada broma, pero sin embargo, ahí estaba la denuncia, ahí estaba el dardo lanzado para hacer pensar al respecto. Un ataque sibilino a los estamentos más conservadores de la sociedad británica. Nadie ha sabido hacer algo así con tanta inteligencia, con tanta maestría, con tanto atrevimiento y, al mismo tiempo, de forma tan ingeniosa, creando tal cantidad de personajes y medios imaginarios para disfrazar sus intenciones. Entre los detalles irónicos y críticos hacia la sociedad encontramos las mismas iniciales de la Sociedad Literaria que patrocinaba el concurso en el que se había premiado a Gerald Bostock: S.L.A.G. Esta palabra, “slag”, significa “escoria” en inglés, por lo que es una forma de sugerir cuál es uno de los objetivos que persigue el disco: criticar, poner en evidencia a una sociedad acomodada y manipuladora, que en lugar de dedicarse a la búsqueda y promoción del talento y la creatividad original, se esfuerza por corromper tales valores y atributos por el simple hecho de no ser coincidentes con la forma de pensar que dicha sociedad considera adecuada o de buen gusto. Un ejemplo lo vemos en el hecho de que, en esa noticia de primera plana que aparece en el ficticio periódico, el poema de Gerald Bostock, al ser descalificado, permite que el primer premio vaya a otro, escrito por una niña de 12 años, y cuyo título es “He died to save the little children” (Murió para salvar a los niños pequeños), que simplemente ya por ese título deja claro que tiene que ser un poema políticamente y religiosamente mucho más correcto, sin importar que su temática no aporte nada original. De igual manera, y en lo referente a la crítica que supone este disco hacia las relaciones entre generaciones diferentes en el seno de una misma familia o sociedad, es relevante el hecho de que la noticia del embarazo de una amiga de catorce años por Gerald Bostock es finalmente descartado por el doctor, ya que un chico de ocho años es demasiado joven para poder dejar embarazada a una chica. Este detalle apunta hacia el desencuentro y la falta de entendimiento de los mayores con los jóvenes, ya que al pobre Gerald se le niega, incluso en los momentos más difíciles para él, la mera posibilidad de poder haber hecho algo que sólo se acepta en un adulto. Para una mayor aproximación al significado de la letra de este álbum, recomiendo la lectura del trabajo titulado “Jethro Tull, Progressive rock and thematic approach”, de Dave Morris, presentado en la Universidad de Rochester en la primavera de 2.000. Es un trabajo muy interesante y excelentemente elaborado, que seguramente aclarará muchas cosas en lo referente a las interpretaciones que se pueden hacer de la letra de esta obra musical. De él he sacado estas dos últimas interpretaciones sobre el texto escrito por Ian Anderson.

“Thick as a brick” ya merecía la consideración de obra maestra simplemente leyendo las doce páginas de ese periódico que conformaba su portada, un periódico concebido y escrito en su totalidad por Ian Anderson, Jeffrey Hammond y John Evans, que tardaron bastante más tiempo en concebirlo, diseñarlo y escribirlo, que en componer, arreglar y grabar la música que conformaba el disco. Sin duda, es una de las portadas más trabajadas de la historia del rock, una de las más originales y también una de las más inteligentemente realizadas. A día de hoy, el vinilo original, con el periódico a tamaño normal, es una pieza de coleccionista muy cotizada.

