Aerosmith 1977-1980
por Fran García
Nadie hubiera pensado en 1976, tras un álbum tan fantástico y exitoso como “Rocks” (alcanzó el número 3 en las listas norteamericanas, siendo el disco que más arriba había llegado en dichas listas en la carrera del grupo hasta ese momento) que a los Aerosmith originales tan sólo les quedaba un disco más en estudio antes de precipitarse en una crisis que a punto estuvo de acabar con la carrera de la banda y con la vida de alguno de sus miembros.
Las mieles del éxito eran saboreadas por Aerosmith con la misma voracidad con la que sus componentes, y especialmente su vocalista, consumían todo tipo de drogas, pero sobre todo la cocaína. Poco a poco fueron labrándose una reputación de lo más “tóxico” (Steven Tyler y Joe Perry eran conocidos como los “Toxic twins”), lo cual no dejaba de ser una seña de identidad de todo rockero que se preciase en los 70. Aerosmith simplemente cumplían con los cánones de ese dicho que se acuñó por entonces: “Sex, drugs & rock ‘n’ roll”. Siguiendo la estela de sus idolatrados Rolling Stones, ellos no se quedaban atrás y vivían permanentemente en los excesos de todo tipo, en los vicios más inconfesables y peligrosos, pero cosechando unos réditos muy interesantes, como son los de la autenticidad, algo que los convertía en unas auténticas estrellas del rock y en un icono y referente para todo fan que valorase esa pose y actitud rockera que tanto daño había hecho ya a estrellas anteriores, que lamentablemente terminaron sus días de forma prematura por culpa de las drogas y el alcohol. A pesar de todo, gente como Jimi Hendrix, Janis Joplin, Jim Morrison y un largo etcétera, habían pasado a formar parte de la leyenda del rock, algo que en cierto modo también perseguían Aerosmith. Lo malo para la banda era que muy pronto sus vicios pasarían factura a su estabilidad como grupo y a su música. El principal problema para ellos, en lo relativo a las drogas, era sencillamente que no tenían conciencia del agujero en el que se estaban metiendo. Joe Perry lo indica en una entrevista: “Tomar drogas en los 60 era algo así como un posicionamiento político. Era parte de la rebeldía. Los medios de comunicación nos contaban que la cocaína no era adictiva.

Hubo gente que consumió drogas y pasó a interesarse por otras cosas, pero también hubo gente que consumió drogas y continuó consumiéndolas, dejando de funcionar y dejando de escuchar a su instinto”. Con semejante forma de ver el mundo de la droga, es complicado culpar únicamente a Tyler o Perry de la debacle que se avecinaba. El entorno social que envolvía al rock en los 70 también tuvo buena parte de culpa, al no mostrar la verdadera cara de un vicio que estaba causando estragos entre las mentes más creativas y experimentales de dicho tipo de música. Joe Perry continúa recordando aquellos tiempos que siguieron al lanzamiento de “Rocks”, en 1976: “Consumíamos muchas drogas por aquel entonces, pero sentíamos que, hiciésemos lo que hiciésemos, sería bueno para nosotros”. Podría, pues, decirse que Aerosmith se encontraba en un estado de autoindulgencia. Precisamente su primer mánager, David Krebs, fue uno de los que explicó el proceso autodestructivo de la banda utilizando esa palabra: “Verlos destruirse a sí mismos con esa inmensa indiferencia por todo lo que no fuese su autoindulgencia fue una tragedia”. Y es que, efectivamente, Aerosmith fue una banda que en 1976 lo tenía todo, pero que tres años después prácticamente lo había perdido también todo. En muchas ocasiones, una cosa conlleva la otra, como Tom Hamilton reconoce de forma muy inteligente: “Habíamos llegado a ese peligroso punto en el que podíamos costearnos nuestros vicios. Todos en el grupo teníamos nuestras mansiones, nuestros Ferraris y nuestros interminables escondrijos”. Las finanzas del grupo habían mejorado de forma exponencial, no sólo por las ventas de sus discos hasta ese momento, sino también por el hecho de que con “Rocks” se lanzaron a un tour en el que por primera vez en su carrera fueron portada de muchas revistas especializadas. Tom Hamilton sigue recordando aquella época y da las claves para lo que sucedería con su siguiente álbum: “Empezamos a hacerlo realmente bien a partir de nuestro tercer disco. Con “Rocks”, nuestro siguiente álbum, empezamos a hacer algunos tours en los que realmente éramos los principales o únicos protagonistas, siendo portada de muchas revistas. Ganamos mucho dinero, por lo que cuando afrontamos la grabación de “Draw the line” ya habíamos entrado en la espiral destructiva. Era lo típico de la época, y estábamos quemándonos con esa monotonía de girar y grabar constantemente”. De esta manera, podemos tener las bases suficientes para entender el turbio contexto en el que la banda afrontó la grabación de un disco que sería clave en su carrera, lamentablemente para mal, no para bien.

