Nuevamente la banda de IAN ANDERSON nos hacía una visita. Tras sus conciertos del año pasado, en los que demostraron estar a un excelente nivel, JETHRO TULL regresan a España, en esta ocasión para actuar en Madrid y Estepona. Teníamos ganas de escuchar de nuevo a uno de los grupos más importantes y legendarios de la historia del rock, por lo que nos hicimos con las correspondientes acreditaciones y nos dirigimos al Palacio de Congresos de Estepona para comprobar el estado de forma de una banda con 38 años ya de carrera musical. Gracias a las eficaces y atentas gestiones de ISABEL SOLANA, pudimos contar con todas las facilidades para cubrir este concierto y el de SCORPIONS. Nuestro más profundo agradecimiento para ella.
El salón del Palacio de Congresos albergaba el sencillo escenario donde JETHRO TULL se disponían esa noche a deleitarnos con su repertorio de clásicos. Todo muy austero, con dos barras para bebidas y tickets, la mesa de mezclas del grupo en el centro y un amplio espacio para el público, que tenía que situarse de pie. Pensábamos que habría asientos, pero no fue así. Mucho mejor, porque esa noche ANDERSON y compañía no estaban por la labor de dejar a la gente descansar. Unas dos mil personas se concentraron allí para presenciar el concierto. Gente de todas las edades y de muy diversas pintas, pero con un denominador común: su amor por JETHRO.
Tras el pertinente ruego por la megafonía para que no se fumase, la banda hizo su entrada y comenzó a ejecutar el tema “For a thousand mothers” con una energía tremenda, como si fuesen 1969 y estuviesen presentando “Stand up”. De inmediato apareció IAN ANDERSON y la gente estalló en aplausos y gritos enloquecidos. Se le notaba en forma, pleno de vitalidad y con ganas de hacernos disfrutar y de disfrutar él. El sonido, como siempre cuando hablamos de un concierto de JETHRO TULL, excelente, aunque para mi gusto faltaban unos cuantos decibelios más. Tras el arrollador incio, atacaron sin concesión alguna con “Nothing is easy”, también de “Stand up”, en lo que se intuía una noche para el recuerdo, fundamentalmente porque la banda no ha publicado nada nuevo en estudio y porque éste suele ser un tema que tocan más avanzada la noche. Con esta segunda canción pudimos comprobar que la voz de IAN ha recuperado parte de sus cualidades con respecto a hace unos años, si bien ya no es la de 1982, cuando alcanzó su cumbre como cantante con aquel “Broadsword and the beast”. Como bien saben todos sus fans, el líder de JETHRO tuvo serios problemas de garganta tras la gira de 1984 de presentación de “Under wraps” y desde entonces ya su voz no ha sido lo mismo. Afortunadamente él ha sabido sacarle el máximo partido a lo que le queda en la garganta, que visto lo de este concierto, no es tan poco como muchos piensan.
Entre este inicio añejo nos sorprendieron con “Boris dancing”, tema del último disco en solitario de ANDERSON, “Rupi’s dance”. Se trata de un instrumental en el que por primera vez sonó el acordeón a cargo del versátil teclista ANDREW GIDDINGS, que además de ser un músico genial, es un gran tipo que ofrece espectáculo, diversión y mucho sentido del humor. El trabajo de flauta, como siempre, espectacular, en la línea de quien es ya una institución en dicho instrumento, no sólo en el rock, sino en la música en general: IAN ANDERSON.
Siguiendo con el repaso a los viejos tiempos, es el turno ahora para “With you there to help me”, del disco “Benefit”, avanzando un año en el túnel del tiempo, hasta 1970. Una ejecución brillante, actualizada, que dota a esta canción de una vigencia atemporal y fresca, muy diferente a como la tocaban por ejemplo en el reciente cd y dvd “Live at the Isle of Wight Festival”. Sacrificar algo de energía en favor de unas dosis mayores de virtuosismo siempre es interesante.