Una vez maravillados con el exterior del álbum, comienza la excitante aventura de adentrarse en su sonido, en su música. El inicio acústico, con la guitarra de Anderson y su voz, mientras su flauta suena de fondo, acompañando bucólicamente los arpegios de guitarra acústica, resulta sorprendente por su delicado lirismo y musicalidad, aunque no tanto, ya que unos meses antes se había publicado el EP “Life is a long song”, en el que ya se podía apreciar esa delicadeza y dulzura en la música del grupo. A los pocos segundos la guitarra eléctrica de Martin Barre hace una aparición brevísima, simplemente para apoyar con un muy corto riff distorsionado una de las partes fuertes de los acordes iniciales. Con ello nos está anticipando lo que nos vamos a encontrar a lo largo del álbum: contrastes y más contrastes, alternancias entre lo bucólico, lo distorsionado, lo lírico, lo acústico, lo eléctrico, lo psicodélico, todo ello en una progresión impresionante a nivel sonoro e instrumental. En efecto, a los poco más de tres minutos de canción, la guitarra eléctrica y el resto de instrumentos se tornan mucho más agresivos, acelerando el ritmo y llegando a la primera de las partes instrumentales, dominada al principio por el sonido del órgano Hammond de John Evans, con apoyo de las trompetas y saxofones tocados por Anderson, desembocando en un punteo magistral de Barre, que nos lleva a una breve parada en la que la guitarra acústica de Anderson y el órgano de fondo de Evans sirven de nexo conductor a uno de los riffs más conocidos del rock, protagonizado por guitarra, órgano, instrumentos de viento, bajo y batería al unísono, que da paso al segundo desarrollo instrumental, esta vez ya alucinante y apoteósico, iniciado por la magistral flauta de Anderson, que dibuja filigranas de exquisita musicalidad, bien secundada por esa guitarra excepcional de Martin Barre y un órgano profundo y poderoso. Todo confluye en el archiconocido “The poet and the painter casting shadows on the water...”, que vuelve a hacer de puente entre una parte instrumental y la siguiente. Al terminar el breve trozo cantado, hace aparición la que es una de las piezas instrumentales más famosas, épicas y aclamadas del rock progresivo, en la que la guitarra de Martin Barre adquiere todo el protagonismo, desarrollando un solo repleto de creatividad, intensidad y feeling, mientras el resto del grupo elabora una base rítmica de diferente construcción, pero confluente en lo fundamental, consiguiendo un resultado excepcional, un auténtico muestrario de virtuosismo instrumental y, al mismo tiempo, una de las señas de identidad de la música de Jethro Tull: construir una pieza musical a base de ejecuciones instrumentales de diferente elaboración, pero confluentes y perfectamente coordinadas. Todo ello nos lleva a otra parte vocal que desemboca en uno de los momentos más enérgicos del álbum, el que protagoniza el verso “What do you do when the old man’s gone...”, tras una nueva transición instrumental, esta vez más sugerente y psicodélica. Pero lo mejor está por venir, ya que el grupo va preparando uno de los momentos cumbre de “Thick as a brick” en lo que a partes instrumentales se refiere. Justo cuando la voz termina su parte más enérgica, los teclados lo invaden todo y con sus sonidos alternantes entre lo delicado y lo estridente bajan la intensidad musical, hasta que de repente surge una melodía preciosa y repetitiva, primero a cargo de los teclados e inmediatamente secundada por el resto de instrumentos, sobre todo de la flauta de Anderson, que muestra todo el poderío de ese estilo particular inventado por él, consistente en golpear la travesera con la lengua y los labios al mismo tiempo que sopla. Alternando las partes instrumentales con las vocales, alcanzamos el momento cumbre de la primera cara de “Thick as a brick”, que se redondea con un excelente lucimiento por parte de la flauta, para ir poco a poco progresando hasta un final digno de un genio del calibre de Ian, que logra en esta parte una de las piezas musicales definitivas del rock progresivo, siendo aún elemento destacado en los conciertos del grupo y uno de los momentos más reconocibles en la música de Jethro Tull y, por extensión, en el rock de todos los tiempos. Tras este largo fragmento se llega a una parte muy folk, protagonizada por la guitarra acústica de Ian, además de por su voz, acompañada por las de sus compañeros a modo de improvisada coral. Todo ello nos conduce a otra parte de maravillosa armonía y musicalidad, iniciada por la frase “I see you shuffle in the court room...”, que se convierte en una épica marcha excelentemente guiada por la batería y con inclusión de saxofón y trompetas por parte de Ian, además de los adornos de flauta, como siempre arrebatadores. Los cambios melódicos en este fragmento resultan de una belleza sin parangón y musicalmente perfectos, conduciéndonos hacia el final de la primera parte del Lp sin que apenas nos hayamos enterado de que son ya más de 20 minutos los que llevamos escuchándolo. El final es bastante estridente, unificando los instrumentos de viento con los eléctricos en riffs potentes y breves, muy continuados, de tres en tres, con un silencio entre ellos, jugando con los volúmenes e incluyendo una corta parte de órgano Hammond en medio, para dejar que finalmente vayan perdiéndose en la lejanía y finalice la primera cara del disco con un último riff que da paso a sonidos atmosféricos. Así acaba la cara A del Lp “Thick as a brick”, después de habernos dado una auténtica lección de armonías musicales, excepcionales construcciones instrumentales y compenetración entre los miembros de Jethro Tull.

