JETHRO
TULL
Thick As A Brick (1972)
asdorock
Reseña por Fran García
(Cortesía de THIS
IS ROCK) |
THICK
AS A BRICK: LA BIBLIA DEL ROCK PROGRESIVO
Cuando en 1971 Jethro Tull publicó “Aqualung”,
muchos críticos pensaron que el grupo había
alcanzado la cumbre de su creatividad. Ian Anderson,
líder de la banda, sonreía sarcásticamente
ante tal idea. Del mismo modo, buena parte de la crítica
lo consideró un disco conceptual, ya que cada
cara del Lp parecía girar alrededor de un concepto
concreto. Ian Anderson volvía a sonreír
secretamente. Por otro lado, el álbum marcaba
una evolución musical absolutamente genial,
dejando atrás el blues rock de sus inicios
y buscando nuevas formas de expresión, como
el hard rock, el folk y el rock progresivo. Fue un
disco tan variado que se ubicaba por igual en las
diversas categorías musicales de la época,
hasta el punto de que para muchos suponía la
mayor evolución musical del grupo, sin que
se atisbaran posibilidades de ir más allá.
Ian Anderson encontró en esta última
afirmación nuevas razones para sonreír,
pero también un estímulo adicional para
demostrar a todo el mundo de lo que era capaz.
LOS ANTECEDENTES
Lo
primero que tuvo que afrontar Jethro Tull tras la
publicación de la primera de sus obras maestras
fue el problema que en el seno de la banda originó
Clive Bunker, su batería. Clive quería
casarse y llevar una vida familiar al lado de su nueva
esposa. Era algo que ya había comentado a Ian
desde hacía tiempo. Si encontraba una mujer
adecuada, dejaría el grupo. Así fue,
por lo que tras la grabación de “Aqualung”,
concretamente en mayo de 1971, Clive Bunker puso fin
a su carrera con Jethro Tull. No obstante, aunque
la versión oficial fuera que Bunker abandonó
el grupo porque deseaba casarse y tener una vida familiar
(el propio Clive lo ha reconocido en alguna entrevista),
seguramente hubiese algunas otras razones para que
esto sucediera, ya que pocos meses después
de abandonar la banda, Clive comenzó un nuevo
proyecto musical llamado Jude, así que resulta
difícil creer que la única razón
por la que salió de los Tull fuese la de disfrutar
de su matrimonio, algo que sólo hizo durante
dos meses. La verdadera razón no fue seguramente
ésa, o al menos no solamente ésa, sino
que probablemente también tuvo mucho que ver
el excesivo protagonismo que el batería estaba
tomando en un grupo que tenía que girar única
y exclusivamente alrededor de la figura de Ian Anderson.
Hacía ya varios años que el líder
de Jethro Tull había decidido que la banda
sería una banda a sus órdenes (irónicamente
se podría denominar también “banda
conceptual”), en el sentido de que toda su actividad
giraría alrededor de su persona y de lo que
él decidiese. De hecho, el propio Bunker comentaba
en una entrevista con Chris Welch, el 6 de marzo de
1971, que se encontraba muy a gusto en Jethro Tull
y que no pasaba por su mente la idea de tocar en ningún
otro grupo, pero tras esas palabras se intuía
algo más. Sus palabras textuales fueron: “Me
encanta ser uno más en la banda. Las canciones
son siempre interesantes. A veces sueltas algún
taco, pero nunca pierdes el interés. Ian tiene
una idea básica y los demás trabajamos
nuestras partes sobre esa idea. En “Song for
Jeffrey” Ian concibió las partes de batería
y sonaron realmente bien”. El punto de vista
de Ian Anderson al respecto es parecido, como revela
en una entrevista con Teri Saccone en diciembre de
1990: “Quizás cuando escribo las canciones
tenga una idea, en lo más remoto de mi cabeza,
de cómo tienen que ser las baterías
del tema en cuestión, así que supongo
que eso me influye. Pero no creo que sea algo deliberado.
Pienso que es producto del subconsciente”. Resulta
más o menos justificado sospechar que por aquel
entonces Bunker ya mostraba su disconformidad con
la situación en la banda, aunque no se atreviese
a declararla abiertamente, sobre todo teniendo en
cuenta el carácter de Ian. Las otras razones
de la marcha de Clive Bunker quizás haya que
buscarlas también en la ruptura del vínculo
que hasta 1970 el grupo había establecido con
el blues-rock, ruptura que sería decidida unilateralmente
por el líder de la banda, producto de la personalidad
del propio Ian Anderson, siempre fuerte y decidida,
en esa obsesión por controlarlo todo, por ser
el líder incuestionable de Jethro Tull y no
permitir que ningún otro músico le robara
protagonismo, ni siquiera a la hora de decidir la
orientación musical del grupo. Quizás
también él era consciente de que la
banda se encontraba en un momento crucial de su carrera,
en un período de enorme creatividad que exigía
una total dedicación y el no cuestionar autoridades,
sobre todo la suya. En cualquier caso, lo cierto es
que con la salida de Clive Bunker, Anderson se convirtió
en el único miembro que quedaba de la formación
original de Jethro Tull de 1968, lo cual consolidaba
aún más su ya incuestionable liderato.
Desprendiéndose de Bunker conseguía
otro argumento más para imponer su voluntad
y sus ideas. Cierto es que perdía a uno de
los mejores baterías de la historia del rock,
pero en aquellos momentos era algo que se podía
permitir. Ya había perdido a Mick Abrahams,
otro extraordinario guitarrista, y a Glenn Cornick,
excelente bajista, ambos reemplazados con diferente
acierto, ya que mientras que Martin Barre estaba a
la altura de Abrahams, su amigo Jeffrey Hammond-Hammond
no sólo no estaba al nivel de Cornick, sino
que incluso tuvo que aprender literalmente a tocar
el bajo para unirse al grupo. Poco podía importarle
al señor Anderson la pérdida de Bunker,
y menos aún cuando tenía al recambio
perfecto: otro genial batería, de exquisita
técnica, enorme creatividad, prodigiosa pegada
y un estilo muy diferente al de Bunker, y que además,
era un viejo conocido de Ian, ya que estuvo con él
en la etapa de The Blades y The John Evan Band, formaciones
anteriores a Jethro Tull, por lo que era el hombre
perfecto para afrontar la revolución musical
que (una vez más) iba a llevar a cabo Ian Anderson
con la música de Jethro Tull. Y es precisamente
en este punto en el que cobra importancia el relevo
a las baquetas en la banda, ya que Clive era un batería
excelente, que respondía perfectamente a los
desarrollos musicales hasta entonces llevados a cabo
por los Tull, pero que se antoja difícil que
pudiera haber realizado un trabajo como el que se
esperaba de él en la nueva etapa. Esta suposición
no es producto de la mera especulación de un
servidor, sino que la baso en declaraciones del propio
Ian Anderson al respecto del papel de los diferentes
baterías en el grupo a lo largo de los años:
“La gente que ha tocado en Jethro Tull no fue
nunca elegida por cómo tocaban, sino por qué
tipo de personas eran. Curiosamente, yo rara vez buscaba
un batería, simplemente aparecían...