El siguiente tema es una vuelta a los orígenes, puesto que IAN nos presenta “Serenade to a cuckoo”, el primer tema que tocó con flauta en su carrera musical, una excelente versión del clásico de ROLAND KIRK, con el toque típico de los JETHRO, por supuesto. Nuevamente sonó a gloria este tema jazzístico de “This was”, álbum de 1968, toda una declaración de principios de una banda que tiene en el jazz una de sus influencias más destacadas.
El siguiente bombazo era, nada más y nada menos, que “Thick as a brick”, ejecutada según el fragmento que aparece en la caja recopilatoria por su 25 aniversario y rescatando toda la magia de una de las obras maestras de la música contemporánea más indiscutibles. La alternancia instrumental fue tan gloriosa y eficaz como siempre, marcando el grupo los cambios de la canción con energía y contundencia, con claras exhibiciones por parte de IAN ANDERSON a la flauta y MARTIN BARRE a la guitarra y un público entregado que enloquecía a saltos y palmas, al compás del tema. Fue uno de los momentos estelares de la noche, indudablemente.
Nuevo salto en el tiempo para trasladarnos de 1972 a 1978, con “Weathercock”, de su disco “Heavy horses”, pero en esta ocasión tocada como recientemente hicieron en el cd “The Jethro Tull Christmas Album”, publicado a finales de 2003. En esta ocasión no sonaron mandolinas, sino que la parte inicial del tema la hizo BARRE con su guitarra. En cualquier caso, una canción impecable y con mucha belleza salpicada por las partes más potentes que le dan ese aire progresivo y hard que tanto gusta a la banda.
Se completó el repaso a “Stand up” con uno de los temas más emblemáticos de los TULL en toda su carrera y del rock en general: “Bourèe”, con esos deliciosos toques de flauta, la mezcla entre jazz, blues y rock y el excelente solo de bajo a cargo de JONATHAN NOYCE, un músico como la copa de un pino que ha sabido convertirse en elemento importante en la formación de JETHRO TULL, lo cual es más que difícil si tenemos en cuenta que el puesto de bajista ha estado ocupado a través de los años por genios en ese instrumento del calibre de GLENN CORNICK, el tristemente fallecido JOHN GLASCOCK o el magnífico DAVE PEGG. NOYCE ha sabido integrarse a la perfección en el grupo y recoger semejante testigo.
Tal y como comentó IAN ANDERSON en la rueda de prensa, pronto se publicará de nuevo “Aqualung”, pero tocado al completo por la banda en directo ante una audiencia corta y seleccionada. Esa noche tuvimos ocasión de comprobar que, efectivamente, en el repertorio de JETHRO TULL aparecen temas de dicho álbum que normalmente no lo hacían antes, como el que sonó a continuación: “Up to me”, seguido de “Mother goose”. Magníficos ambos, sobre todo el primero, que sorprendió a la audiencia, ya que no es costumbre escucharlo en sus conciertos y lo tocaron con gran maestría. La voz de ANDERSON demostró estar bastante bien para lo que cualquiera esperábamos de él. BARRE, como siempre, efectivo y contundente con su guitarra. En “Mother goose” alternaron una parte folk y más acústica con otra instrumental en la que IAN ejecuta con su flauta las partes vocales del tema, para finalizar con la guitarra de MARTIN BARRE entrando distorsionada a saco y elevando el tema a altas cotas de intensidad. Iba siendo su momento, por lo que IAN presentó “Morris minus”, tema perteneciente al disco en solitario del guitarrista, “A trick of memory”, en el que se lució a conciencia, demostrando su elegancia y maestría a las seis cuerdas.
