Bad Company 1973-1982
por Fran García
Hablar de BAD COMPANY es prácticamente citar a una de las formaciones fundamentales en el rock de la segunda mitad de los 70, herederos de la fortaleza de FREE, pero con una vitalidad renovada y con las ideas muy claras sobre el camino musical a seguir, que no es otro que el de un rock potente, melódico y directo, tan contundente como sugerente e intenso. Supieron marcar sin contemplaciones la pauta por la que tantísimas otras bandas siguieron en lo referente a su trayectoria musical y, por si eso no fuera suficiente, vendieron millones de discos, acumulando una masa de fans enorme y constituyéndose en referentes infaltables en todas las enciclopedias de rock. Desgraciadamente, hoy en día la memoria es frágil y mucha gente se ha olvidado o no conoce lo que supuso BAD COMPANY para el rock. Justo es que reivindiquemos tal status en esta publicación. Aquí y ahora se va a hacer justicia con un grupo que merece la mayor de las consideraciones y alabanzas. Fueron grandes entre los grandes y tuvieron cinco años pletóricos, en los que nadie les podía toser, sencillamente porque se encontraban en la élite, en la cúspide de la fama y de la creatividad musical. Cinco años que marcaron profundamente al rock.

LIBRES PARA TENER MALAS COMPAÑÍAS

El año 1972 fue especialmente frustrante para FREE. Publicaban su disco de reencuentro tras una desbandada originada por el fracaso comercial de “Highway”, de 1971 y a pesar del éxito de crítica de su álbum en directo “Free live”, también de ese año. El resultado de ese reencuentro fue “Free at last”, que les supuso un nuevo éxito en forma de single, en esta ocasión titulado “Little bit of love”. Junto con su archiconocido “All right now”, estos éxitos por fin situaban a la banda en la cima de su popularidad y reconocimiento. La frustración, como indico al comienzo de este párrafo, vino por el hecho de que PAUL KOSSOFF se encontraba en una situación desesperada en lo relativo a su adicción a la heroína. Nadie podía ya ayudarle y su fin estaba próximo. Así, cuando la banda se preparó para grabar “Heartbreaker”, que se lanzó en 1973, KOSSOFF era prácticamente un hombre consumido por la droga e incapaz de aportar nada interesante al grupo. Esta circunstancia, unida a la deserción de ANDY FRASER para formar SHARKS, provocó que el peso del desarrollo de ese último disco de FREE recayese casi en su totalidad en PAUL RODGERS y SIMON KIRKE, que a duras penas aguantaron lo suficiente para ver salir a la luz la obra póstuma de FREE. La situación era tan terrible que el grupo terminó desapareciendo al poco de publicarse “Heartbreaker”. De esta manera se precipitó el final de una banda que podría haber sido aún más grande de lo que fue, y se inició la trayectoria de otra que demostraría el enorme potencial que RODGERS y KIRKE aún tenían por delante: BAD COMPANY. La decisión tomada por ambos se demostró acertadísima, no sólo por la exitosa trayectoria del nuevo grupo, sino por la lamentable muerte, tres años después, de KOSSOFF, debido a un ataque cardíaco provocado por una sobredosis.