Al principio de estar con el grupo, Clive Bunker tenía
una técnica limitada y un número de
tambores limitados sobre los que aplicar su limitada
técnica... Aprendimos mucho juntos, y durante
los tres años que estuvo en el grupo, Clive
se ganó un nombre como batería, habiendo
desarrollado su técnica sustancialmente, pero
hay que verlo todo teniendo en consideración
el contexto de la música que tocábamos
en ese momento, y la técnica de Clive era adecuada
para la música que hacíamos cuando estuvo
con nosotros. Por extensión, nuestra música
fue evolucionando en la misma medida que evolucionaban
las capacidades musicales y técnicas del resto
de miembros del grupo. Estoy totalmente seguro de
que álbumes como “Thick as a brick”
hubieran sonado muy diferentes si la batería
la hubiera tocado cualquier otro música que
no fuese Barriemore Barlow. Todos los músicos
que han tocado en Jethro Tull tuvieron su papel importante
en la medida en la que la música del grupo
iba cambiando”. Más claro, agua: Para
Ian Anderson el pobre Bunker, a pesar de sus innegables
cualidades, no tenía sitio en esa nueva etapa
que se avecinaba, una etapa marcada por la respuesta
del grupo a unas exigencias que le venían desde
todos los sitios: fans, prensa, management,... Todos
pedían a gritos que Jethro Tull facturasen
un álbum de rock progresivo conceptual. Con
“Aqualung” no habían respondido
a las expectativas al cien por cien, entre otras cosas
porque ni siquiera el propio grupo había concebido
ese disco desde semejantes parámetros musicales
y líricos. Ian Anderson ha dicho hasta la saciedad
que “Aqualung” nunca fue un álbum
conceptual. De hecho, él siempre ha visto ese
término desde el escepticismo y la incongruencia.
Entre la larga lista de declaraciones al respecto,
más adelante rescataremos algunas que hacen
referencia a “Aqualung” como álbum
no conceptual, pero ahora es importante conocer el
punto de vista de Ian Anderson acerca del adjetivo
“conceptual” utilizado en álbumes
de rock: “Nunca he estado realmente de acuerdo
con la idea de que un álbum sea conceptual.
Siempre he encontrado ese término redundante,
incluso desde los inicios, cuando se decía
que “Sgt. Pepper’s Lonely Hearts Club
Band” de los Beatles era un álbum conceptual.
Era un conjunto de canciones que ciertamente tenían
un determinado sentimiento para ellos, pero no contaban
una historia ni nada semejante, así que de
ningún modo puedo verlo como un álbum
conceptual, salvo que, por supuesto, os estéis
refiriendo a las drogas que inducían esa música,
en cuyo caso la mayoría de mis discos han sido
álbumes Lowenbrau”. La fina ironía
de Anderson y su peculiar sentido del humor en estas
declaraciones tienen su importancia y son parte de
la clave de lo que sucedería un año
después con el nuevo disco de los Tull, pero
antes de seguir con este tema, lo que ahora interesa
dejar claro es que el grupo tenía en cierto
modo una deuda pendiente, una deuda que dejase satisfechos
a sus fans y que pudiera al mismo tiempo ofrecerle
a Jethro Tull la oportunidad de alcanzar cotas más
ambiciosas y arriesgadas en lo musical. Para ello
necesitaban un nivel de perfección y virtuosismo
instrumental que en esa época ya estaba conseguido
por todos los miembros de la banda. Sólo faltaba
cortar el último vínculo con sus inicios
blues para afrontar de forma total la revolución
sonora en la que se iban a embarcar. Ese último
vínculo quedó definitivamente sesgado
con la marcha de Clive Bunker.
Retomando ahora lo apuntado acerca del sentido del
humor ácido y sarcástico de Ian Anderson,
es el momento de comprender la importancia de ello
en la génesis de “Thick as a brick”.
Como ya he mencionado, había una gran exigencia
de cara al grupo para que compusiera un disco de rock
progresivo conceptual. Era 1971 y joyas del calibre
de “Tommy”, “Sgt. Pepper’s
Lonely Hearts Club Band”, “Days of future
passed”, etc., habían llegado a lo más
alto del rock años atrás, por lo que
buena parte de los fans de Jethro Tull, viendo cómo
en “Aqualung” habían dado un giro
importante a su música, esperaban que esa evolución
se completase y el próximo álbum fuese
aún más arriesgado y ambicioso, introduciéndose
de lleno en los terrenos del rock progresivo conceptual.
Lo mismo sucedía con la crítica especializada,
e incluso con la propia compañía de
discos, Chrysalis, que presionaba al grupo para que
orientase su creatividad en tal sentido. Ian finalmente
cedió a esas presiones, pero lo hizo a su manera:
en lugar de plantearse seriamente el hacer un disco
conceptual, abordó el tema como si de una broma
se tratase. Sus declaraciones al respecto fueron:
“Escribí Thick as a brick como una burla,
una parodia de los álbumes conceptuales. El
disco que lo precedía, “Aqualung”,
había sido visto por los críticos musicales
como un álbum conceptual, cosa con la que yo
estaba totalmente en desacuerdo, aunque hubiera tres
o cuatro canciones de ese tipo juntas, así
que me dije “Ok, démosle a todo el mundo
la madre de todos los álbumes conceptuales”.
Una parte importante de ello fue hacer pensar a la
gente que las letras estaban escritas por un niño
de ocho años, una especie de cerebrito, de
niño precoz, que supuestamente había
venido con todo ese montón de poemas ininteligibles
a los que nosotros le habíamos puesto la música.
Era algo muy divertido, yo intentaba implicar a la
gente en ello y hacer que se divirtiesen con la broma.
Era la época de Monty Python”. Con el
paso del tiempo resulta absolutamente increíble
que incluso en la actualidad algunos críticos
sigan preguntándole a Ian si realmente las
letras de “Thick as a brick” las escribió
ese crío inexistente. Tal controversia incluso
levantaría ampollas en 1972, ya que el propio
Anderson continuó con la broma y en varias
declaraciones insinuó que ese niño era,
en efecto, el que había escrito las letras
del Lp. Hubo incluso críticos musicales que
se enfadaron enormemente al ver cómo habían
hecho el ridículo dando crédito a esa
patraña y habiendo dejado constancia por escrito,
en sus artículos, de tal equivocación,
lo cual ponía en duda su reputación
y su credibilidad. La broma de Anderson, como se puede
apreciar, llegó bastante más lejos de
lo que en un principio hubiera imaginado. Volviendo
al tema del humor, es interesante considerar ese enfoque
a la hora de concebir el disco, puesto que es muy
probable que tal cuestión tuviese buena parte
de la culpa de que el álbum triunfase como
lo hizo. Es evidente que la excelente música
que contenía era la principal responsable de
su éxito, pero no hay que olvidar que su siguiente
trabajo, “A passion play”, igualmente
contenía extraordinarios desarrollos musicales
y, sin embargo, sólo triunfó en Estados
Unidos, siendo totalmente vapuleado por la crítica
del resto del mundo en su época. Independientemente
de los argumentos musicales que se puedan esgrimir
(todos ellos muy cuestionables, aunque respetables),
no deja de ser sintomático que “A passion
play” fuese un disco hecho totalmente en serio,
mientras que “Thick as a brick” tenía
la frescura de la broma, del afrontar las cosas de
forma divertida y espontánea. Pienso que ese
enfoque tuvo mucho que ver en el éxito y el
fracaso de cada uno de esos discos, y no soy yo el
único que lo piensa, como muy bien aclara Anderson:
“Creo que siempre tuvimos un sentido del humor
sobre nosotros mismos mayor que el que tenían
muchas otras bandas contemporáneas, que se
lo tomaban todo seriamente. El cincuenta por ciento
de los norteamericanos no entendieron la broma (respecto
a “Thick as a brick”), y creo que en Japón
casi nadie la entendió, razón por la
que Jethro Tull nunca fuimos grandes en Japón”.
