Biografías: Foghat
por Fran García
FOGHAT EN LOS 70

A comienzos de los 70, SAVOY BROWN sufrió una conmoción interna que desembocó en la deserción de casi todos sus miembros. El guitarrista DAVE PEVERETT, el bajista TONY STEVENS y el batería ROGER EARL abandonaron la formación para seguir su propio rumbo. La adición del guitarrista ROD PRICE fue el elemento justo y necesario para formar una nueva banda. Así nació FOGHAT, un grupo de rock con auténtico sabor norteamericano, pero compuesto por músicos británicos. El nombre fue tomado del protagonista de una tira de comics: LUTHER FOGHAT, pero antes de entrar de lleno en la historia de esta banda, bueno será conocer brevemente algo sobre sus músicos fundadores.

LOS MÚSICOS Y SUS CIRCUNSTANCIAS

LONESOME DAVE PEVERETT era un guitarrista con claras influencias de los pioneros del rock, como CHUCK BERRY, BILL HALEY o LITTLE RICHARD. Su trayectoria como guitarrista abarca bandas de poca entidad, como CROSS TIES BLUES BAND. Precisamente en esta formación conoció a CHRIS YOULDEN, con el que formaría SAVOY BROWN. Allí fue donde sus capacidades vocales se mostraron efectivas por primera vez, por lo que su protagonismo como guitarrista y vocalista en FOGHAT tiene su génesis en su etapa con SAVOY BROWN. Desgraciadamente, PEVERETT falleció a la edad de 56 años el 7 de febrero de 2000, debido a un cáncer. Su fallecimiento fue un duro golpe para FOGHAT, pero no significó su desaparición como banda.

TONY STEVENS es un bajista también inglés, cuya trayectoria se circunscribe a su militancia en SAVOY BROWN, grupo en el que conoció a PEVERETT, con el que posteriormente formaría FOGHAT. Cuando PEVERETT falleció, STEVENS publicó un álbum en solitario muy interesante, llamado “Don’t blame me”, muy orientado hacia el sonido de los 80 y que contó con la colaboración de varios compañeros de las bandas en las que estuvo tras su periplo con FOGHAT.

ROGER EARL es un batería que formó parte de TRAMPS, MUNGO JERRY, SAVOY BROWN y FOGHAT, bandas a las que aportó lo mejor de sí mismo como músico, y a las que debe toda su fama en la música rock. Durante la segunda mitad de los 80, siguiendo la estela de la desbandada momentánea de FOGHAT, EARL militó en NEW ENGLAND JAM BAND y KNEETREMBLERS.

ROD PRICE era un guitarrista que militó en bandas como SHAKEY VIC'S BIG CITY BLUES BAND, DYNAFLOW BLUES, BLACK CAT BONES y NIGHTWATCH, pero cuya relevancia en el mundo del rock está ligada a FOGHAT, si bien en 2000 publicaría su primer trabajo en solitario, “Open”, un disco en el que rendía tributo a la música que siempre había amado: el blues. En 2003 publicó su segundo álbum en solitario, “West four”, de menos interés que el anterior. Dos años después, en 2005, PRICE fallecería al caer por unas escaleras y producirse daños en la cabeza irreversibles. Su técnica a la guitarra, basada en una combinación de slide y sonido claramente blues, marcaría el sonido de FOGHAT y su personalidad como músico.

LOS INICIOS (1971-1974)