Para llevar a buen puerto la formación de un nuevo grupo que estuviese a la altura de FREE era necesario contar con músicos de primerísimo nivel. La guitarra eléctrica era el instrumento por excelencia para el proyecto BAD COMPANY, así que nada mejor que contar con MICK RALPHS, que en 1973 se encontraba muy distanciado ya de IAN HUNTER, por aquel entonces ya líder indiscutible de MOTT THE HOOPLE. Un repaso al número 27 de This is rock ofrecerá mayor información acerca de las razones por las que RALPHS abandonó a MOTT THE HOOPLE, pero en lo que concierne a BAD COMPANY, hay que considerar el descontento de este hombre con el sonido de guitarras que HUNTER quería en los HOOPLE, y la imposibilidad de que IAN cantase algunos de los temas que RALPHS tenía compuestos, entre ellos el que pronto sería éxito absoluto con los COMPANY: “Can’t get enough”. Conseguido el fichaje de un grandísimo guitarrista, el grupo estaba listo ya para comenzar su periplo, habida cuenta de que el puesto de bajista estaba magníficamente cubierto por BOZ BURRELL, conocido por su militancia en KING CRIMSON hasta 1972. El proyecto adquiría, pues, tintes de auténtico supergrupo, con todos sus miembros habiendo formado parte anteriormente de otras grandes bandas. Un caldo de cultivo extraordinario para desarrollar todo el potencial que llevaban en su interior, y que de alguna forma estaba muy limitado por las circunstancias en cada una de sus formaciones anteriores. Ahora, por fin, RODGERS, KIRKE y RALPHS eran libres. Libres para cultivar esas “malas compañías” que les harían alcanzar la gloria en el mundo del rock.

UN DEBUT PARA LA HISTORIA

RODGERS y RALPHS no se conocieron en BAD COMPANY. Ya habían coincidido cuando MOTT THE HOOPLE acompañó a FREE en un tour. De mutuo acuerdo y, seguramente sin que HUNTER y KOSSOFF se enterasen, ambos tocaban temas compuestos por ellos mismos y que no aparecían en los discos de sus respectivas bandas. La mayoría de esos temas eran composiciones de RALPHS, que sin duda era el más descontento con la línea musical y vocal de su grupo. Su estilo feroz y poderoso a la guitarra cada vez encajaba menos con el aura de glamour y experimentación musical que HUNTER buscaba para los HOOPLE. Cuando por fin formaron nueva banda, buscaron el nombre adecuado para la misma. Finalmente se decantaron por BAD COMPANY, inspirado por la película que ROBERT BENTON había dirigido en 1972. Pero el nombrecito de marras les trajo algún que otro problema en sus inicios, ya que PETER GRANT, manager de LED ZEPPELIN, se interesó por ellos con la intención de firmarles un contrato para Swan Records, el sello recién estrenado por PAGE y compañía. Uno de los escollos iniciales fue precisamente el del nombre. Tal y como dice el propio RODGERS: “Tuve que luchar mucho con el manager y con la compañía de discos para que aceptaran el nombre de BAD COMPANY. Pensaban que era un nombre horrible. PETER GRANT nos convocó a una reunión y en la banda tuvimos otra antes de ir a la suya. Allí les dije que ya había pasado por esta situación anteriormente con FREE, puesto que Island Records quería haber llamado al grupo THE HEAVY METAL KIDS. Todos acordamos ir a dicha reunión para decirle a PETER que nos llamaríamos BAD COMPANY y que no había nada más que decir al respecto. En cuanto PETER vio lo unidos que estábamos y lo fuertemente que defendíamos tal nombre, cedió y convenció a la compañía de discos”. Con los problemas iniciales resueltos, y habiendo conseguido ser el primer grupo en firmar un contrato discográfico con Swan Records, BAD COMPANY se pone manos a la obra y comienza el proceso de grabación del que sería su primer álbum. En noviembre de 1973, el grupo se encontraba ansioso por grabar todo lo que tenían compuesto. RODGERS explica cómo fue el proceso: “LED ZEPPELIN tenían un estudio móvil en Headley Grange, pero iban a retrasarse dos semanas antes de ir a grabar, así que PETER GRANT nos dijo que si éramos rápidos, probablemente podríamos utilizar ese estudio para grabar un par de temas. Aceptamos, entramos y grabamos el disco al completo. Headley Grange era muy atmosférico. Teníamos la batería en el hall y las guitarras en el salón. Hicimos cosas interesantes, como por ejemplo colocar el micrófono para grabación de voces en medio del campo. Así grabamos el tema “Bad Company”, una noche bajo la luz de la luna”. Con semejante conjunción de inmediatez y sentimientos, sólo podía salir una auténtica obra maestra en forma de disco. Así fue, y el primer álbum de la banda, titulado simplemente “Bad Company”, se publicó en junio de 1974, llegando pronto al puesto número uno de Billboard y consiguiendo con el tiempo vender más de cinco millones de copias en todo el mundo. Buena parte de dicho éxito se debe al clásico “Can’t get enough”, que RALPHS tenía compuesto desde su última etapa con MOTT THE HOOPLE. RODGERS consiguió darle a dicho tema todo el sentimiento, garra y calor que precisaba para convertirse en lo que es hoy: un clásico con letras mayúsculas de la historia del rock. El ritmo pegadizo y contagioso del tema, sus riffs de guitarra y ese estribillo machacón y repetitivo, pero absolutamente cautivador, definían a la perfección el sonido más genuino y auténticamente rockero de los 70. La voz de RODGERS, profunda, penetrante y expresiva como pocas, la guitarra de RALPHS, punzante, vigorosa, desplegando esos riffs tan característicos a la par que construyendo el archiconocido solo que caracteriza la parte final del tema, la base rítmica contundente y precisa de KIRKE y BURRELL y, en definitiva, las inmensas ganas y pasión que la banda le puso a un tema como éste, fueron los ingredientes determinantes para que el legado de FREE tuviera una sucesión digna y a su altura. En muchos sentidos, “Can’t get enough” es comparable a “All right now”, considerándose hoy en día ambos temas como dos de las joyas de la historia del rock. Ni que decir tiene que fue el single más exitoso del disco, alcanzando el puesto 5 en las listas de ventas, pero no fue el único tema destacado, ya que “Movin’ on”, también compuesto por RALPHS, alcanzó el lugar 19 en esas listas. “Movin’ on” es un tema muy rítmico y melódico, apoyado por riffs entrecortados de guitarra, mientras la voz lleva todo el peso de la melodía del tema, algo que RODGERS sabía hacer como nadie. Quizás por ello, además de por su inigualable garganta, es considerado “la voz” del rock. Escuchar esa forma de cantar es una experiencia difícil de olvidar. Muchos vocalistas le deben mucho a ese estilo que creó PAUL. Él supo encontrar y cultivar una forma personal y sugerente de cantar el rock con un sentimiento que pocos han sabido transmitir.