Dejándose llevar por esa vorágine de excesos que la banda había abrazado con total complacencia, decidieron trasladarse a un convento conocido como The Cenacle, que se había convertido en un edificio de 300 habitaciones, para grabar lo que sería su quinto álbum, titulado “Draw the line”. Joe Perry relata sus impresiones al respecto: “Sesenta acres con una gran mansión en el centro. No sé cuánto costaba, pero era exorbitante. Teníamos motocicletas y Porsches y cruzábamos el campo aterrorizando a todo el mundo. Disparábamos armas de fuego a nuestro antojo, consumíamos drogas y alcohol... Todos nuestros amigos estaban allí, así que nos aprovechamos de ello. Vivimos grandes momentos allí”. Con el tiempo se sabe que el disco costaría la nada desdeñable cifra de un millón de dólares. Nada que un grupo en la cresta de la ola en cuanto a popularidad y creatividad no pueda recuperar con creces. En lo estrictamente musical, “Draw the line” es un álbum en el que Aerosmith vuelve a ofrecernos parte de lo mejor que siempre han sabido hacer, pero se aprecian en este álbum evidentes signos de cansancio y de inconsistencia. Incluso en el tema que le da título, que es el mejor de todo el disco, la incongruencia campa por sus respetos. Una canción que habla y aconseja al oyente que sepa controlarse y “marcar la línea” (“draw the line”) que no ha de ser traspasada, no es precisamente lo más adecuado para que la cante Steven Tyler, por aquel entonces ya conocido por su falta de control sobre todos sus vicios. No resultaba algo demasiado creíble, pero funcionó perfectamente, hasta el punto de convertirse en un tema fundamental en sus directos, no sólo en 1977, sino desde entonces en adelante, además de ser el principal responsable de que este disco fuese el que con más rapidez alcanzara el status de disco de platino, sólo cuatro días después de ser disco de oro.

Efectivamente, “Draw the line” fue certificado disco de oro el 9 de diciembre de 1977, pocos días después de ser publicado, pero es que fue disco de platino el 13 de ese mismo mes, por lo que batió todos los records en la discografía de Aerosmith hasta ese momento. Desgraciadamente no se vendió tan bien como “Rocks”, llegando al puesto 11 de las listas de éxito, lo cual suponía un paso atrás en la carrera del grupo. Esto se podría explicar por la enorme expectación creada, que no terminó de ser satisfecha por el contenido musical del disco, aunque seguramente también influyó el hecho de que los conciertos que la banda dio tras la publicación del disco estuvieron salpicados de incidentes relacionados con las drogas y el alcohol. Sea por lo que sea, la extraordinaria respuesta del público ante la publicación del álbum no tuvo la continuidad necesaria para llegar más allá de lo que ya había hecho “Rocks”, por lo que este relativo fracaso hizo mella en el seno del grupo. Todo esto no era percibido por los miembros de Aerosmith, como el propio Joe Perry reconoce: “Desde dentro no pensaba que nada fuese mal, pero desde fuera lo podías ver todo. El enfoque se había perdido completamente. Los Beatles tuvieron su “álbum blanco” (“White Album”); nosotros hicimos nuestro “álbum apagado” (“Blackout Album”)”. Entre las claves del disco podemos citar el tema “Bright light fright”, en el que Joe Perry hace su primera intervención como cantante en la banda, y que en cierto modo es un corte que tiene un regusto pseudo-punk. Se podría intuir en él lo que posteriormente sería la decisión del guitarrista de iniciar una trayectoria en solitario. Es evidente que el protagonismo de Perry buscaba nuevos retos, no queriendo el guitarrista limitarse a ser la mano derecha de Tyler en la composición y ejecución musical. Independientemente de este afán de notoriedad, los sempiternos riffs de su guitarra siguen presentes en este disco, como parte fundamental y sello característico de la música de Aerosmith. En tal sentido, este álbum no es demasiado diferente a los anteriores, aunque sí que se nota un atisbo de agotamiento creativo, como en el tema “Sight for sore eyes”, cuya línea melódica y sus riffs se parecen excesivamente a “Walk this way”. Otra de las claves en el sonido de “Draw the line” es la ambigüedad, no sólo en lo referente a la calidad musical, sino también en cuanto a la orientación estilística de los temas. Mientras la composición que da título al álbum es un corte brillante y festivo, hecho para ser bailado y disfrutado en sus conciertos, otros como el pretencioso “Kings and Queens” contrasta por su grandilocuencia y unos arreglos complejos que incluyen sintetizadores, pianos y una gran diversidad de sonidos, a modo de ambiciosa canción, en la línea de obras como “Stairway to heaven”, de Led Zeppelin. Por momentos recuerda a “Dream on” y en otras ocasiones simplemente nos trae a la cabeza la estructura de otros grandes trabajos del rock progresivo, salvando las distancias, ya que en ningún momento Aerosmith se propuso llegar a tales extremos. En cualquier caso, se trata de uno de los mejores temas de “Draw the line”. Si a esto añadimos la ya citada inclinación punk de “Bright light fright” y la versión del clásico de blues de Kokomo Arnold, “Milk cow blues” (versión en la que seguramente mucho tuvo que decir Joe Perry, ya que la tocaba con The Jam Band, el grupo en el que estaba antes de entrar en Aerosmith), tenemos un conglomerado ciertamente variado que probablemente sólo sirvió para añadir algo más de incoherencia a un disco que precisamente en ello tiene su principal talón de Aquiles.