La segunda cara del disco comienza nuevamente con esos riffs de tres en tres con silencio intermedio, pero como viniendo desde la lejanía y empezando de forma ralentizada, hasta que toman su sonido anterior y es entonces cuando esa corta parte de órgano Hammond que se mostró al final de la cara A, adquiere total protagonismo, esta vez con la voz de Anderson y ese verso “See there! a man is born...”, que apunta la melodía que protagonizará el inicio de la cara B del disco. Ello da paso a un solo de batería muy dinámico a cargo de Barriemore Barlow, ejecutando sobre todo los golpes en caja, toms y timbales, con endiablada rapidez. El solo termina en una parte bastante caótica, con voces de lo más absurdas y silencios prolongados, en un intento de romper la armonía conseguida, lo cual es precisamente el nexo que conduce nuevamente al sonido de la guitarra acústica de Ian, ejecutando los mismos arpegios con los que comenzaba el disco en la cara A, pero cambiando la melodía cantada por la voz, a la vez que apoya con acordes enérgicos y rasgados de guitarra acústica los finales de las partes vocales, en lo que viene a ser la introducción a un nuevo riff de guitarra, órgano, batería, bajo e instrumentos de viento al unísono, pero su protagonismo es breve, ya que su función es la de recordar la vinculación de esta parte con el resto del álbum, sobre todo con el inicio del mismo. Así pasamos a uno de los momentos más folk del disco, con la voz de Ian Anderson cantando de forma dramática, alargando las frases y creando ese mágico estribillo “Do you believe in the day”, con la palabra “believe” asumiendo la intensidad del momento a base de un alargamiento exagerado de su duración al cantarla. Todo ello confluye en una nueva parte musical a modo de marcha, en lo que se nos antoja como una de las características sobresalientes de “Thick as a brick”: el tratamiento de las marchas apoyadas en percusión y guitarras eléctricas, que van progresando de forma intensa y emotiva, creando una base sonora densa, bellísima y de gran dramatismo. Sencillamente evocador y cautivador. Nadie que tenga un mínimo de sensibilidad musical puede obviar la genialidad de lo que Jethro Tull consiguió con “Thick as a brick”. Llegamos al momento final del álbum, pero es un momento que durará la friolera de diez minutos. Se inicia con acordes breves y cortados de guitarra y teclado, que poco a poco van adquiriendo mayor intensidad, creciendo en presencia y en volumen, así como en energía, para dar paso a una jiga que es la que protagonizará todo el final de este maravilloso disco, una jiga basada sobre todo en el órgano Hammond, magistralmente arropado por el resto de instrumentos, con una gran energía y alternancias sensacionales entre lo potente y lo delicado, al tiempo que la voz de Ian Anderson canta ese tremendo y enérgico verso “Let me tell you the tales of your life”, que da paso a una parte instrumental muy acelerada, marcando una serie de cambios que al principio parecen desconcertantes, pero que muy pronto demuestran su razón de ser, ya que lo que estamos escuchando es el repertorio por separado de partes sonoras que en seguida van a configurar la fantástica pieza musical que finalizará el álbum, una pieza legendaria en la historia del rock, con múltiples cambios, paradas y alternancias musicales, en un paroxismo de creatividad sin parangón y un derroche de sentimiento e intensidad como pocas veces se pueden encontrar en la historia del rock. De forma realmente sugerente enlazamos con una de las melodías identificativas de la primera cara del disco, que introduce unas breves pinceladas orquestales para dirigirnos ya al final, con ese bellísimo fragmento que ya habíamos escuchado al comienzo del disco, encabezado por el verso “So you ride yourselves over the fields” y la delicada belleza de la guitarra acústica de Ian Anderson presidiendo una de las melodías más bonitas y armoniosas del rock de todos los tiempos. Así concluye “Thick as a brick”, prácticamente de la misma manera que comenzaba, en lo que es un viaje musical lleno de sensaciones, matices, momentos gloriosos y auténtica y genuina combinación de buen gusto y virtuosismo musical. Los casi 44 minutos más cortos en la historia del rock progresivo, la canción más larga y a la vez más corta del rock en general, pero por encima de todo ello, o quizás como causa de todo ello, también la composición más equilibrada entre la dulzura, la belleza, la estridencia, la distorsión y la delicadeza, llevada a un punto de maestría imposible de alcanzar para la inmensa mayoría de los mortales, y desde luego pocas veces igualado, que no superado.

