KISS en Madrid - El gran circo del Rock and Roll

por Enrique Luque



Bien porque sean los únicos con los medios adecuados, o por una simple cuestión de actitud, carisma o vete tú a saber, lo cierto es que muchos de los grupos de los años setenta y ochenta continúan estando en el Olimpo en cuanto a shows en directo se refiere. Y de todos ellos, el espectáculo que ofrece KISS es incomparable, como bien sabrán todos aquellos que hayan tenido la suerte de acudir a uno de sus vibrantes directos. Cuando Gene Simmons dice “hay otras bandas con pirotécnica y efectos, pero no son KISS”, tiene razón, nos guste o no. Gracias a su puesta en escena, su look imposible y los personajes que representan, es ridículo e injusto comparar a KISS con cualquier otra banda de rock, por grande que sea. Simplemente juegan en otra liga.


Y el concierto que la banda de Nueva York dio en Madrid este 22 de junio no fue ninguna excepción. Estoy convencido de que todos los espectadores que llenaron (SOLD OUT) el Palacio de los Deportes de la Comunidad estarán de acuerdo conmigo de que se trató de un concierto alucinante. La banda demostró tener todavía mucho que ofrecer, a pesar de no contar con la formación original e incluso teniendo en cuenta la alta edad de sus dos estrellas, Gene Simmons y Paul Stanley, que ya están en la frontera de los sesenta. Es cierto que Paul ya no se muestra tan activo como antaño, pero sigue derrochando carisma y demostrando que aún resulta el maestro de ceremonias perfecto. Y la manera en la que se metió a los madrileños en el bolsillo chapurreando castellano o cantando rancheras (debe de pensar que España y México comparten su misma cultura musical) así lo demostró con creces.


Qué duda cabe de que se echó en falta a Ace Freheley y a Peter Criss, sobre todo a la hora de interpretar temas tan conocidos como ‘Beth’ o ‘Shock Me’. Está claro que no es lo mismo. Pero tanto Tommy Thayer como Eric Singer evidenciaron ser dos profesionales absolutos (siempre a la sombra de Simmons y Stanley) capaces de hacer que la formación suene de maravilla. Y eso no es todo, desde su llegada a la banda, es indiscutible que KISS puede interpretar ahora temas que con Ace y Peter hubiese sido poco menos que imposible. En este sentido, el set list de la noche fue casi perfecto, con temas de todas sus épocas.


Del nuevo ‘Sonic Boom’ tocaron tres, ‘I´m Animal’, ‘Say Yeah’ y la contundente ‘Modern Day Delilah’, que sirvió de apertura para el show, después de la ceremoniosa intro: “You Wanted the Best…”. Los clásicos de su primera época, como ‘Cold Gin’ o ‘Let Me Go, Rock and Roll’, se alternaron con algunos de sus éxitos de los ochenta, felizmente recuperados, como ‘Crazy, Crazy Nights’ (uno de los temas más coreados de la noche) o ‘I Love it Loud’, durante el cual Simmons aprovechó para realizar su habitual escupida de sangre y para volar a lo más alto del pabellón.


Tampoco faltaron ‘Firehouse’, ‘Deuce’, ’10.000 Years’, ‘Love Gun’ ni ‘Black Diamond’, que Paul introdujo con una leve versión del ‘Whole Lotta Love’ de Led Zepellin. Cerraron con ‘Detroit Rock City’, una de sus canciones más populares. Por supuesto, aún quedaba mucho por delante. El grupo no tardó en volver, para seguir el espectáculo con más clásicos, de la talla de ‘Shout it Out Loud’, ‘Lick it Up’ o ‘I Was Made for Lovin’ You’. Al comenzar a tocar esta última, Paul voló hasta una plataforma situada en mitad del público (otro momento clásico de sus shows). Finalmente cerraron, cómo no, con el mítico ‘Rock and Roll All Nite’, en mitad de una tormenta de confeti. Un fin de fiestas explosivo para una banda de leyenda. Es imposible saber hasta cuándo seguirá dando de sí este tremendo circo, al menos con Simmons y Stanley al frente, pero si podéis presenciarlo, no dudéis en hacerlo. No veréis nada igual.