Otra de las circunstancias que han de ser tenidas en cuenta a la hora de entender la reacción del público ante “Draw the line” es el hecho de que la banda se embarcó en una gira por Europa, la segunda de su carrera, una vez terminado de grabar el álbum, pero varios meses antes de ser publicado. Como añadido a la gira, y para ir creando expectación, se publicó el single “Draw the line” en octubre, que sólo pudo alcanzar el puesto 42 en las listas de éxitos. Seguramente, si Aerosmith hubiera sabido gestionar mejor sus vicios y su comportamiento en los conciertos, habrían tenido una respuesta mucho más adecuada a la excelente música que seguían ofreciendo en sus discos. Resulta especialmente clarificador en tal sentido el que este álbum, que tardó menos de dos semanas en conseguir el disco de platino, invirtiese nada más y nada menos que 19 años en conseguir su segundo platino. Es evidente que las ventas se estancaron de forma dramática y que sólo tras la irrupción de la banda con su nuevo sonido en los 80 se benefició de un nuevo tirón comercial, arrastrado por la nueva masa de fans que se incorporaron en esa época. La banda apostó en “Draw the line” por la experimentación, por combinar diferentes sonidos y estilos, consiguiendo un disco muy interesante y variado, que bien pudiera haber sido un trabajo puntero en su discografía, pero que se vio enormemente lastrado por todo lo que rodeaba a un grupo que se precipitaba en el abismo de forma irremediable. Estos condicionantes llevaron a que la banda perdiera el control en numerosos momentos, afectando seriamente a las letras de las canciones, que resultaban de difícil comprensión y, en los casos en los que se entendían, resultaban de una superficialidad enorme y se mostraban incluso contradictorias, como en el caso del ya citado tema que da título al álbum. A pesar de todo, “Draw the line” fue el último de los grandes discos de Aerosmith en los 70, el último de los trabajos que aún mantenía parte de la esencia y la grandeza de lo que la banda fue capaz de hacer en la primera de sus grandes etapas, con un estilo totalmente definido, siendo ya grandes estrellas del rock y un referente insoslayable para todo el que se interese por la evolución del rock en los 70.