El denominador común de “Bad Company” es, sin duda, el rock poderoso, visceral, pero no exento en absoluto de melodías agradables, estribillos contagiosos y mucho, mucho sentimiento. Escuchar la música contenida en este disco es una experiencia enriquecedora, intensa, que de inmediato te engancha. Son composiciones que arrebatan y tocan la fibra más sensible. “Seagull”, balada compuesta por RODGERS y RALPHS, es una muestra de la compenetración de estos dos genios, también a la hora de escribir los temas. “Rock steady”, tema de RODGERS, completaba a la perfección un repertorio de canciones que estaban llamadas a crear escuela. En esta ocasión se trata de un corte con un sabor a blues y soul deliciosamente encantador, pero que gracias nuevamente a la guitarra de RALPHS y a la batería de KIRKE, consigue transmitir una energía cien por cien rockera. Es ésta precisamente una de las señas de identidad de la música de BAD COMPANY: la seductora mezcla entre sentimiento soul, intensidad blues y energía rockera. En tal sentido, a la hora de hablar de influencias en el sonido de la banda, RODGERS lo explica mejor que nadie: “Estábamos influidos por gente como JIMI HENDRIX, CREAM y, en cierto modo, los BEATLES. No creo que BAD COMPANY fuese una banda realmente influenciada por el blues, aunque sí es probable que yo llevase conmigo esa influencia, ya que soy un gran fan del blues. Simplemente intentábamos tocar como sentíamos, de forma que nos parecía buena y natural. Pienso que eso fue lo que nos dio nuestra identidad como banda”.