En cuanto a la diferencia de humor entre ambos discos,
Anderson dejó clara su opinión en otras
declaraciones: “Si haces un álbum conceptual
totalmente instrumental (refiriéndose a “Divinities”),
entonces es algo mucho más legítimo.
Deja a un lado la pedantería, la torpeza de
las letras conceptuales en un álbum. Fue por
eso por lo que “Thick as a brick” funcionó
bien. Tenía un punto de diversión, ya
sabes, haciendo creer que las letras estaban escritas
por un niño. Eso cautivó la imaginación
del público... “A passion play”
fue algo más serio y probablemente no funcionó
para mucha gente porque era demasiado serio. No tenía
el humor y ese sentimiento de humildad que sí
tenía su antecesor”. Utilizando un símil
literario, en cierto modo “Thick as a brick”
fue el “Quijote” de los álbumes
conceptuales, una obra que pretendía reírse
de ellos y que consiguió alcanzar los puestos
más altos en ese terreno. No acabó con
ellos, como sí hizo el “Quijote”
con los libros de caballería, pero sí
que pasó a la historia como el mejor disco
de rock progresivo conceptual, o al menos como uno
de los mejores.
EL
PROCESO DE CREACIÓN
Al enfrentarse a un disco de la complejidad de “Thick
as a brick”, cualquiera podría pensar
que su creación fue de lo más complicado
y dificultoso que se pueda imaginar. Realmente no
fue así, sino que todo fluyó de forma
espontánea y muy rápida, producto de
dos factores fundamentales: por un lado, el enorme
genio compositivo de Ian Anderson; por otro lado,
la tremenda capacidad artística, virtuosa y
profesional de los músicos que formaban Jethro
Tull en esa época: Martin Barre a la guitarra,
John Evans a los teclados, Jeffrey Hammond-Hammond
al bajo y Barriemore Barlow a la batería. Todos
ellos se encontraban en un momento de forma absolutamente
privilegiado, habiendo conseguido una compenetración
perfecta y un entendimiento completo con su líder.
Hasta tal punto había llegado esa compenetración
y entendimiento, que la banda al completo colaboró
en el desarrollo del disco y en sus arreglos. En este
proceso de gestación de su segunda obra maestra,
Jethro Tull iba además a consolidar la formación
más virtuosa e impresionante a nivel musical
de toda su carrera, algo que es bastante lógico,
si tenemos en cuenta que todos, con la excepción
de Barre, ya estuvieron en la etapa de The Blades
y The John Evan Band, dos formaciones anteriores a
los Tull. Todo el proceso de creación del nuevo
álbum surgió de forma totalmente espontánea,
como Ian Anderson demuestra con sus declaraciones:
“Realmente completamos el proceso de elaboración
de “Thick as a brick” muy rápidamente.
Escribía la música por la mañana
y llevaba ya el tema escrito para el almuerzo. Lo
exponía al resto de la banda, nos íbamos
a casa y a la mañana siguiente volvía
a escribir algo y volvíamos a tenerlo para
el almuerzo. Simplemente lo agregábamos al
trozo del día anterior. Esto nos llevó
unos diez días. Luego fuimos y lo grabamos,
porque nos lo habíamos aprendido con facilidad”.
El proceso de grabación y los arreglos también
fueron increíblemente rápidos, teniendo
en cuenta la complejidad de la música que aparece
en el disco, lo cual dice mucho de la genialidad de
Jethro Tull y de sus capacidades artísticas
como músicos y como creadores. Anderson lo
recuerda así: “Yo llegaba con una idea
básica. Entonces la tocaba con la guitarra
acústica o se la comentaba a los chicos en
términos de progresión de acordes. A
veces yo tenía una idea incompleta o dudosa,
pero hacía creer a los demás que estaba
bien y que podía funcionar. Hasta que no veía
la reacción del grupo no decidía el
camino a seguir. Otras veces ellos tenían sus
propias ideas sobre cómo se podían hacer
los arreglos. Así es como se suponía
que tenía que ser: una mezcla de aportaciones
de gente distinta”. Lo que realmente estaba
sucediendo es que las ideas estaban surgiendo de forma
independiente, como si fuesen canciones diferentes,
pero el plan no era que “Thick as a brick”
fuese un disco al uso en ese sentido, sino que la
determinación de crear un álbum conceptual
había llevado a que Ian Anderson optase por
rizar aún más el rizo: en su mente había
anidado ya la idea de hacer un disco que no tuviera
canciones sueltas, sino un solo tema por ambas caras,
algo que no se había hecho hasta ese momento
por ningún otro grupo o artista. De este modo,
cada nueva idea, cada nuevo desarrollo musical que
normalmente hubiera terminado siendo una canción
individual, tenía que ser agregado a lo que
se había compuesto anteriormente, intentando
darle la coherencia suficiente para conformar ese
enorme tema de tan larga duración. Era importante
conseguir que no se perdiese la perspectiva, que no
flaquease en lo que a consistencia se refiere, para
que en ningún momento pudiese ser criticado
como si de un puzzle mal montado, o con las piezas
encajadas a la fuerza, se tratase. Durante el proceso
de composición y de arreglos, Ian procuró
en todo momento dar la sensación de tenerlo
todo muy bien planeado, pero realmente no era así,
sino que su cerebro trabajaba a marchas forzadas para
que cada parte nueva que componía tuviese un
nexo común con las anteriores. Sin duda una
labor ardua, realmente delicada y sumamente complicada,
que demuestra nuevamente el enorme genio creativo
y musical de Ian Anderson.
En lo referente a las letras, ya he comentado la decisión
de Ian al respecto, inventando un personaje ficticio
encarnado en un niño de ocho años que
supuestamente ha escrito un poema que, tras ganar
un supuesto concurso, fue descalificado. Bajo este
pretexto, y siempre con la perspectiva de utilizar
“Thick as a brick” como una especie de
parodia de los discos conceptuales, Anderson escribió
las letras más intrincadas, enrevesadas e ininteligibles
de toda su carrera. Es absolutamente imposible darle
un significado a lo que aparece escrito en el disco,
salvo que se haga de forma muy superficial y general,
en cuyo caso podemos más o menos estar de acuerdo
en que todo gira alrededor de las relaciones familiares
entre miembros de diferentes edades en una sociedad
media puritana y conservadora anglosajona, a la que
se critica de forma ácida y mordaz. Dentro
de ello, encontramos de todo en dichas letras, pero
en general lo que más encontramos son textos
inconexos, que no tienen ningún sentido entre
ellos. Esto ha llevado incluso a gente como Craig
Thomas, que escribe sobre la discografía de
Jethro Tull en la caja recopilatoria por su 25 aniversario,
a dudar incluso de que “Thick as a brick”
sea un disco conceptual, como él explica textualmente:
“Me da la sensación (y ya lo pensé
así en su momento) de que ni “Thick as
a brick”, ni “A passion play” pueden
ser descritos como álbumes conceptuales. Más
bien son extensiones lógicas de los heterogéneos
y eclécticos experimentos de los discos previos,
una forma de escapar al concepto de canciones independientes
y todas juntas. El número deja de existir para
convertirse en una colección de fragmentos
libres a los que se les agregan unas letras impresionantemente
metafóricas. Ambas cosas son, para mí,
una adaptación de las improvisaciones colectivas
del Free-Jazz de los 60. ¿Qué mejor
desafío podía haber elegido, después
de todo, Ian Anderson para poner a prueba su virtuosismo
y el de Jethro Tull?”. Una interesante reflexión,
no cabe duda, que además nos lleva a un punto
igualmente interesante, como es el de las influencias
musicales en “Thick as a brick” y en la
carrera de Jethro Tull hasta ese momento. La que peor
parada sale, sin duda alguna, es la del blues, que
no se encuentra presente en el inminente nuevo álbum
de la banda. Ya con “Aqualung” rompieron
con tales influencias, que habían sido importantísimas
en los inicios de los Tull, sobre todo en sus dos
primeros discos. Para la nueva obra maestra, los estilos
dominantes iban a ser el rock progresivo y el folk-rock,
pero además de estos dos tipos de música,
se agregarían dos influencias muy importantes
que también se encontraban ya en sus primeros
trabajos: el jazz y la música clásica.