Tras la edición de “Draw the line”, el grupo se embarca en una gira enorme que ocuparía la totalidad de 1978 y parte de 1979, en la que además de presentar su nuevo álbum, cometerán todo tipo de excesos y fechorías. Dejándose llevar por su fama y por su adicción a las drogas, causan numerosos destrozos en varios de los hoteles en los que se alojan, lo cual da lugar a unos gastos muy cuantiosos que han de ser abonados por las finanzas del grupo. Se habla de destrozos por valor de hasta 80.000 dólares en algunos sitios, mientras la banda, ajena a todo lo que le rodea, continúa disfrutando de su status de estrellas caprichosas y agresivas del rock. A pesar de ello, aún tienen tiempo para demostrar también que aman a sus fans por encima de otras cosas, como lo prueba lo que sucedió en el show de Fort Wayne, Indiana: una ordenanza prohibía fumar, por lo que 52 seguidores de Aerosmith que no respetaron la ley fueron arrestados. La banda pagó los 3.650 dólares a los que ascendía el total de las multas, quedando sus fans en libertad. Esto sucedió en 1978, el año clave en la progresiva desintegración del grupo. Fue un año que dedicaron completamente a la gira comentada, pero que además vio la publicación de un disco en directo, titulado “Live/Bootleg”. Uno de los festivales más importantes de los 70, el California Jam II, tuvo precisamente a la banda como una de las cabezas del cartel. En este festival Aerosmith tocaron junto a Ted Nugent, pero los efectos nocivos de las drogas hicieron que, en algunos momentos, ni siquiera los miembros de la banda fuesen conscientes de la presencia de Ted, actuando como si los únicos protagonistas del festival fuesen ellos. Este memorable festival fue publicado en cd hace unos años, aunque había una caja de seis discos que circulaba de forma no oficial, en la que se recogía el festival al completo. Entre las actuaciones que aparecerían en “Live/Bootleg” es especialmente destacable y curiosa la del Boston’s Paradise, en la que tocaron con el nombre de Dr. J. Jones and The Interns. Paralelamente a todas estas actuaciones, dos cosas sucedieron, una de ellas prácticamente anecdótica y otra de mucha mayor relevancia. La anécdota fue la participación de Aerosmith en la película de Robert Stigwood “Sgt. Pepper’s Lonely Hearts Club Band”, tocando una versión del “Come together”, de los Beatles. Este tema llegó al puesto 23 de Billboard, pero fue la última canción de Aerosmith en aparecer en el Top 40 en casi diez años. Supuso una manera de seguir activos más allá de sus conciertos, pero la aparición de la banda en la película no terminaba de ser del agrado de sus fans, además de suponer una decepción para mucha gente el hecho de que una banda rockera como Aerosmith compartiesen protagonismo con artistas que nada tenían que ver con ellos y que se encontraban en esos momentos más al servicio de la imagen y la popularidad que de la música como tal. Hablamos de Bee Gees y Peter Frampton. La película no se llegó ni siquiera a estrenar en numerosos países, pero aún así cosechó todo tipo de críticas, siendo prácticamente denostada y convirtiéndose en la tumba comercial de Frampton y, a más largo plazo, de los propios Bee Gees. Lo positivo que se puede sacar de todo ello es que fueron precisamente las apariciones de Aerosmith y de Alice Cooper lo único salvable del film. El segundo hecho mencionado, y que fue determinante en la historia de Aerosmith, fue el deterioro de las relaciones personales entre Steven Tyler y Joe Perry. A este desencuentro colaboraron muy activamente las respectivas adicciones a las drogas de ambos, especialmente en el caso de Tyler, al que incluso lo tuvieron que llevar en brazos al escenario de uno de los shows de la gira del 78, tras haber roto la palabra que se dio a sí mismo, de no volver a consumir drogas. Hay una frase suya que resulta tan elocuente como lapidaria, en la que dice textualmente así: “Hubo una etapa en mi vida que me estaba metiendo una tercera parte de la economía colombiana por la nariz”. No sería nada extraño que se refiriese a 1978 al hacer referencia a esa etapa.

Entre todo este cúmulo de circunstancias negativas para la banda y creadoras de tensiones infinitas, apareció por fin “Live/Bootleg”, primer disco en directo de Aerosmith, un álbum que se publicaba en un formato que imitaba el de una grabación pirata, pero en realidad iba mucho más allá en lo que se refiere a ser consecuente con su título, puesto que en consonancia con esa estética, el disco ofrece varias actuaciones en directo de Aerosmith en las que no hay retoque alguno, apareciendo tal y como fueron ejecutadas en escena, con sus fallos y sus descompensaciones de sonido en ocasiones (impagable escuchar el rasgado y penoso grito de Tyler en “Back in the saddle”, que en cualquier otro trabajo en directo hubiera sido rápidamente sustituido para quedar bien), pero precisamente en ello está el encanto de este disco, que nos muestra a una banda entregándose en directo, con todo lo que ello conlleva. Un álbum honesto en ese sentido, a pesar de sacrificar la excelencia de su sonido. Los que vieron a la banda en esos años pueden dar fe de que “Live/Bootleg” recoge perfectamente lo que ofrecían sobre un escenario, pero al mismo tiempo existen grabaciones auténticamente piratas que demuestran efectivamente que lo que aparece en el disco es una grabación fiel del sonido en directo de Aerosmith. Desde esta perspectiva, el disco crece exponencialmente, puesto que por encima de la calidad de sonido está el resultado en directo, absolutamente espectacular y adictivo, mostrando a un grupo conjuntado, perfectamente compenetrado y virtuoso. Aerosmith demuestra ser una banda enorme en directo al conseguir que un disco sin retocar se convierta en uno de los mejores álbumes en vivo de la historia del rock.