El prestigio de estar bajo la dirección de GRANT y de la mano de Swan Records tuvo su inmediata repercusión: debutaron en directo en el City Hall de Newcastle, en marzo de 1974. La respuesta de público y crítica fue abrumadora, alcanzando un éxito tan grande que pronto se trasladaron a Estados Unidos para dar varios conciertos. Entre esos conciertos destacan los que dieron abriendo para EDGAR WINTER. El disco apenas llevaba unos días en las listas de éxitos. Tres meses después, ya era número uno y el mundo se rendía ante uno de los mejores discos del rock de todos los tiempos. Estados Unidos reconoció de inmediato el valor de tal propuesta musical, recordando el éxito de FREE con “All right now” y vinculándolo a los nuevos temas de BAD COMPANY, que en cierto modo seguían un patrón rítmico y melódico similar, pero al mismo tiempo, estableciendo también la conexión entre los shows de MOTT THE HOOPLE en directo, que en cierto modo tenían su continuidad con la puesta en escena y labor que este nuevo grupo desarrollaba sobre el escenario. MIKE RALPHS recuerda aquellos tiempos: “Intentábamos siempre ser naturales. Podíamos tocar clásicos del soul y del blues, a la vez que desarrollábamos nuevos temas. Mi guitarrista favorito, el que me inspiraba a la hora de tocar, era STEVE CROPPER, el batería favorito de KIRKE era AL JACKSON, mientras que PAUL sentía debilidad por la voz de OTIS REDDING. Básicamente tocábamos como una banda de bar, pero pronto quedó claro que los bares en los que tocábamos iban siendo cada vez más grandes”. En estas palabras probablemente esté condensado el misterio del sonido BAD COMPANY: la simplicidad de lo inmediato, de lo más cálido y próximo al fan, unida a la grandeza de unas composiciones de enorme calidad, talento y creatividad, que nacieron para ser inmortales.

EL ESPECTÁCULO CONTINÚA

Tras la primera gira de su carrera, BAD COMPANY regresan a Londres para plantearse lo que sería su siguiente disco. El propio PETER GRANT les felicitaría por el éxito logrado y les daría todo tipo de ánimos y facilidades para seguir dando rienda suelta a su creatividad. SIMON KIRKE resume perfectamente la conexión entre la banda y su manager: “Él hablaba nuestro idioma, amaba a sus artistas. Nos hizo creer en nosotros mismos. Nos ayudó que la otra banda a la que representaba fuese la más grande del mundo”. Con palabras así, queda meridianamente patente la importancia de GRANT en los resultados musicales y comerciales de BAD COMPANY. Así las cosas, en septiembre de 1974 el grupo decide instalarse en el castillo de Clearwell, en Gloucestershire, donde se concentrarían en dar forma al siguiente álbum, que como todo segundo disco tras un inicio apoteósico, tiene un difícil rol: el de dar continuidad a tan sorprendente y magnífico debut. Así surgió “Straight shooter”, que se publicó en abril de 1975 y se convirtió en un nuevo éxito de la banda, vendiendo más de tres millones de copias y demostrando que lo de su primer disco no había sido una casualidad. Los temas de este Lp estaban casi todos compuestos durante el primer año de existencia del grupo, al igual que los que aparecían en su primer álbum habían sido escritos con anterioridad a 1974. BAD COMPANY se encontraban deseosos de plasmar en un disco lo que habían estado componiendo durante su primera gira. Parte del proceso de creación de esta obra se puede observar en las palabras de KIRKE: “Recuerdo que PAUL estaba cantando lo que posteriormente sería “Shooting star” en el aeropuerto, mientras esperábamos para ir a Estados Unidos en lo que sería nuestro segundo tour. Subió al avión con su guitarra y comenzó a tocar y cantar el comienzo del tema”. Lo cierto es que “Shooting star” se convirtió en uno de los temas destacados de “Straight shooter”, junto al ganador de un Emmy, “Feel like makin’ love”. Mucha gente ha imaginado posteriormente a quién podría ir dirigido el mensaje de dicho tema (habla sobre un chico que lo deja todo por el rock y termina convirtiéndose en una estrella, pero muriendo por tal causa), pensando incluso que RODGERS pudiera haber estado inspirado en la trayectoria de PAUL KOSSOFF a la hora de escribirlo, pero el propio RODGERS aclara tal punto: “Comencé a cantar la letra “Johnny was a schoolboy...” y no dejaba de pensar que era una buena canción. Cogí papel y lápiz y comencé a escribir la letra y la música. La canción surgía directamente de mí. Se escribía por sí sola. Yo mismo me preguntaba de dónde salía todo aquello. Finalmente puedo decir que es un tema que habla de todas las víctimas de la música rock, porque desgraciadamente ha habido demasiadas”.