La relación de Jethro Tull con el jazz es algo
bien contrastado y demostrado, como podemos ver en
temas como “Serenade to a cuckoo”, “Bourée”
o “Living in the past”, siendo las dos
últimas especialmente relevantes, por convertirse
en parte del repertorio imprescindible de la banda
en directo y en dos de los temas ya clásicos
en la historia del rock. Esta orientación jazzística
estaría también presente en “Thick
as a brick”, si bien lo haría en mucha
mayor medida a nivel de concepto, de inspiración
para componer y estructurar las partes del disco.
Lo apuntado por Craig Thomas sobre la relación
de la música de este disco con el free-jazz
tiene, pues, gran parte de verdad y mucho sentido,
sobre todo si atendemos a los antecedentes del grupo,
pero también al hecho de que varias partes
del disco se grabaron en una sola toma, improvisando
los músicos sobre lo ya compuesto. En cuanto
a la música clásica, es algo que Anderson
se empeñó en negar hasta que se hizo
tan evidente que no pudo seguir negándolo:
sus influencias clásicas han estado presentes
desde siempre en el sonido del grupo. La misma “Bourée”
es un buen ejemplo de ello, puesto que ya es sabido
que se trata de una adaptación de una obra
de J. S. Bach. A lo largo de su carrera, Jethro Tull
han seguido cultivando la influencia de la música
clásica en sus composiciones, ya sea en forma
de temas que son versiones de obras sinfónicas
(recordemos, sin ir más lejos, “King
Henry’s madrigal”, aunque hay montones
de ejemplos más) o bien a través de
arreglos orquestales en sus temas, que comenzaron
ya en 1969 y no dejaron de aparecer hasta 1980. En
“Thick as a brick”, sin embargo, esos
arreglos orquestales son puntuales y de muy corta
duración, recayendo el mayor peso de la influencia
de la música clásica en la propia concepción
del disco y en su esquema singular, en el que no hay
ninguna canción, sino que el propio Lp al completo
es una única pieza musical, a modo de sinfonía.
Fue el primer disco de la historia del rock que ofreció
este formato, siendo por lo tanto pionero en ello
y asumiendo un alto grado de riesgo, ya que no se
sabía cuál podía ser la respuesta
del público y de la crítica. En cuanto
a las influencias más claras en el sonido de
“Thick as a brick”, es decir, las del
rock progresivo y el folk-rock, dejemos un análisis
más detallado para un poco más adelante,
cuando el contenido musical del álbum sea desmenuzado.
Una de las cosas con las que Ian Anderson había
quedado más descontento en “Aqualung”
era la calidad de la grabación del disco. De
hecho, siempre ha sido uno de los pocos defectos de
un álbum prácticamente perfecto en lo
creativo y en lo musical. La pobre calidad de sonido
sólo fue resuelta de forma satisfactoria cuando
se editó la remasterización digital
en 1996, celebrando su 25 aniversario. Ian no quería
que eso volviese a suceder y se encargó de
que su nueva obra tuviera el sonido que merecía.
Así fue: “Thick as a brick” tuvo
una producción exquisita, además de
contar con los medios necesarios para que su grabación
fuese de la más alta calidad. El resultado
sería sencillamente el disco con mejor sonido
de todo el catálogo de Jethro Tull, una obra
brillantísima en la que los innumerables matices
musicales se disfrutan en todo su esplendor, un álbum
en el que sus sonidos seducen al oyente, hasta el
punto de mantenerlo pegado a su equipo de música
desde el mismo comienzo hasta el final.
UNA
OBRA MAESTRA DEL ROCK (TAMBIÉN DEL PROGRESIVO)
Por fin “Thick as a brick” ve la luz el
10 de marzo de 1972 en Gran Bretaña, editándose
poco después, en abril de ese mismo año,
en Estados Unidos. Lo primero que sorprende es la
presentación del disco, original y atractiva,
además de tremendamente ingeniosa. La portada
del Lp es la portada de un periódico, el St.
Cleve Chronicle, concretamente el número 1003
de los que supuestamente se llevarían editados.
Lógicamente, se trata de un diario imaginario,
creado por el grupo para la ocasión. En dicha
portada se ve lo que es la noticia principal del periódico,
que no es otra que la descalificación del poema
“Thick as a brick”, escrito por el niño
de ocho años de edad Gerald Bostock, que había
ganado el primer premio de una competición
literaria patrocinada por la Society for Literary
Advancement and Gestation (S.L.A.G.). El motivo de
la descalificación eran los cientos de protestas
y amenazas recibidas después de que el poema
fuese leído en la cadena de televisión
BBC, por considerarlo obsceno y moralmente reprobable,
además del consejo de una serie de psiquiatras
infantiles que veían claros signos de desequilibrio
en la mente de Bostock. Al mismo tiempo, y como noticia
adicional, aparece otra en la que se anuncia que Gerald
Bostock habría dejado embarazada a una chica
de 14 años de edad, aunque se duda de que un
niño de su edad pueda hacer tal cosa. Con todos
estos ingredientes se lanza al mercado una auténtica
joya del rock, un disco completísimo, sencillamente
perfecto en lo musical y en lo temático. Las
noticias que aparecen en esa primera plana del periódico,
así como la relación entre ellas y la
forma en la que están redactadas, dicen mucho
de lo que significa este álbum, de su auténtico
mensaje o “concepto”, que no es otro que
el de la crítica sin tapujos de la hipocresía,
el puritanismo llevado a sus extremos, las conflictivas
relaciones entre generaciones diferentes dentro de
una misma familia y de una misma sociedad, y la moral
utilizada como pretexto para conseguir los más
taimados objetivos. De todo ello es de lo que nos
habla “Thick as a brick” como disco conceptual,
y resulta asombroso el modo tan inteligente que finalmente
usó Ian Anderson para hacer llegar ese mensaje
sin que se perdiese el tono burlón con el que
decidió impregnar todo lo referente a la letra
de este álbum. Consiguió trasladar a
los oyentes y a la sociedad en general un mensaje
de plena actualidad y vigencia, consiguió meter
el dedo en la llaga de una sociedad de arcaicos pilares
basados en una moralidad y una forma de pensar y de
concebir la realidad totalmente caducas, pero lo hizo
de tal forma que nadie pudiera echárselo en
cara o censurarle por ello. Después de todo,
era una broma, una enorme y bien montada broma, pero
sin embargo, ahí estaba la denuncia, ahí
estaba el dardo lanzado para hacer pensar al respecto.