Si tuviéramos que destacar algún instrumento por encima de los demás en “Thick as a brick”, éstos serían la flauta, las guitarras y los teclados. En ellos encontramos la clave de la combinación de sonidos e influencias de este fantástico trabajo de Jethro Tull. Obviamente, la guitarra acústica y la flauta de Ian Anderson son parte fundamental del disco, contribuyendo además a darle ese aire folk que se respira a lo largo de su escucha en innumerables momentos. Las reminiscencias medievales, celtas o simplemente del folklore anglosajón, aparecen por doquier, marcando una pauta importantísima en la música de Jethro Tull. No cabe duda de que “Thick as a brick” es el álbum, de todos los publicados hasta ese momento, en el que más se notan las influencias del folk en su contenido. Si ya en “Aqualung” aparecía esta influencia en temas como “Mother goose”, en esta ocasión esta vertiente sonora va más allá, profundizando de forma total en las raíces del sonido de la banda. Los discos anteriores, en efecto, mostraban esa influencia, pero no la desarrollaban de forma tan elaborada y armoniosa como sí lo hace “Thick as a brick”. Se puede decir que este álbum marcó el inicio de la evolución de Jethro Tull en lo referente a su sonido más folk. A partir de él iríamos encontrando más y más aportaciones de este tipo de música a las composiciones de Anderson, hasta llegar a esas dos obras de arte del rock progresivo con influencias folk, que son “Songs from the wood” y “Heavy horses”. Difícilmente podrían haber existido ambos sin esa combinación de perfeccionismo, armonía y complejidad de arreglos que ya aparece en “Thick as a brick”. Por otro lado, la guitarra eléctrica y los teclados son los otros dos instrumentos que llevan el peso de otra de las influencias fundamentales en el sonido de Jethro Tull: el rock progresivo. El trabajo de John Evans es simplemente perfecto en tal sentido en “Thick as a brick”. Dejando atrás sus influencias más clásicas, Evans se concentra en llevar sus teclados a niveles más contundentes, a la vez que sugerentes. Buena parte de las melodías destacadas de este disco están protagonizadas por su órgano Hammond, adquiriendo un protagonismo que es inevitable en todo disco de rock progresivo que se precie. Martin Barre, por su parte, realiza un trabajo soberbio con su guitarra, aportando esa variante más hard rockera a la música del álbum, pero al mismo tiempo complementando a la perfección la vertiente progresiva de la música de los Tull. Su estilo se depura y perfecciona de forma impresionante, demostrando que es capaz de tocar con elegancia, estilo y clase, a la vez que sabe rockear con fuerza cuando la ocasión lo requiere. Si en “Aqualung” demostró sus posibilidades como guitarrista de hard rock, en “Thick as a brick”, además, demuestra sus cualidades como músico elegante y con un gusto exquisito a la hora de elaborar sus partes de guitarra y sus solos. Eludiendo el afán de protagonismo, su objetivo es siempre aportar cosas positivas a la música del grupo, estar al servicio del producto final y ser pieza fundamental en el mismo. En lo que respecta a la evolución de Barre como guitarrista en el seno de Jethro Tull, “Thick as a brick” fue el disco que pulió su estilo y lo llevó hacia el perfeccionismo y la elegancia. Nuevamente relacionamos este álbum con “Songs from the wood”, puesto que el trabajo de guitarras en ambos es muy similar, siendo en ambos casos ese sonido de guitarras eléctricas el contraste hard rockero a una música que tiene una componente folk muy acusada, pero que para nada quiere renegar de sus inicios rockeros y contundentes. Nuevamente se observa la importancia capital de “Thick as a brick” en la evolución musical de Jethro Tull y en los caminos que posteriormente tomarían, a pesar de esas injustas y equivocadas críticas destructivas que se le hicieron a su sucesor, “A passion play”, un disco que con el tiempo ha demostrado su auténtica valía y lo que muchos ya sabíamos desde hacía años: que había sido un disco adelantado a su tiempo, pero de una calidad soberbia, como digno continuador de lo que su antecesor había iniciado ya.