“Straight shooter” alcanzó el número 3 en las listas de Estados Unidos y Gran Bretaña. Nuevamente la respuesta de público y crítica fue unánime y tremendamente positiva, permitiendo que la banda volviese a Estados Unidos para una nueva gira, pero en esta ocasión como cabezas de cartel. En lo estrictamente musical, “Straight shooter” es un disco bastante más tranquilo que su antecesor, con dos baladas claramente destacables en su repertorio: las ya citadas “Shooting star” y “Feel like makin’ love”. Como contrapunto a este enfoque menos potente, RALPHS aportaba su composición “Good lovin’ gone bad”, que se convirtió en un tema fijo en el repertorio de BAD COMPANY en sus directos ya para siempre. La voz de RODGERS suena en este corte más aguda, más incisiva en la parte más potente, para pasar a una inflexión mucho más cálida y sugerente en la parte más tranquila. En ambas situaciones sencillamente lo borda. Una delicia sólo al alcance de los elegidos. En cualquier caso, resulta evidente que el éxito comercial de este segundo disco se debió en gran parte a la resaca de su primer e irresistible álbum de debut. La masa de seguidores reclutada en los shows que la banda dio a lo largo de 1974 no falló a la hora de responder ante su segundo trabajo. Lo que resulta fuera de toda discusión es que “Straight shooter” consolidó a BAD COMPANY como una de las bandas punteras del momento, permitiéndoles afianzar su show en directo y adquirir el protagonismo necesario para poder dar conciertos como únicos protagonistas de los mismos. Así sucedió en la gira de 1975, donde quizás el momento más emotivo tuvo lugar a finales de dicho año, cuando PAUL KOSSOFF fue invitado por el grupo a subir al escenario y cantar con ellos “All right now”. Así sucedió en un par de noches, constituyendo un momento entrañable e histórico, así como, desgraciadamente, la última vez que KOSSOFF coincidiría encima de un escenario con sus ex-compañeros de FREE.

EL DECLIVE CREATIVO

Para la grabación de su tercer disco, BAD COMPANY eligen Francia, concretamente la localidad de Grasse, donde en septiembre de 1975 se ponen manos a la obra. Utilizan la Rolling Stones Mobile para la grabación, contando con RON NEVISON para tal tarea, mientras que las mezclas las realizan en Los Ángeles, corriendo a cargo de EDDIE KRAMER. El resultado fue un disco también muy exitoso, pero algo más experimental que sus antecesores, así como menos brillante musicalmente hablando. En cualquier caso, “Run with the pack”, que así se llamó el álbum, consiguió vender más de tres millones de copias, fue el primer disco de la banda que alcanzó el disco de platino y llegó al puesto 5 de las listas de éxito británicas y estadounidenses. Aportó un nuevo éxito en forma de single, que fue la versión del “Young blood”, de los COASTERS, pero sólo llegó al puesto 29. De forma lenta, pero inexorable, había comenzado el declive de la banda. No obstante, como ha de ser en toda gran formación de rock, este declive fue progresivo y con grandes momentos aún por ofrecer a los fans y seguidores del rock en general. “Run with the pack” asentó los poderes sobre los que se instauraba la magia de BAD COMPANY: la compenetración entre RODGERS y RALPHS a la hora de componer los temas y la voz inigualable de RODGERS, que daba a cada canción una personalidad diferenciada y un estilo inconfundible. Su dominio vocal era abrumador, consiguiendo abarcar tantos matices que podía cantar prácticamente todo lo que se le antojase, aunque donde más a gusto se encontraba era en las baladas de regusto soul y en los temas enérgicos y contundentes, donde su voz se transformaba en un torrente lleno de carisma y energía. Entre las sorpresas experimentales de “Run with the pack” destaca el tema que le da título, en el que aparece una orquesta. Esto ya se había hecho en el anterior disco con el tema “Weep no more”, pero en esta ocasión RODGERS compuso la canción que daba título al álbum con arreglos orquestales en su mente desde el mismo inicio. Él mismo lo deja muy claro: “Escribí “Run with the pack” con ayuda del piano y cuando la toqué, a los chicos les encantó. En mi mente, la orquesta siempre fue una parte de la canción. JIMMY HOROWITZ llegó al estudio de grabación y tenía que hacer la partitura. Llegó con una grabadora en la mano y, cuando escuchaba la canción, me preguntó cómo quería que sonara la orquesta en el acompañamiento. Le canté la parte de orquesta que tenía en mi mente y él la escribió en la partitura”. El resto del álbum es bastante inferior a los dos temas citados, aunque sigue habiendo buenas aportaciones por parte de RALPHS, como el corte “Simple man”, que destacaba por encima de los demás.