Un ataque sibilino a los estamentos más conservadores
de la sociedad británica. Nadie ha sabido hacer
algo así con tanta inteligencia, con tanta
maestría, con tanto atrevimiento y, al mismo
tiempo, de forma tan ingeniosa, creando tal cantidad
de personajes y medios imaginarios para disfrazar
sus intenciones. Entre los detalles irónicos
y críticos hacia la sociedad encontramos las
mismas iniciales de la Sociedad Literaria que patrocinaba
el concurso en el que se había premiado a Gerald
Bostock: S.L.A.G. Esta palabra, “slag”,
significa “escoria” en inglés,
por lo que es una forma de sugerir cuál es
uno de los objetivos que persigue el disco: criticar,
poner en evidencia a una sociedad acomodada y manipuladora,
que en lugar de dedicarse a la búsqueda y promoción
del talento y la creatividad original, se esfuerza
por corromper tales valores y atributos por el simple
hecho de no ser coincidentes con la forma de pensar
que dicha sociedad considera adecuada o de buen gusto.
Un ejemplo lo vemos en el hecho de que, en esa noticia
de primera plana que aparece en el ficticio periódico,
el poema de Gerald Bostock, al ser descalificado,
permite que el primer premio vaya a otro, escrito
por una niña de 12 años, y cuyo título
es “He died to save the little children”
(Murió para salvar a los niños pequeños),
que simplemente ya por ese título deja claro
que tiene que ser un poema políticamente y
religiosamente mucho más correcto, sin importar
que su temática no aporte nada original. De
igual manera, y en lo referente a la crítica
que supone este disco hacia las relaciones entre generaciones
diferentes en el seno de una misma familia o sociedad,
es relevante el hecho de que la noticia del embarazo
de una amiga de catorce años por Gerald Bostock
es finalmente descartado por el doctor, ya que un
chico de ocho años es demasiado joven para
poder dejar embarazada a una chica. Este detalle apunta
hacia el desencuentro y la falta de entendimiento
de los mayores con los jóvenes, ya que al pobre
Gerald se le niega, incluso en los momentos más
difíciles para él, la mera posibilidad
de poder haber hecho algo que sólo se acepta
en un adulto. Para una mayor aproximación al
significado de la letra de este álbum, recomiendo
la lectura del trabajo titulado “Jethro Tull,
Progressive rock and thematic approach”, de
Dave Morris, presentado en la Universidad de Rochester
en la primavera de 2.000. Es un trabajo muy interesante
y excelentemente elaborado, que seguramente aclarará
muchas cosas en lo referente a las interpretaciones
que se pueden hacer de la letra de esta obra musical.
De él he sacado estas dos últimas interpretaciones
sobre el texto escrito por Ian Anderson.
“Thick as a brick” ya merecía la
consideración de obra maestra simplemente leyendo
las doce páginas de ese periódico que
conformaba su portada, un periódico concebido
y escrito en su totalidad por Ian Anderson, Jeffrey
Hammond y John Evans, que tardaron bastante más
tiempo en concebirlo, diseñarlo y escribirlo,
que en componer, arreglar y grabar la música
que conformaba el disco. Sin duda, es una de las portadas
más trabajadas de la historia del rock, una
de las más originales y también una
de las más inteligentemente realizadas. A día
de hoy, el vinilo original, con el periódico
a tamaño normal, es una pieza de coleccionista
muy cotizada.
Una vez maravillados con el exterior del álbum,
comienza la excitante aventura de adentrarse en su
sonido, en su música. El inicio acústico,
con la guitarra de Anderson y su voz, mientras su
flauta suena de fondo, acompañando bucólicamente
los arpegios de guitarra acústica, resulta
sorprendente por su delicado lirismo y musicalidad,
aunque no tanto, ya que unos meses antes se había
publicado el EP “Life is a long song”,
en el que ya se podía apreciar esa delicadeza
y dulzura en la música del grupo. A los pocos
segundos la guitarra eléctrica de Martin Barre
hace una aparición brevísima, simplemente
para apoyar con un muy corto riff distorsionado una
de las partes fuertes de los acordes iniciales. Con
ello nos está anticipando lo que nos vamos
a encontrar a lo largo del álbum: contrastes
y más contrastes, alternancias entre lo bucólico,
lo distorsionado, lo lírico, lo acústico,
lo eléctrico, lo psicodélico, todo ello
en una progresión impresionante a nivel sonoro
e instrumental. En efecto, a los poco más de
tres minutos de canción, la guitarra eléctrica
y el resto de instrumentos se tornan mucho más
agresivos, acelerando el ritmo y llegando a la primera
de las partes instrumentales, dominada al principio
por el sonido del órgano Hammond de John Evans,
con apoyo de las trompetas y saxofones tocados por
Anderson, desembocando en un punteo magistral de Barre,
que nos lleva a una breve parada en la que la guitarra
acústica de Anderson y el órgano de
fondo de Evans sirven de nexo conductor a uno de los
riffs más conocidos del rock, protagonizado
por guitarra, órgano, instrumentos de viento,
bajo y batería al unísono, que da paso
al segundo desarrollo instrumental, esta vez ya alucinante
y apoteósico, iniciado por la magistral flauta
de Anderson, que dibuja filigranas de exquisita musicalidad,
bien secundada por esa guitarra excepcional de Martin
Barre y un órgano profundo y poderoso. Todo
confluye en el archiconocido “The poet and the
painter casting shadows on the water...”, que
vuelve a hacer de puente entre una parte instrumental
y la siguiente. Al terminar el breve trozo cantado,
hace aparición la que es una de las piezas
instrumentales más famosas, épicas y
aclamadas del rock progresivo, en la que la guitarra
de Martin Barre adquiere todo el protagonismo, desarrollando
un solo repleto de creatividad, intensidad y feeling,
mientras el resto del grupo elabora una base rítmica
de diferente construcción, pero confluente
en lo fundamental, consiguiendo un resultado excepcional,
un auténtico muestrario de virtuosismo instrumental
y, al mismo tiempo, una de las señas de identidad
de la música de Jethro Tull: construir una
pieza musical a base de ejecuciones instrumentales
de diferente elaboración, pero confluentes
y perfectamente coordinadas. Todo ello nos lleva a
otra parte vocal que desemboca en uno de los momentos
más enérgicos del álbum, el que
protagoniza el verso “What do you do when the
old man’s gone...”, tras una nueva transición
instrumental, esta vez más sugerente y psicodélica.
Pero lo mejor está por venir, ya que el grupo
va preparando uno de los momentos cumbre de “Thick
as a brick” en lo que a partes instrumentales
se refiere. Justo cuando la voz termina su parte más
enérgica, los teclados lo invaden todo y con
sus sonidos alternantes entre lo delicado y lo estridente
bajan la intensidad musical, hasta que de repente
surge una melodía preciosa y repetitiva, primero
a cargo de los teclados e inmediatamente secundada
por el resto de instrumentos, sobre todo de la flauta
de Anderson, que muestra todo el poderío de
ese estilo particular inventado por él, consistente
en golpear la travesera con la lengua y los labios
al mismo tiempo que sopla. Alternando las partes instrumentales
con las vocales, alcanzamos el momento cumbre de la
primera cara de “Thick as a brick”, que
se redondea con un excelente lucimiento por parte
de la flauta, para ir poco a poco progresando hasta
un final digno de un genio del calibre de Ian, que
logra en esta parte una de las piezas musicales definitivas
del rock progresivo, siendo aún elemento destacado
en los conciertos del grupo y uno de los momentos
más reconocibles en la música de Jethro
Tull y, por extensión, en el rock de todos
los tiempos. Tras este largo fragmento se llega a
una parte muy folk, protagonizada por la guitarra
acústica de Ian, además de por su voz,
acompañada por las de sus compañeros
a modo de improvisada coral. Todo ello nos conduce
a otra parte de maravillosa armonía y musicalidad,
iniciada por la frase “I see you shuffle in
the court room...”, que se convierte en una
épica marcha excelentemente guiada por la batería
y con inclusión de saxofón y trompetas
por parte de Ian, además de los adornos de
flauta, como siempre arrebatadores. Los cambios melódicos
en este fragmento resultan de una belleza sin parangón
y musicalmente perfectos, conduciéndonos hacia
el final de la primera parte del Lp sin que apenas
nos hayamos enterado de que son ya más de 20
minutos los que llevamos escuchándolo. El final
es bastante estridente, unificando los instrumentos
de viento con los eléctricos en riffs potentes
y breves, muy continuados, de tres en tres, con un
silencio entre ellos, jugando con los volúmenes
e incluyendo una corta parte de órgano Hammond
en medio, para dejar que finalmente vayan perdiéndose
en la lejanía y finalice la primera cara del
disco con un último riff que da paso a sonidos
atmosféricos. Así acaba la cara A del
Lp “Thick as a brick”, después
de habernos dado una auténtica lección
de armonías musicales, excepcionales construcciones
instrumentales y compenetración entre los miembros
de Jethro Tull.