“Live/Bootleg” se publicó en octubre de 1978 y llegó al puesto 13 de las listas de éxitos. Su contenido musical está grabado en varios conciertos que la banda dio a lo largo de 1977 y 1978, además de dos versiones que Aerosmith tocaron en Pall’s Mall, el 23 de abril de 1973. Se trata de “I ain’t got you”, de los Yardbirds, y “Mother Popcorn”, de James Brown, ambas con una calidad de sonido no demasiado buena, pero excelentes muestras de lo que eran los orígenes de la banda y sus influencias más destacadas, además de rendir tributo a unos artistas que lo fueron todo en sus respectivos estilos musicales. Como anécdota, es precisamente aquí donde encontramos otro guiño de la banda a los auténticos bootlegs, puesto que tras esos dos temas, suena “Draw the line”, mientras que en el listado de temas que aparece en el álbum no encontramos ese título, por lo que realmente es una especie de canción “oculta”. El repertorio musical de “Live/Bootleg” está muy bien elegido, recopilando buena parte de los temas de mayor éxito de Aerosmith. Ahí están “Sweet emotion”, “Back in the saddle”, “Dream on”, “Walk this way”, “Mama Kin”, “Toys in the attic” y, en general, la mayoría de las canciones más representativas del sonido y el estilo de la banda. Se puede, por lo tanto, asegurar que este disco es un perfecto ejemplo de lo que eran Aerosmith. En él escuchamos sus glorias y miserias, sus momentos álgidos (los más abundantes) y sus momentos bajos (los menos), todo lo cual da mayor validez a las grabaciones contenidas en “Live/Bootleg”.