Tiempo para un clásico más reciente: “Farm on the freeway”, de su magnífico “Crest of a knave”, de 1987. Y de nuevo, lucimiento para IAN y MARTIN, picándose entre ellos con la flauta y la guitarra respectivamente en la parte instrumental del tema. Escuchar esta pieza sigue siendo todo un espectáculo, por la compenetración que el grupo demuestra siempre, a pesar de los cambios rítmicos que tiene. Los músicos parecen funcionar a metrónomo, con una precisión inmaculada.
Nuevamente un tema del álbum “Aqualung”, y nuevamente algo que no esperábamos escuchar: “Hymn 43”. No es un corte que prodiguen mucho en sus conciertos, pero aún más sorprendente fue escucharlo en su primera mitad, sonando más folk, con la guitarra sin distorsión y una variación melódica más propia de discos como “Songs from the wood”. No obstante, en un momento dado, la guitarra de BARRE empezó a sonar con la típica distorsión y por arte de magia nos encontramos de nuevo ante el poderoso y espectacular tema que todos conocemos desde 1971. Apabullante su ejecución, plena de garra y energía, dejando al público alucinado ante tal derroche.
El concierto se acercaba a su final. A pesar de que llevan tocando más de dos horas en muchos de los shows que ofrecen por el extranjero, JETHRO TULL no se tomaron la gentileza esa noche de obsequiarnos con tal regalo. El clásico (nuevamente de “Aqualung”) “My God”, con el típico y magistral solo de flauta a cargo de IAN incluido, más la infaltable y maravillosa “Budapest” pusieron fin a más de hora y media de concierto. Especial atención merece el final de este último tema, que alargan y enfatizan a la perfección, convirtiéndolo en uno de los finales más intensos de toda su discografía, con la flauta y la guitarra trazando arabescos mientras el sonido va elevando su intensidad hasta el infinito. Presentación de la banda y despedida.
Pero lógicamente, faltaba el bis. Esperábamos “Aqualung”, pero no fue así. En su lugar, sonó otro clásico infaltable: “Locomotive breath”, comenzando con el piano de GIDDINGS, haciendo éste gestos de alucinado al encontrarse en la otra punta del escenario a un MARTIN BARRE escondido entre las columnas metálicas y secundándolo a la guitarra. Poco a poco, llegó el clímax y apareció IAN en el escenario con su flauta, dando comienzo a uno de los temas más conocidos del rock mundial y sin duda el más popular en la discografía de JETHRO TULL, así como el más versioneado. Sin pausa, arremetieron con la variación instrumental de “Protect and survive” que suelen utilizar para cerrar sus conciertos, mientras el infaltable globo sobrevolaba las cabezas del público. Los acordes de Cheerio sirvieron de despedida para un concierto de una hora y cuarenta y cinco minutos de duración que nos dejó satisfechos, pero con ganas de más. Echamos en falta “Cross-eyed Mary”, “Aqualung”, “Too old to rock ‘n’ roll: too young to die”, “Songs from the wood” y un tema que últimamente no tocan: “Minstrel in the gallery”. En cualquier caso, hablamos de un grupo que tiene uno de los repertorios más extensos y de calidad que existen, por lo que resulta imposible contentar a todo el mundo. Con lo que vivimos allí nos fuimos todos más que satisfechos.
Tras ver a JETHRO TULL en directo una vez más, no puedo sino recordar aquel artículo que leí en 1999, sentenciando que la de ese año sería ya la última gira debido al agotamiento de la banda. Bien, imagino que el que firmó aquello estará ahora escribiendo alguna otra crónica de algún otro grupo y, quizás, jugando de nuevo a adivino y probablemente volviendo a hacer el más estrepitoso de los ridículos. Hoy por hoy, JETHRO TULL es una banda en perfecto estado de salud, capaz de ofrecer conciertos intensos, vibrantes, llenos de virtuosismo y de sentimiento. Muy poca gente domina los escenarios como ellos. Si vuelven, volveremos a ir a verlos. Nuevamente, señor ANDERSON, me quito el sombrero ante usted.