La segunda cara del disco comienza nuevamente con
esos riffs de tres en tres con silencio intermedio,
pero como viniendo desde la lejanía y empezando
de forma ralentizada, hasta que toman su sonido anterior
y es entonces cuando esa corta parte de órgano
Hammond que se mostró al final de la cara A,
adquiere total protagonismo, esta vez con la voz de
Anderson y ese verso “See there! a man is born...”,
que apunta la melodía que protagonizará
el inicio de la cara B del disco. Ello da paso a un
solo de batería muy dinámico a cargo
de Barriemore Barlow, ejecutando sobre todo los golpes
en caja, toms y timbales, con endiablada rapidez.
El solo termina en una parte bastante caótica,
con voces de lo más absurdas y silencios prolongados,
en un intento de romper la armonía conseguida,
lo cual es precisamente el nexo que conduce nuevamente
al sonido de la guitarra acústica de Ian, ejecutando
los mismos arpegios con los que comenzaba el disco
en la cara A, pero cambiando la melodía cantada
por la voz, a la vez que apoya con acordes enérgicos
y rasgados de guitarra acústica los finales
de las partes vocales, en lo que viene a ser la introducción
a un nuevo riff de guitarra, órgano, batería,
bajo e instrumentos de viento al unísono, pero
su protagonismo es breve, ya que su función
es la de recordar la vinculación de esta parte
con el resto del álbum, sobre todo con el inicio
del mismo. Así pasamos a uno de los momentos
más folk del disco, con la voz de Ian Anderson
cantando de forma dramática, alargando las
frases y creando ese mágico estribillo “Do
you believe in the day”, con la palabra “believe”
asumiendo la intensidad del momento a base de un alargamiento
exagerado de su duración al cantarla. Todo
ello confluye en una nueva parte musical a modo de
marcha, en lo que se nos antoja como una de las características
sobresalientes de “Thick as a brick”:
el tratamiento de las marchas apoyadas en percusión
y guitarras eléctricas, que van progresando
de forma intensa y emotiva, creando una base sonora
densa, bellísima y de gran dramatismo. Sencillamente
evocador y cautivador. Nadie que tenga un mínimo
de sensibilidad musical puede obviar la genialidad
de lo que Jethro Tull consiguió con “Thick
as a brick”. Llegamos al momento final del álbum,
pero es un momento que durará la friolera de
diez minutos. Se inicia con acordes breves y cortados
de guitarra y teclado, que poco a poco van adquiriendo
mayor intensidad, creciendo en presencia y en volumen,
así como en energía, para dar paso a
una jiga que es la que protagonizará todo el
final de este maravilloso disco, una jiga basada sobre
todo en el órgano Hammond, magistralmente arropado
por el resto de instrumentos, con una gran energía
y alternancias sensacionales entre lo potente y lo
delicado, al tiempo que la voz de Ian Anderson canta
ese tremendo y enérgico verso “Let me
tell you the tales of your life”, que da paso
a una parte instrumental muy acelerada, marcando una
serie de cambios que al principio parecen desconcertantes,
pero que muy pronto demuestran su razón de
ser, ya que lo que estamos escuchando es el repertorio
por separado de partes sonoras que en seguida van
a configurar la fantástica pieza musical que
finalizará el álbum, una pieza legendaria
en la historia del rock, con múltiples cambios,
paradas y alternancias musicales, en un paroxismo
de creatividad sin parangón y un derroche de
sentimiento e intensidad como pocas veces se pueden
encontrar en la historia del rock. De forma realmente
sugerente enlazamos con una de las melodías
identificativas de la primera cara del disco, que
introduce unas breves pinceladas orquestales para
dirigirnos ya al final, con ese bellísimo fragmento
que ya habíamos escuchado al comienzo del disco,
encabezado por el verso “So you ride yourselves
over the fields” y la delicada belleza de la
guitarra acústica de Ian Anderson presidiendo
una de las melodías más bonitas y armoniosas
del rock de todos los tiempos. Así concluye
“Thick as a brick”, prácticamente
de la misma manera que comenzaba, en lo que es un
viaje musical lleno de sensaciones, matices, momentos
gloriosos y auténtica y genuina combinación
de buen gusto y virtuosismo musical. Los casi 44 minutos
más cortos en la historia del rock progresivo,
la canción más larga y a la vez más
corta del rock en general, pero por encima de todo
ello, o quizás como causa de todo ello, también
la composición más equilibrada entre
la dulzura, la belleza, la estridencia, la distorsión
y la delicadeza, llevada a un punto de maestría
imposible de alcanzar para la inmensa mayoría
de los mortales, y desde luego pocas veces igualado,
que no superado.
Si tuviéramos que destacar algún instrumento
por encima de los demás en “Thick as
a brick”, éstos serían la flauta,
las guitarras y los teclados. En ellos encontramos
la clave de la combinación de sonidos e influencias
de este fantástico trabajo de Jethro Tull.
Obviamente, la guitarra acústica y la flauta
de Ian Anderson son parte fundamental del disco, contribuyendo
además a darle ese aire folk que se respira
a lo largo de su escucha en innumerables momentos.
Las reminiscencias medievales, celtas o simplemente
del folklore anglosajón, aparecen por doquier,
marcando una pauta importantísima en la música
de Jethro Tull. No cabe duda de que “Thick as
a brick” es el álbum, de todos los publicados
hasta ese momento, en el que más se notan las
influencias del folk en su contenido. Si ya en “Aqualung”
aparecía esta influencia en temas como “Mother
goose”, en esta ocasión esta vertiente
sonora va más allá, profundizando de
forma total en las raíces del sonido de la
banda. Los discos anteriores, en efecto, mostraban
esa influencia, pero no la desarrollaban de forma
tan elaborada y armoniosa como sí lo hace “Thick
as a brick”. Se puede decir que este álbum
marcó el inicio de la evolución de Jethro
Tull en lo referente a su sonido más folk.
A partir de él iríamos encontrando más
y más aportaciones de este tipo de música
a las composiciones de Anderson, hasta llegar a esas
dos obras de arte del rock progresivo con influencias
folk, que son “Songs from the wood” y
“Heavy horses”. Difícilmente podrían
haber existido ambos sin esa combinación de
perfeccionismo, armonía y complejidad de arreglos
que ya aparece en “Thick as a brick”.