La gira de “Run with the pack” estuvo marcada por la tragedia, ya que estaba previsto que comenzara el 25 de abril de 1976 en Gran Bretaña, con la banda de PAUL KOSSOFF, BACK STREET CRAWLER, como teloneros, aprovechando que también publicaban su segundo disco. Lamentablemente las drogas volvieron a apoderarse de KOSSOFF, esta vez ya por última vez. PAUL murió el 19 de marzo de 1976 en un avión, volando de Los Ángeles a Nueva York, debido a un ataque al corazón provocado por una sobredosis. De esta dantesca manera comenzaba una gira que parecía gafada desde el principio, pero que el grupo supo llevar a buen término, ofreciendo shows fantásticos. Fue probablemente una de las giras más interesantes del grupo, que ya mostraba una madurez clara y que ofrecía un repertorio en directo absolutamente maravilloso. Buena prueba de ello es el álbum “Live in Albuquerque 1976”, extraído de unas grabaciones piratas de la época, publicado hace sólo dos años, y que recoge un show de esa gira, en el que no sólo el sonido es estupendo, sino que podemos encontrar todos los éxitos del grupo tocados en vivo. Una muestra palpable de lo que fueron aquellos conciertos, en los que la banda se encontraba escénicamente en su plenitud.

El cansancio comenzó a hacer mella en BAD COMPANY. Eran ya tres años de frenética actividad, grabando discos y girando para presentarlos. En tales circunstancias de agotamiento llegó el que sin duda es su peor trabajo en su primera etapa: “Burnin’ sky”, publicado en marzo de 1977. El disco se grabó nuevamente en Francia, en los Chateau d’Herouville Studios entre julio y agosto de 1976, pero se retrasó su edición para no entrar en conflicto con “Run with the pack”. El ingeniero de sonido fue CHRIS KIMSEY, que posteriormente trabajaría con los ROLLING STONES. Lo primero que llamó la atención de este álbum fue que no tenía ningún tema que pudiese ser un single potencial. Su concepto era más atmosférico, más compacto, aglutinando un puñado de buenas composiciones que pudieran darle coherencia a un álbum seguramente pensado para escapar a esa tónica general de buscar algún hit single. El resultado fue muy pobre, llegando solamente al puesto 12 de las listas de éxitos y, a pesar de lo apuntado, consiguiendo colocar uno de sus temas, el que le da título, en el puesto 18. Poco bagaje para una banda que se había acostumbrado a las mieles del éxito. A pesar de todo, “Burnin’ sky” consiguió llegar a disco de oro, seguramente por la lealtad de unos fans que aún esperaban algo mejor de su banda. La respuesta estaba próxima, pero desgraciadamente sería un último ramalazo de genialidad antes de tocar fondo.