LA REACCIÓN DE LA CRÍTICA, EL PÚBLICO Y LA PUESTA EN ESCENA

Cuando “Thick as a brick” se publicó, la reacción inicial fue de extrañeza, pero a la vez de admiración. Se valoró muy positivamente la apuesta del grupo por romper moldes y aportar originalidad a su música y al panorama rockero, a la vez que todo el que escuchaba el álbum iba siendo cautivado por su enorme calidad. Los resultados comerciales fueron los mejores que jamás haya tenido Jethro Tull con ningún otro disco de su catálogo, alcanzando en sólo tres semanas el primer puesto en las listas de Billboard en Estados Unidos y el quinto puesto en las de Gran Bretaña. A día de hoy es uno de los discos que mejor siguen vendiéndose de la banda, además de, por supuesto, de los que mejores críticas recibe, junto con “Aqualung”. Sin embargo, hay que decir que “Thick as a brick” no lo tuvo nada fácil al principio con la crítica, ya que Ian Anderson no quiso hacer declaraciones al respecto de su nueva obra hasta que no leyese las reseñas de los medios especializados. Esto puso a más de un escritor y redactor musical en guardia, dispuestos a destrozar el disco en cuanto lo escuchasen, pero la realidad les abofeteó en la cara y les mostró la grandeza de un álbum que estaba destinado a pasar a la historia desde su mismo lanzamiento. Las críticas fueron enormemente positivas, destacando en general la inteligencia con la que el grupo consigue convertir algo tan complejo en un producto de tan cautivador sonido y fascinante belleza. Chris Welch, el 11 de marzo de 1972, en la revista Melody Maker, apuntaba que “Thick as a brick” era un disco a la altura de todo un “Tommy” y que recibiría las mismas alabanzas o más que la obra maestra de los Who. Tony Tyler, en New Musical Express, y con la misma fecha que el artículo de Chris Welch, también compara “Thick as a brick” con “Tommy”, si bien al final de su artículo realiza una reflexión que el tiempo demostraría equivocada: se atrevía a dudar del éxito comercial del disco. Una duda razonable y comprensible, teniendo en cuenta lo arriesgado de la propuesta musical que los Tull ofrecían al mundo. Continuando con las secuelas de “Aqualung”, en una entrevista concedida por Anderson a Circus en abril de 1972, deja claro el por qué de que “Thick as a brick” sí pueda ser considerado un disco conceptual mientras que su predecesor no: “Aqualung nunca fue concebido como un álbum conceptual... Nunca intentamos que fuese una entidad unitaria. “Thick as a brick” no es un concepto lírico construido alrededor de ningún tema. Es un concepto musical: todo tipo de líneas musicales reaparecen a lo largo del disco, algunas veces en diferentes tiempos o diferentes claves. No hay divisiones en la pieza musical, pero apuesto a que cualquiera podría dividirla en cinco o seis secciones. Todo fue escrito para que pudiéramos representarlo sobre un escenario en su totalidad más tarde en este año. Incluso hay momentos en los que podemos permitirnos extender el contenido musical improvisando sobre ciertas partes, sin interrumpir el desarrollo de la obra”.