Por otro lado, la guitarra eléctrica y los
teclados son los otros dos instrumentos que llevan
el peso de otra de las influencias fundamentales en
el sonido de Jethro Tull: el rock progresivo. El trabajo
de John Evans es simplemente perfecto en tal sentido
en “Thick as a brick”. Dejando atrás
sus influencias más clásicas, Evans
se concentra en llevar sus teclados a niveles más
contundentes, a la vez que sugerentes. Buena parte
de las melodías destacadas de este disco están
protagonizadas por su órgano Hammond, adquiriendo
un protagonismo que es inevitable en todo disco de
rock progresivo que se precie. Martin Barre, por su
parte, realiza un trabajo soberbio con su guitarra,
aportando esa variante más hard rockera a la
música del álbum, pero al mismo tiempo
complementando a la perfección la vertiente
progresiva de la música de los Tull. Su estilo
se depura y perfecciona de forma impresionante, demostrando
que es capaz de tocar con elegancia, estilo y clase,
a la vez que sabe rockear con fuerza cuando la ocasión
lo requiere. Si en “Aqualung” demostró
sus posibilidades como guitarrista de hard rock, en
“Thick as a brick”, además, demuestra
sus cualidades como músico elegante y con un
gusto exquisito a la hora de elaborar sus partes de
guitarra y sus solos. Eludiendo el afán de
protagonismo, su objetivo es siempre aportar cosas
positivas a la música del grupo, estar al servicio
del producto final y ser pieza fundamental en el mismo.
En lo que respecta a la evolución de Barre
como guitarrista en el seno de Jethro Tull, “Thick
as a brick” fue el disco que pulió su
estilo y lo llevó hacia el perfeccionismo y
la elegancia. Nuevamente relacionamos este álbum
con “Songs from the wood”, puesto que
el trabajo de guitarras en ambos es muy similar, siendo
en ambos casos ese sonido de guitarras eléctricas
el contraste hard rockero a una música que
tiene una componente folk muy acusada, pero que para
nada quiere renegar de sus inicios rockeros y contundentes.
Nuevamente se observa la importancia capital de “Thick
as a brick” en la evolución musical de
Jethro Tull y en los caminos que posteriormente tomarían,
a pesar de esas injustas y equivocadas críticas
destructivas que se le hicieron a su sucesor, “A
passion play”, un disco que con el tiempo ha
demostrado su auténtica valía y lo que
muchos ya sabíamos desde hacía años:
que había sido un disco adelantado a su tiempo,
pero de una calidad soberbia, como digno continuador
de lo que su antecesor había iniciado ya.
LA
REACCIÓN DE LA CRÍTICA, EL PÚBLICO
Y LA PUESTA EN ESCENA
Cuando “Thick as a brick” se publicó,
la reacción inicial fue de extrañeza,
pero a la vez de admiración. Se valoró
muy positivamente la apuesta del grupo por romper
moldes y aportar originalidad a su música y
al panorama rockero, a la vez que todo el que escuchaba
el álbum iba siendo cautivado por su enorme
calidad. Los resultados comerciales fueron los mejores
que jamás haya tenido Jethro Tull con ningún
otro disco de su catálogo, alcanzando en sólo
tres semanas el primer puesto en las listas de Billboard
en Estados Unidos y el quinto puesto en las de Gran
Bretaña. A día de hoy es uno de los
discos que mejor siguen vendiéndose de la banda,
además de, por supuesto, de los que mejores
críticas recibe, junto con “Aqualung”.
Sin embargo, hay que decir que “Thick as a brick”
no lo tuvo nada fácil al principio con la crítica,
ya que Ian Anderson no quiso hacer declaraciones al
respecto de su nueva obra hasta que no leyese las
reseñas de los medios especializados. Esto
puso a más de un escritor y redactor musical
en guardia, dispuestos a destrozar el disco en cuanto
lo escuchasen, pero la realidad les abofeteó
en la cara y les mostró la grandeza de un álbum
que estaba destinado a pasar a la historia desde su
mismo lanzamiento. Las críticas fueron enormemente
positivas, destacando en general la inteligencia con
la que el grupo consigue convertir algo tan complejo
en un producto de tan cautivador sonido y fascinante
belleza. Chris Welch, el 11 de marzo de 1972, en la
revista Melody Maker, apuntaba que “Thick as
a brick” era un disco a la altura de todo un
“Tommy” y que recibiría las mismas
alabanzas o más que la obra maestra de los
Who. Tony Tyler, en New Musical Express, y con la
misma fecha que el artículo de Chris Welch,
también compara “Thick as a brick”
con “Tommy”, si bien al final de su artículo
realiza una reflexión que el tiempo demostraría
equivocada: se atrevía a dudar del éxito
comercial del disco. Una duda razonable y comprensible,
teniendo en cuenta lo arriesgado de la propuesta musical
que los Tull ofrecían al mundo. Continuando
con las secuelas de “Aqualung”, en una
entrevista concedida por Anderson a Circus en abril
de 1972, deja claro el por qué de que “Thick
as a brick” sí pueda ser considerado
un disco conceptual mientras que su predecesor no:
“Aqualung nunca fue concebido como un álbum
conceptual... Nunca intentamos que fuese una entidad
unitaria. “Thick as a brick” no es un
concepto lírico construido alrededor de ningún
tema. Es un concepto musical: todo tipo de líneas
musicales reaparecen a lo largo del disco, algunas
veces en diferentes tiempos o diferentes claves. No
hay divisiones en la pieza musical, pero apuesto a
que cualquiera podría dividirla en cinco o
seis secciones. Todo fue escrito para que pudiéramos
representarlo sobre un escenario en su totalidad más
tarde en este año. Incluso hay momentos en
los que podemos permitirnos extender el contenido
musical improvisando sobre ciertas partes, sin interrumpir
el desarrollo de la obra”.
La reacción del público fue sencillamente
apoteósica, consiguiendo el grupo no sólo
afianzar la legión de fans que ya poseían,
sino incrementarla de forma exponencial. Su mayor
éxito lo alcanzó Jethro Tull en Estados
Unidos, donde presentaron su disco en una gira triunfal
que directamente entró a formar parte de las
grandes giras de la historia del rock. El público
respondió de forma impactante, agotando las
entradas a velocidad de vértigo. El show era
realmente alucinante en lo musical y en lo visual,
o mejor habría que decir teatral, ya que con
“Thick as a brick” se inaugura la faceta
más teatral en lo que a conciertos se refiere,
en la historia de Jethro Tull. La banda ejecutaba
el álbum en su totalidad sobre el escenario,
con un breve intermedio en el que se sucedían
unas cortas representaciones en plan humorístico.
En el espectáculo se incluía la aparición
de hombres rana y simios, así como la representación
por parte de varios miembros del grupo de determinados
papeles o roles, como es el caso de Jeffrey Hammond,
que además de tener su papel protagonista como
animador del show, aparecía ataviado como un
barón francés. Por su parte, John Evans
actuaba como si de un demente aristócrata inglés
se tratase. En una crónica del Sydney Morning
Herald, el 12 de julio de 1972, Michael Symons hace
una interesante reflexión musical sobre la
puesta en escena de Jethro Tull en esa época:
“La actuacion de Jethro Tull se deriva del teatro
de lo absurdo, con hombres rana y simios haciendo
inesperadas apariciones. El grupo lleva el presumido
drama de los Who y la insana música de los
Pink Floyd iniciales a sus lógicas conclusiones”.