EL CANTO DEL CISNE Y LA CAÍDA INEVITABLE

El fiasco de “Burnin’ sky” llevó a BAD COMPANY a replantearse claramente lo que querían hacer con su siguiente trabajo. Lo primero que decidieron fue tomarse un tiempo de descanso para recuperar fuerzas. Las giras los habían dejado agotados, así que dejaron pasar casi dos años y medio antes de volver a meterse en un estudio de grabación. A finales de 1978 por fin encontraron la motivación y las fuerzas para afrontar la grabación de un disco que se antojaba importantísimo en su carrera. Esta vez decidieron volver a Gran Bretaña, dejando atrás Francia. En los Ridge Farm Studios de Surrey grabaron “Desolation angels”, su quinto disco, cuyo título tomaron de una novela de JACK KEROUAC. Este álbum recupera buena parte de la frescura e inmediatez que caracterizó sus dos primeros trabajos, consiguiendo mucho más éxito que “Burnin’ sky” y volviendo a ser disco de platino. SIMON KIRKE nos aclara algunos de los aspectos que explican la forma de grabar este disco: “Recuerdo que caminábamos por el estudio de grabación y PAUL tocaba el riff de “Rock ‘n’ roll fantasy” con la guitarra. Tenía un divisor de octavas enchufado a su guitarra y el riff sonaba grandioso. Grabamos la canción ese mismo día”. Todo un ejemplo de una manera de concebir el rock, las grabaciones e incluso la misma filosofía de la música. La espontaneidad, la frescura, el espíritu del directo por encima de cualquier otra consideración. Justo lo que BAD COMPANY necesitaban para volver a los lugares de privilegio que les correspondían. “Rock ‘n’ roll fantasy” fue el tema estrella del disco, su punto de referencia fundamental. Alcanzó el puesto 12 en las listas de éxitos y contribuyó decisivamente a que “Desolation angels” llegase al número 3 de Billboard y se convirtiera en multiplatino. Otro gran tema, muy rítmico y repetitivo, “Gone gone gone”, llegaría al puesto 44 de las listas. No obstante, en este disco hay gran diversidad de sonidos y de sentimientos. “Evil wind” nos muestra la identificación de la banda con el estilo country, algo que desde sus inicios estaba latente, pero que en esta canción se aprecia definitivamente. Las influencias sureñas, por su parte, se recogen en la sensacional “Oh Atlanta”, que está cantada con enorme sentimiento por RODGERS.

De nuevo BAD COMPANY se encontraban en la cresta de la ola, saboreando las excelencias de la fama y el reconocimiento. “Desolation angels”, además, aportaba un nuevo elemento a la música del grupo, como es el sonido de los sintetizadores, que supieron utilizar de forma muy adecuada en este disco. En cualquier caso, lo que predomina es lo de siempre: la excelente voz de RODGERS, la soberbia guitarra de RALPHS y esa base rítmica poderosa y contundente a cargo de KIRKE y BURRELL, y por encima de todo, unas canciones tremendamente accesibles, potentes y contagiosas, que transmiten montones de sensaciones. Rock en su más pura definición y en su más directa ejecución. Todo ello devolvió al grupo a los escenarios con una fuerza arrolladora, embarcándose en una gira que resultó tremendamente exitosa y de proporciones gigantescas. Quizás por esta razón se demoró tanto el lanzamiento de su siguiente álbum, “Rough diamonds”.