La reacción del público fue sencillamente apoteósica, consiguiendo el grupo no sólo afianzar la legión de fans que ya poseían, sino incrementarla de forma exponencial. Su mayor éxito lo alcanzó Jethro Tull en Estados Unidos, donde presentaron su disco en una gira triunfal que directamente entró a formar parte de las grandes giras de la historia del rock. El público respondió de forma impactante, agotando las entradas a velocidad de vértigo. El show era realmente alucinante en lo musical y en lo visual, o mejor habría que decir teatral, ya que con “Thick as a brick” se inaugura la faceta más teatral en lo que a conciertos se refiere, en la historia de Jethro Tull. La banda ejecutaba el álbum en su totalidad sobre el escenario, con un breve intermedio en el que se sucedían unas cortas representaciones en plan humorístico. En el espectáculo se incluía la aparición de hombres rana y simios, así como la representación por parte de varios miembros del grupo de determinados papeles o roles, como es el caso de Jeffrey Hammond, que además de tener su papel protagonista como animador del show, aparecía ataviado como un barón francés. Por su parte, John Evans actuaba como si de un demente aristócrata inglés se tratase. En una crónica del Sydney Morning Herald, el 12 de julio de 1972, Michael Symons hace una interesante reflexión musical sobre la puesta en escena de Jethro Tull en esa época: “La actuacion de Jethro Tull se deriva del teatro de lo absurdo, con hombres rana y simios haciendo inesperadas apariciones. El grupo lleva el presumido drama de los Who y la insana música de los Pink Floyd iniciales a sus lógicas conclusiones”. Terminaron sus conciertos de presentación de “Thick as a brick” en Japón, con la misma energía e intensidad con la que los comenzaron en Inglaterra dos meses antes. Además de presentar todo el nuevo disco al completo, incluían temas de trabajos anteriores como “Aqualung”, “Cross-eyed Mary”, “Locomotive breath”, “Wind up”, “A new day yesterday”, además de temas inéditos como “Hot headed english general” o “Tomorrow was today”. A pesar de que el tour de presentación del nuevo disco finalizaba oficialmente en Japón, la banda continuó tocando el Lp al completo en bastantes conciertos posteriores, pasando después a tocar un largo extracto del mismo, sobre todo cuando tuvieron que representar su siguiente álbum, “A passion play”, de idéntico formato, en directo al completo también.

Se puede decir que en los conciertos de presentación de “Thick as a brick”, Jethro Tull alcanzaría la madurez definitiva en cuanto a su puesta en escena. Hasta ese momento, la figura de Ian Anderson había sido prácticamente el único referente del grupo sobre un escenario, dominando con su presencia todo lo que ocurría a su alrededor, relegando a un papel secundario en lo visual a sus compañeros de grupo. Sin embargo, con la llegada de la vertiente más teatral de su música, Anderson encontró en Jeffrey Hammond y John Evans unos acompañantes de lujo, que secundaban a la perfección las excentricidades de Ian, al tiempo que llenaban con sus gestos y sus habilidades comunicativas los espacios en los que su líder se encontraba demasiado ocupado como para dedicarse a menesteres más interpretativos. Ello hizo que Jethro Tull se convirtiese en un grupo puntero en lo que a directos se refiere, ofreciendo más de dos horas y media de espectáculo, de excelente música y de auténtica diversión. Al aliciente de su virtuosismo musical y su repertorio de primerísimo nivel, añadían una puesta en escena imaginativa y siempre sorprendente, además de una comunicación permanente con la audiencia, lo cual hacía que nadie saliese defraudado de ninguno de sus conciertos.