Terminaron sus conciertos de presentación de
“Thick as a brick” en Japón, con
la misma energía e intensidad con la que los
comenzaron en Inglaterra dos meses antes. Además
de presentar todo el nuevo disco al completo, incluían
temas de trabajos anteriores como “Aqualung”,
“Cross-eyed Mary”, “Locomotive breath”,
“Wind up”, “A new day yesterday”,
además de temas inéditos como “Hot
headed english general” o “Tomorrow was
today”. A pesar de que el tour de presentación
del nuevo disco finalizaba oficialmente en Japón,
la banda continuó tocando el Lp al completo
en bastantes conciertos posteriores, pasando después
a tocar un largo extracto del mismo, sobre todo cuando
tuvieron que representar su siguiente álbum,
“A passion play”, de idéntico formato,
en directo al completo también.
Se puede decir que en los conciertos de presentación
de “Thick as a brick”, Jethro Tull alcanzaría
la madurez definitiva en cuanto a su puesta en escena.
Hasta ese momento, la figura de Ian Anderson había
sido prácticamente el único referente
del grupo sobre un escenario, dominando con su presencia
todo lo que ocurría a su alrededor, relegando
a un papel secundario en lo visual a sus compañeros
de grupo. Sin embargo, con la llegada de la vertiente
más teatral de su música, Anderson encontró
en Jeffrey Hammond y John Evans unos acompañantes
de lujo, que secundaban a la perfección las
excentricidades de Ian, al tiempo que llenaban con
sus gestos y sus habilidades comunicativas los espacios
en los que su líder se encontraba demasiado
ocupado como para dedicarse a menesteres más
interpretativos. Ello hizo que Jethro Tull se convirtiese
en un grupo puntero en lo que a directos se refiere,
ofreciendo más de dos horas y media de espectáculo,
de excelente música y de auténtica diversión.
Al aliciente de su virtuosismo musical y su repertorio
de primerísimo nivel, añadían
una puesta en escena imaginativa y siempre sorprendente,
además de una comunicación permanente
con la audiencia, lo cual hacía que nadie saliese
defraudado de ninguno de sus conciertos.
LAS
REPERCUSIONES DE “THICK AS A BRICK” EN
EL FUTURO DE LA BANDA
Alcanzar la cima de la popularidad y de la creatividad
musical siempre ha sido un arma de doble filo para
todo grupo de rock. En muchas ocasiones se ha perdido
la perspectiva, dejándose llevar por la efímera
gloria y cayendo en un pozo sin fondo. Ian Anderson
siempre ha sido un músico de gran inteligencia,
pero tras la creación de una obra tan grandiosa
como “Thick as a brick”, gracias a la
cual incluso se especuló con que Jethro Tull
fuese en ese momento la banda más importante
del planeta, comenzó a cometer una serie de
errores que repercutieron negativamente en el futuro
a corto plazo de la banda. El primero de ellos fue
adoptar una actitud despreciativa hacia la prensa
e incluso hacia su propio público. Seguramente
todo era producto de una pose predeterminada, algo
así como parte de una imagen arrogante y autosuficiente
que él mismo quería mostrar, pero lo
cierto es que tuvo graves consecuencias para el grupo.
Esa pose de estrella del rock a vuelta de todo es
precisamente lo que siempre ha criticado Ian, por
lo que resulta difícil de entender que la asumiera
en 1972. Como prueba de ello, existen documentos en
los que el comportamiento de Ian Anderson con la prensa
y el público es poco razonable, por no decir
inexplicable. Entre estos documentos están
ciertas declaraciones que el líder de Jethro
Tull realizó en una entrevista, en la que llegó
a decir que no le importaba la audiencia en sus conciertos,
mientras no interfiriera en la música que estuvieran
tocando. Estas declaraciones las realizó Ian
con motivo de sus conciertos en Australia, en el verano
de 1972. Incluso llegó a insistir en ello,
diciendo textualmente: “Hemos tenido gente cantando
y bailando en los pasillos. No significan nada para
nosotros. Nos levantamos y tocamos para nosotros mismos”.
Comentarios como éstos no hicieron ningún
bien a la reputación de la banda, que empezó
a ganarse la antipatía de numerosos redactores
y críticos musicales.
Otro de los errores cometidos por Ian Anderson fue
el de repetir el esquema que tanto éxito le
había dado a Jethro Tull con “Thick as
a brick”. Tras publicar el recopilatorio “Living
in the past”, salió a la venta “A
passion play”, un disco que seguía la
misma línea que su antecesor, pero con unas
letras aún más inescrutables. Lo que
había sido genial un año antes, resultaba
ahora aburrido, pretencioso y absurdo. Casi toda la
prensa internacional, encabezada por el propio Chris
Welch, coincidió en destrozar el disco y los
shows ofrecidos para presentarlo. Esto supuso la ruptura
total de Anderson con la prensa musical. Sin pretender
darle la razón a los críticos, ya que
como he comentado anteriormente, el tiempo ha puesto
las cosas en su sitio y “A passion play”
ha terminado siendo lo que es: un excelente disco
de rock progresivo de gran calidad, lo cierto es que
una persona tan inteligente y hábil como Ian
tendría que haber sabido manejar la situación
de mejor forma. Quizás el éxito de “Aqualung”
y “Thick as a brick” le hizo pensar que
podía situarse al margen de la prensa especializada,
o quizás simplemente se dejó llevar
por un arrebato de soberbia y vanidad, pero lo que
está claro es que el enfrentamiento con los
críticos, su negativa a hacer declaraciones
durante más de dos años y el retiro
del grupo durante un año no hicieron ningún
bien a Jethro Tull, que pagó caro su distanciamiento
de la prensa, aunque como contrapartida tuvo otros
apoyos, sobre todo los de su público. Si musicalmente
“Thick as a brick” supuso algo muy importante
en la evolución del grupo, está claro
que en lo referente a sus relaciones con la prensa
fue un álbum muy negativo, hasta el punto de
que desde 1973 han sido muchos los medios de comunicación
especializados que han atacado sistemáticamente
todo lo que Jethro Tull ha publicado. Entre dichos
medios figura la revista Rolling Stone, que haría
malas críticas de discos como “Warchild”,
“Minstrel in the gallery” y “Too
old to rock ‘n’ roll: Too young to die”,
todos ellos de indudable calidad y con argumentos
musicales suficientes para ser considerados como obras
maestras del rock de los 70, a pesar de que no alcancen
la calidad de “Aqualung” o “Thick
as a brick”. Este despiadado ataque sistemático
a todo lo que Jethro Tull ha hecho posteriormente
a 1973 ha seguido produciéndose desde una parte
significativa de la prensa musical, aunque afortunadamente
para el grupo y para la historia del rock, otros han
sabido ser mucho más objetivos al respecto,
analizando con justicia la producción musical
de una de las bandas más importantes, originales
e interesantes de la historia de la música
contemporánea.
| FICHA
TÉCNICA
|
TRACKLIST |
Thick
As A Brick Part One, Thick As A Brick Part Two |
MÚSICOS |
-Ian
Anderson: Guitarras, Vocales, Flauta, Violín,
Trompeta
-Martin Barre: Guitarras
-John Evan: Piano, Órgano
-Jeffrey Hammond: Bajo
-Barriemore Barlow: Batería |
PRODUCCIÓN |
Ian
Anderson |
|
GÉNERO |
Folk
Rock
|
PAÍS |
Inglaterra |
COMPAÑÍA |
Island
Records |
WEB |
www.jethrotull.com |