KISS en el Quilmes Rock
Estadio Monumental, Buenos Aires/Argentina - Abril 5 de 2009
La mayoría de las veces, los sueños de un ser humano cuestan mucho convertirse en realidad. Todos nos movemos en base a estímulos, cada cosa que intentamos está arraigada al hecho de vivir la vida acorde a nuestros deseos, aunque algunos no dependan de nosotros para materializarse. Y presenciar algo tan mágico como un show definitivamente no depende de nosotros, los meros espectadores. Hay tanto protocolo alrededor de concretar una actuación, que no es más que estresante el hecho de esperar a que se realice. Y esta cuarta visita de KISS a la Argentina tuvo mucho de eso, pero afortunadamente, la Kiss Army nacional tuvo su nueva noche de gloria, en el marco del cierre del Quilmes Rock 09.
Personalmente era la tercera vez que los veía, y habiendo pasado una década exacta de su última visita, la expectativa era más que alta, sobre todo por la idea de ver en vivo la re-interpretación del disco al que le deben absolutamente todo, ni más ni menos que el primer "Alive!" (del cual obviaron dos temas, de todas formas), uno de los discos en vivo más venerados por los rockeros del mundo entero. Luego de las desechables performances de las bandas soportes (o insoportables, mejor dicho), con una puntualidad acorde a la cita, la magia poseyó el recinto gallináceo de River Plate para recibir al cuarteto neoyorkino, y con un sonido que fue perfecto de principio a fin (al menos ahí adelante junto al escenario), la banda salió a matar desde el primer segundo, de la mano de "Deuce", una apertura tan obvia como contundente. "Strutter" fue el siguiente hit, donde tomó la posta Paul Stanley de las voces, quien cantó sobriamente como nos tiene acostumbrados, manejando su voz como sólo un auténtico gladiador experimentado puede hacer, es decir, sin exigirse innecesarimente, y aún asi, poniendo todo de sí para destacarse con su inconfundible voz.
El viaje imaginario a 1975 continuó con "Got to choose", canción que la gente recibió muy bien y coreando el colorido estribillo. Los primeros impactos de fuego se hicieron presentes en "Hotter than hell", mientras en las pantallas traseras se veían imágenes de una comestible silueta femenina, contonéandose al ritmo del tema, coronado magistralmente por Gene Simmons y su llamarada, con espada clavada al final mismo, produciéndose asi uno de los momentos cúlmines de la noche. Por detalles como éste es que el bajista es un ícono viviente, poder hacer de su rol de intérprete musical una "excusa" para dar rienda suelta a un carisma y magnetismo únicos. Se siguieron sucediendo clásicos inoxidables, muchos de los cuales no había tenido chance de degustarlos en las anteriores visitas, asi que se hizo todo mucho más especial. "Nothin' to lose","Parasite" ("esto se va a poner heavy", dijo Paul), "She", "Watchin' you", "100.000 years".....pufff !!!!!!! Y la cantidad de temas que quedan afuera, con esto de recrear el primer diamante en vivo, es inagotable...pero bueno, la gira conmemorativa era con esa premisa, y todos (o casi todos) lo sabíamos perfectamente.
Otro punto alto del show fue "Black Diamond", cantada impecablemente por Eric Singer, quien demostró que ni su puesto ni el maquillaje le quedan grandes, muy por el contrario, siendo quizá el músico más virtuoso que integró la agrupación, tejió una labor fantástica, "refrescando" las partes originales de sus antecesores. Su solo fue más que disfrutable, y siendo yo alguien que no se caracteriza por disfrutar de los pasajes solistas, se me hizo realmente copado lo que ofreció el buen Eric, quien no se guardó nada y aporreó parches, tambores y platillos con una calidad suprema, ganándose a la multitud entera. También hay que hacer mención al otro "chico nuevo" de la banda, el cumplidor y simpático Tommy Thayer, a quien se le adivinan fácilmente horas y horas estudiando las interpretaciones del legado de Ace Frehley, no sólo a nivel musical, sino también en el plano escénico. No en vano fue asistente del mismísimo Ace, lo cual sin dudas fue aprovechado a la perfección por los líderes a la hora de sumarlo al barco de manera permanente cuando el violero original fuera botado afuera una vez más hace un par de años. Tommy reprodujo la mejor versión de Frehley, y no faltaron los petardos emergiendo de su diapasón tres veces, altamente festejados por los presentes, y lo más importante como decía, que tocó exactamente como se lo pidieron sus jefes, y ante eso, cumplió a la perfección.
Luego de los letales "Cold gin" y "Let me go rock and roll", la auténtica fiesta asaltó el Monumental, con uno de los temas insignia de este estilo, con el deliro de la masa a pleno "Rock and roll all nite" fue el descontrol masivo, en el cual ningún ser presente pudo mantener la cordura corporal y el carnaval se propagó a los cuatro rincones del estadio, bañado por la lluvia de papel picado. Pero eso no era todo, ya que luego de un breve receso, regresaron para regalarnos más perlas (de temas que no estaban en el disco homenajeado, por supuesto)....re-comenzaron con la genial "Shout it out loud", muy festejada al igual que los dos únicos temas ochenteros que siguieron: "Lick it up" y "I love it loud", que nos hacian pensar en que una hipotética nueva presentación podría bien estar adornada por temas de esos años, para hacerle los honores a tantas gemas que no tuvieron la oportunidad en esta gira.
A continuación la hora de los grandes e inmensos clásicos se hizo realidad, y aquel gran éxito surgido de un disco por demás "feliz", "I was made for lovin' you", se corporizó enorme para ser canturreado por las decenas de miles de almas hambrientas de rock and roll. El apetito de los presentes empezaba a ser saciado, y empezó el fin con la bestial "Love gun", que posibilitó que Stanley fuera desplazado, cuerda y arnés mediante, hacia el tope de la torre de sonido, para cantar allí, sólo para volver "volando" a las tablas principales al final, para total delirio de los kisseros. Y la estocada final con "Detroit rock city" ("Buenos Aires es también una ciudad del rock", Paul dixit) no hizo más que redondear la mejor presentación de la banda que tuve chance de ver. Por show, por interpretación, por locura, por excitación y por miles de adjetivos que no podría describir. Es que KISS es eso, algo inexplicable de narrar.
Difícilmente haya muchas bandas en el planeta que produzcan este amor entre ellos mismos y su público, y aún detrás de todas sus idas y bajadas y otros tintes de los cuales se jactan los escépticos, ante algo tan especial como la música misma, creo que siempre es preferible que quedarse con los momentos buenos, y de esos, a KISS le debemos un montón.
KISS es delirio, es locura, es pasión, es adrenalina, es un lazo inquebrantable entre banda y público que en las mejores reseñas (quizá no ésta misma de quien suscribe) no va a verse reflejado, porque simplemente hay que vivirlo y sobre todo, sentirlo.