Al mismo tiempo que su disco en directo era publicado, Aerosmith continuaban con su gira de presentación de “Draw the line”, llena de altibajos y de situaciones complicadas para el grupo, todas ellas relacionadas con el alto consumo de estupefacientes de todo tipo, pero sobre todo cocaína y heroína. Cada concierto era una lotería, no sabiendo sus fans si esa noche tocaría disfrutar de la banda al cien por cien de sus facultades o ser víctimas de otra tomadura de pelo por parte de un Steven Tyler cada vez más desenfrenado y descontrolado. Joe Perry, por su parte, tras haber entrado igualmente en el peligroso juego de las drogas, a diferencia de Tyler, ya comenzaba a ver que esa espiral autodestructiva no conducía a nada bueno. Seguramente en este atisbo de lucidez tuviera también mucho que ver su enfrentamiento con el vocalista, un enfrentamiento que cada vez se hacía mayor y más agresivo para ambos. Sea como fuere, lo cierto es que en el seno de la banda comenzaba a surgir la desavenencia entre ambos y el distanciamiento era cada vez mayor. En estas condiciones comenzó la grabación de su siguiente álbum, que se llamaría “Night in the ruts”. Una vez finalizada la larga gira, la banda se dedica a grabar dicho disco. Por aquel entonces, Steven Tyler se encontraba en una situación realmente dantesca, definida en sus propias palabras como “FUBAR” (Fucked Up Beyond All Recognition), con respecto a la heroína. Las relaciones personales entre él y Joe Perry empezaban a tocar fondo. De esta época es la anécdota de los auriculares, según la cual ambos sólo mantenían conexión en la creación de su siguiente disco a través de los auriculares con los que grababan en el estudio, pero existen testimonios mucho más verídicos al respecto de cómo estaba de deteriorada la relación entre Perry y Tyler. Uno de estos testimonios nos lo ofrece Tom Hamilton, que en palabras textuales durante una entrevista, definió la situación así: “Me encontré siendo el tío que está en medio de una montaña de argumentos, ya sabes, siempre mediando y examinando a cada parte. Me despertaba el sonido de mi teléfono constantemente, con los malentendidos de cada uno sobre los malentendidos del otro. Poco antes de que todo se jodiese tuve un montón de llamadas de Joe y otro montón de llamadas de Steve”. Y es que la situación estaba a punto de desembocar en lo inevitable. Un día, Joe Perry comunicó a la banda su intención de hacer un disco en solitario. Esto fue la puntilla para el vocalista de Aerosmith, que montó en cólera, pero curiosamente, lo que finalmente haría que Perry abandonase el grupo fue una discusión que terminó en pelea, pero lo surrealista de todo ello es que la discusión se inició por una mancha de leche. Efectivamente, la esposa de Perry tropezó con la de Steven mientras llevaba un vaso de leche, manchándola. Esto derivó en una discusión a la que se añadieron los maridos y el resto del grupo, terminando en una pelea y en la definitiva separación de Joe Perry, que decidió abandonar Aerosmith. Fue la gota que colmó el vaso. Una gota absurda, surrealista si se quiere, pero así fue, tal y como han reconocido ambos en sendas entrevistas. Realmente había mucho rencor y agresividad entre ellos para cuando eso sucedió. Tal y como reconoce Perry: “Si hubiésemos estado en un espacio diferente, nos habríamos matado el uno al otro”. La deserción de Perry llegó cuando ya se había grabado una parte de “Night in the ruts”, el siguiente álbum de Aerosmith tras “Live/Bootleg”, que tuvo que ser completado con Jimmy Crespo como guitarrista. Joe inició carrera en solitario bajo el nombre de The Joe Perry Project y un disco titulado “Let the music do the talking”, que se publicaría ya en 1980. “Night in the ruts” se completó finalmente manteniendo los temas que ya se habían grabado con Perry, junto con los que se grabaron con Crespo, pero el resultado comercial y musical fue inferior a “Draw the line”, marcando ya la inexorable finalización de una etapa en la carrera de Aerosmith. La suerte estaba echada. La banda comenzó una gira de presentación, pero Tyler llegó al límite de sus excesos cuando sufrió un colapso sobre el escenario durante un concierto. Por si fuera poco, también sufrió un accidente de moto cuando se recuperó, por lo que tuvo que estar apartado de la actividad con Aerosmith durante buena parte de 1980, intervalo en el que Brad Whitford aprovechó para grabar un disco con el que fuese vocalista de Ted Nugent, Derek St. Holmes. La facilidad con la que este proyecto llegó a buen puerto hizo que Whitford se diese cuenta de que en Aerosmith estaba perdiendo el tiempo, por lo que también decidió abandonar el grupo. Su puesto lo ocupó Rick Dufay, con el que grabarían “Rock in a hard place” y después Aerosmith rescindirían su contrato con Columbia Records, presionados por la propia compañía discográfica ante la pérdida de interés comercial y la falta de control sobre sus vicios, que afectaban de forma irremediable ya a su carrera y a sus propias vidas. Esta rescisión de contrato fue lo que definitivamente hundió a Aerosmith, que ni siquiera se esforzaron por encontrar otra compañía discográfica, separándose oficialmente la banda.

Hasta aquí la historia de los 4 años más siniestros, oscuros y excesivos en la historia de Aerosmith, años en los que una banda que se encontraba en lo más alto se condenó a sí misma a los infiernos, una época en la que la filosofía de drogas, alcohol y excesos, que tanto había sido puesta en práctica por otros genios del rock, estuvo a punto de acabar con una de las bandas más grandes de la historia de la música. No supieron convivir con las drogas, dejando que sus adicciones los dominaran hasta el punto de afectar seriamente a su música y a sus relaciones personales. Mostraron una imagen patética de sí mismos sobre un escenario, defraudando a millones de fans que los habían llevado hasta lo lugares de privilegio del panorama hard rockero, protagonizaron mil y una situaciones dantescas y vergonzantes, hasta el punto de dinamitar su reputación como gran banda del rock, pero lo que es más importante y terrible, es que pusieron en serio peligro sus propias vidas, pudiendo fácilmente haber sido víctimas de su descontrolada rutina de intoxicaciones por doquier. Afortunadamente, ellos contaron con una segunda oportunidad y la supieron aprovechar. En cierto modo aprendieron de sus errores y comenzaron de nuevo, consiguiendo aún más éxito comercial en los 80, pero jamás volverían a llegar a la creatividad y calidad alcanzada con “Toys in the attic” y “Rocks”, que figuran con letras de oro en lo más alto de su discografía y entre las joyas más grandiosas de la historia del rock. Ellos lo saben, ellos lo han reconocido en numerosas ocasiones, tanto Tyler como Perry, nombrando a ambos discos como los mejores de toda su carrera. Valga este artículo como triste y a la vez esperanzador final a una etapa absolutamente grandiosa en la carrera de Aerosmith.

Cortesía de www.thisisrock.net




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