Billy Idol en Madrid
por Enrique Luque



No quedan muchos cantantes como Billy Idol. En su reciente paso por Madrid, el veterano músico británico dio todo un ejemplo de fuerza, energía y, sobre todo, de actitud. Billy siempre ha sido uno de los grandes, pese a los muchos que siguen considerándolo un cantante de pop. Se equivocan. La esencia más pura del rock and roll está en sus canciones y sus directos.

La sala madrileña de La Riviera registró un buen aforo para la ocasión. Dada la complicada situación económica actual, Idol consiguió reunir un buen público. La gente tenía ganas de ver por primera vez en España al rubio frontman, y lo cierto es que este no decepcionó. No sabemos lo loco o salvaje que ha podido ser en el pasado, pero nos quedó claro que se ha convertido en todo un profesional.

A las nueve en punto, sin teloneros, Idol saltaba al escenario franqueado por una poderosa banda, y con su mano derecha, Steve Stevens, como segundo gran protagonista. Empezó con clásicos como Ready, Steady Go, Dancing with Myself o Eyes without a face.

Como decíamos, el cantante está aún en plena forma (ya pasados los cincuenta y cinco) y se conserva más fuerte que muchos otros músicos la mitad de jóvenes. La respuesta del público fue bastante animada y buena, salvo en las ocasiones en las que Billy se empeñó en tocar canciones de su primera banda, Generation X. Un grupo que tuvo su momento pero que, por mucho que el propio Idol intente mitificar, nunca pasaron de anécdota. Eso mismo demostraron los allí reunidos, que no corearon igual temas como King Rocker o Running with the boss sound que los éxitos solistas del británico.

Tampoco el orden del set-list fue el más apropiado. Pese a ser un concierto largo, de casi dos horas, el grupo no intercaló bien baladas y temas más cañeros, creando momentos demasiado lentos y otros distraídos. Aún así, no se echaron en faltan ninguno de sus viejos hits, salvo quizás Cradle of Love o alguna que otra sorpresa del tristemente infravalorado cyberpunk.

Sonaron Flesh for Fantasy, L.A. Woman, Sweet Sixteen, Postcard from the Past e incluso una acústica version de Hot in the City. Pero el momento cumbre de la noche llegaría en la media hora final, cuando la banda enlazara Blue Highway y Rebel Yell, dejando para los bises White Wedding y la festiva Mony, Mony.

En definitiva, una noche extraordinaria, con un Idol que aún tiene mucho que decir en directo y que, esperemos, ojalá vuelva pronto por estas tierras. Puestos a pedir, con un set-list algo mejor elaborado. En cualquier caso, Billy sigue siendo uno de los grandes. Ya no se hacen cantantes así.





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