Tras la gira de “Desolation angels”, la banda estaba completamente exhausta. Prácticamente habían llegado al límite de sus energías y era necesario dejar pasar otro buen puñado de meses hasta que se encontrasen en condiciones de afrontar la grabación de un nuevo álbum. Decidieron reanudar su actividad a finales de 1981, cuando volvieron a los Ridge Farm Studios para iniciar las sesiones de grabación de “Rough diamonds”. Desgraciadamente, las condiciones fueron mucho peores que en su anterior disco. Las muertes de JOHN BONHAM y JOHN LENNON fueron un serio revés para la banda, que se replanteó seriamente el tipo de vida que llevaban y las consecuencias que podría tener en su futuro y el de sus seres queridos. Por otro lado, un conato de enfrentamiento entre RODGERS y BURRELL creó un ambiente de tensión que dificultó enormemente la grabación del álbum. Los resultados fueron evidentes: “Rough diamonds” fue el disco menos exitoso de todos los publicados hasta la fecha, consiguiendo tan sólo llegar al puesto 26 de la lista de Billboard. El único single con cierta repercusión fue la composición de RODGERS, “Electricland”, que alcanzó el número 10 de las listas. El principal problema de este disco, aparte de la tensión que presidió su génesis, fue el poco convencimiento que la propia banda puso a la hora de componerlo y tocarlo. El propio RODGERS lo indica sin rubor: “En ese momento, sentía que la banda y todo lo relacionado con ella habían absorbido completamente mi vida. Necesitaba volver a poner los pies en el suelo y ver a mis hijos crecer, pero nunca dejé la música, dejé la banda”. Con estas elocuentes palabras deja claro que su cabeza no estaba ya en BAD COMPANY, sino en su propia vida, de la cual deseaba disfrutar durante un tiempo. Inevitablemente esto se trasladó al disco, que adolecía de la necesaria credibilidad y coherencia mínima para trasladar las sensaciones que sí habían conseguido sus anteriores trabajos. La suerte estaba echada en la banda y nada podía ya evitar que PAUL RODGERS tomase la decisión de abandonarla. Incluso el mismo MICK RALPHS reconoce que por aquel entonces era lo mejor para todos: “Mirando hacia atrás, creo que lo dejamos en el momento justo. PAUL quería dejarlo y los demás también necesitábamos parar. BAD COMPANY había llegado a ser más grande que nosotros mismos y continuar con ello habría destruido algo o a alguien. Desde un punto de vista empresarial era el momento menos adecuado para separarnos, pero el instinto de PAUL estaba absolutamente en lo cierto”. Una última cuestión tuvo también una importancia fundamental en esta decisión: la pérdida de interés que PETER GRANT empezó a mostrar por el grupo. SIMON KIRKE aporta un elemento clarificador en tal sentido: “PETER era definitivamente el pegamento que nos mantenía unidos y en su ausencia, nos separamos”. Con esto queda dicho todo.

BAD COMPANY volverían cuatro años después, aunque ya sin RODGERS, que se encontraba ocupado con el proyecto THE FIRM, junto a JIMMY PAGE. El elegido para reemplazarlo fue BRIAN HOWE, que aportó al sonido de la banda una orientación más pop, la cual no fue bien entendida por la mayoría de sus fans. En el plano meramente artístico, nada de lo que el grupo hizo posteriormente volvería a tener la relevancia de los grandes discos de la etapa que ocupa este artículo. Ni siquiera la vuelta de PAUL RODGERS, ya en 1998, pudo devolver el prestigio perdido a una banda herida de muerte por su propio éxito. Es la sempiterna historia del rock y de las innumerables formaciones que han terminado por ser devoradas por su propio triunfo. Afortunadamente, a RODGERS no le sucedió como al Johnny de su tema “Shooting star” y aún vive para contarlo y disfrutar de los jugosos royalties que sus composiciones y discos siguen generando. Ya nada volverá a ser como en aquella época dorada, la que nos regaló algunos de los mejores momentos en la historia del rock y nos hizo vibrar con un grupo que supo interpretar como nadie la filosofía más lúdica, fresca, sencilla y directa de una música que, no lo olvidemos, nació con la intención de divertir y hacer que la gente se evadiese de los problemas cotidianos, al tiempo que se dejaban llevar por sueños de lo más diverso. BAD COMPANY entregó sus mejores años a hacer posible tal filosofía. Si hoy estoy escribiendo esto, es porque consiguieron su propósito como pocas otras bandas pueden presumir de haberlo logrado.

Cortesía de www.thisisrock.net




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