LAS REPERCUSIONES DE “THICK AS A BRICK” EN EL FUTURO DE LA BANDA

Alcanzar la cima de la popularidad y de la creatividad musical siempre ha sido un arma de doble filo para todo grupo de rock. En muchas ocasiones se ha perdido la perspectiva, dejándose llevar por la efímera gloria y cayendo en un pozo sin fondo. Ian Anderson siempre ha sido un músico de gran inteligencia, pero tras la creación de una obra tan grandiosa como “Thick as a brick”, gracias a la cual incluso se especuló con que Jethro Tull fuese en ese momento la banda más importante del planeta, comenzó a cometer una serie de errores que repercutieron negativamente en el futuro a corto plazo de la banda. El primero de ellos fue adoptar una actitud despreciativa hacia la prensa e incluso hacia su propio público. Seguramente todo era producto de una pose predeterminada, algo así como parte de una imagen arrogante y autosuficiente que él mismo quería mostrar, pero lo cierto es que tuvo graves consecuencias para el grupo. Esa pose de estrella del rock a vuelta de todo es precisamente lo que siempre ha criticado Ian, por lo que resulta difícil de entender que la asumiera en 1972. Como prueba de ello, existen documentos en los que el comportamiento de Ian Anderson con la prensa y el público es poco razonable, por no decir inexplicable. Entre estos documentos están ciertas declaraciones que el líder de Jethro Tull realizó en una entrevista, en la que llegó a decir que no le importaba la audiencia en sus conciertos, mientras no interfiriera en la música que estuvieran tocando. Estas declaraciones las realizó Ian con motivo de sus conciertos en Australia, en el verano de 1972. Incluso llegó a insistir en ello, diciendo textualmente: “Hemos tenido gente cantando y bailando en los pasillos. No significan nada para nosotros. Nos levantamos y tocamos para nosotros mismos”. Comentarios como éstos no hicieron ningún bien a la reputación de la banda, que empezó a ganarse la antipatía de numerosos redactores y críticos musicales.

Otro de los errores cometidos por Ian Anderson fue el de repetir el esquema que tanto éxito le había dado a Jethro Tull con “Thick as a brick”. Tras publicar el recopilatorio “Living in the past”, salió a la venta “A passion play”, un disco que seguía la misma línea que su antecesor, pero con unas letras aún más inescrutables. Lo que había sido genial un año antes, resultaba ahora aburrido, pretencioso y absurdo. Casi toda la prensa internacional, encabezada por el propio Chris Welch, coincidió en destrozar el disco y los shows ofrecidos para presentarlo. Esto supuso la ruptura total de Anderson con la prensa musical. Sin pretender darle la razón a los críticos, ya que como he comentado anteriormente, el tiempo ha puesto las cosas en su sitio y “A passion play” ha terminado siendo lo que es: un excelente disco de rock progresivo de gran calidad, lo cierto es que una persona tan inteligente y hábil como Ian tendría que haber sabido manejar la situación de mejor forma. Quizás el éxito de “Aqualung” y “Thick as a brick” le hizo pensar que podía situarse al margen de la prensa especializada, o quizás simplemente se dejó llevar por un arrebato de soberbia y vanidad, pero lo que está claro es que el enfrentamiento con los críticos, su negativa a hacer declaraciones durante más de dos años y el retiro del grupo durante un año no hicieron ningún bien a Jethro Tull, que pagó caro su distanciamiento de la prensa, aunque como contrapartida tuvo otros apoyos, sobre todo los de su público. Si musicalmente “Thick as a brick” supuso algo muy importante en la evolución del grupo, está claro que en lo referente a sus relaciones con la prensa fue un álbum muy negativo, hasta el punto de que desde 1973 han sido muchos los medios de comunicación especializados que han atacado sistemáticamente todo lo que Jethro Tull ha publicado. Entre dichos medios figura la revista Rolling Stone, que haría malas críticas de discos como “Warchild”, “Minstrel in the gallery” y “Too old to rock ‘n’ roll: Too young to die”, todos ellos de indudable calidad y con argumentos musicales suficientes para ser considerados como obras maestras del rock de los 70, a pesar de que no alcancen la calidad de “Aqualung” o “Thick as a brick”. Este despiadado ataque sistemático a todo lo que Jethro Tull ha hecho posteriormente a 1973 ha seguido produciéndose desde una parte significativa de la prensa musical, aunque afortunadamente para el grupo y para la historia del rock, otros han sabido ser mucho más objetivos al respecto, analizando con justicia la producción musical de una de las bandas más importantes, originales e interesantes de la historia de la música contemporánea.

FICHA TÉCNICA
TRACKLIST
Thick As A Brick Part One, Thick As A Brick Part Two
MÚSICOS
-Ian Anderson: Guitarras, Vocales, Flauta, Violín, Trompeta
-Martin Barre: Guitarras
-John Evan: Piano, Órgano
-Jeffrey Hammond: Bajo
-Barriemore Barlow: Batería
PRODUCCIÓN
Ian Anderson
GÉNERO

Folk Rock

PAÍS
Inglaterra
COMPAÑÍA
Island Records
WEB
www.jethrotull.com