Estamos a comienzos de 1971 y DAVE PEVERETT decide desligar su trayectoria de la de SAVOY BROWN, con la idea de formar una nueva banda. Le acompañan en tal empresa TONY STENVENS y ROGER EARL, además de reclutar al guitarrista ROD PRICE. Con esta formación atraen la atención de ALBERT GROSSMAN, que los lleva a un estudio de grabación, donde tenía previsto conseguir que trabajasen con TODD RUNDGREN, que sería su productor. No obstante, al final no fue TODD el elegido, aunque varios temas sí que se grabaron con él y aparecen en el primer disco de FOGHAT. El productor por el que se decidieron, finalmente, fue nada más y nada menos que DAVE EDMUNDS, un productor que, en palabras de PEVERETT, “estaba más próximo al primer ELVIS y a Sun Records”. “Me encantaron los efectos de phasing que le metió a las voces. Nunca dudaba en experimentar con el sonido”, continuaba recalcando PEVERETT. El ambiente fue, como es lógico imaginar, totalmente cordial y productivo. Los resultados, evidentemente, fueron en consonancia con el espíritu de trabajo de FOGHAT y EDMUNDS. En 1972 se publica “Foghat”, primer álbum del grupo, que alcanza el puesto 127 en las listas de ventas de álbumes de Estados Unidos. La versión del clásico de WILLIE DIXON, “I just want to make love to you” fue elegida como single, con un éxito moderado en las estaciones de radio de la época. Todo el disco es una amalgama de composiciones de puro y poderoso hard rock claramente emparentado con el sonido norteamericano. La fórmula de mezclar versiones con temas propios les dio un resultado excelente, ya que tuvieron mucho acierto a la hora de ejecutar dichas versiones. Aparte de la ya citada de DIXON, destaca el “Maybellene” de CHUCK BERRY. Lo normal era que FOGHAT añadiesen un plus adicional de energía en sus versiones, por lo que éstas adquirían una nueva dimensión, encuadrándose sin problemas en el hard rock más incisivo y excitante de la época. Así lo podemos comprobar, tanto en ésta canción como en la ya citada de DIXON. El resto de temas resultan también de alto interés, exhibiendo una energía poderosa y contagiosa con melodías a ritmo de boogie rock, como se puede comprobar en “Fool’s hall of fame” o “Trouble trouble”. No obstante, también hay cortes en los que el puro hard rock es la base de su sonido, como en “A hole to hide in”, aunque siempre con ese fondo rítmico tan característico del boogie rock cien por cien con sabor norteamericano. Más allá de la indiscutible calidad y valía musical de este álbum, su publicación sirvió para que el grupo empezase a demostrar en sus conciertos su potencial de crecimiento y su poderosa oferta artística.

Ante el éxito de este debut, la banda se puso manos a la obra y, de nuevo con DAVE EDMUNDS, grabaron “What a shame”, un single que llegó al puesto 82 de las listas norteamericanas. Era el preludio de su siguiente disco. De hecho, este tema aparecería en el mismo, aunque con ciertos retoques. No obstante, EDMUNDS ya no sería el productor, debido a discrepancias con la banda en las sesiones de trabajo previas. FOGHAT se decantaron finalmente por TOM DAWES, algo que afectaría al resultado de su siguiente disco. Su nombre fue “Foghat”, si bien en Estados Unidos se le tituló “Rock and roll”. Se publicó en 1973 y, gracias a la visión más comercial de DAWES, consiguió enmascarar el evidente déficit en cuanto a ideas y calidad comparado con su antecesor. Las canciones profundizan en esa mezcla de blues y rock potente que empezaba ya a ser seña de identidad de la banda, aunque sin mostrar nuevas formas musicales que hicieran evolucionar su propuesta artística. En cualquier caso, este segundo trabajo sirvió para consolidad al grupo, convirtiéndolo en una de las bandas importantes en los conciertos de la época. Fue el primer disco de FOGHAT que alcanzó ventas suficientes para ser galardonado con el disco de oro, por lo que supuso un gran espaldarazo a su popularidad. Se puede decir que “Foghat/Rock and roll” es un álbum orientado al directo, con canciones que parecen compuestas para ser ejecutadas en vivo y convertirse en imprescindibles en el repertorio de la banda. Así fue con algunas de ellas, como la explosiva y poderosa “Ride, ride, ride”, que abre el disco de forma pletórica y que de inmediato se convirtió en protagonista de los conciertos de la banda. Se trata de un tema sustentado, como era de esperar, en un ritmo de boogie-rock, al que se le añade la vitalidad y energía del ya conocido hard rock de FOGHAT, con una aportación de las voces muy interesante, ya que se orientan un poco hacia los terrenos del gospel. Sin duda, el mejor tema del disco y uno de los más interesantes de toda la carrera de la banda. El otro gran momento de este álbum es “Road fever”, canción que hace referencia en su letra a la vida de una banda de rock and roll cuando se encuentra de gira, o “en la carretera”, como se dice en el argot rockero. Nuevamente nos encontramos ante un tema concebido para el directo, no ya solamente en su sonido, sino también en su texto. Una composición muy rockera, enérgica y directa, de las que rápidamente crean adicción y consiguen que el oyente se identifique con ella. En este tema la banda incluye una sección de instrumentos de viento, que realiza su cometido con gran solvencia y sin resultar en absoluto excesiva. El resto del álbum es bastante inferior a su primer trabajo, si bien el nivel de calidad es lo suficientemente alto como para hacer que merezca la pena su adquisición y escucha. Para los fans de la banda fue un disco muy importante, ya que aglutinó a una gran cantidad de seguidores que fueron descubriendo que su primer Lp no fue fruto de la casualidad, sino la prueba de que había nacido un grupo poderoso y con mucho que aportar al mundo del rock.

El buen trabajo de TOM DAWES como productor del segundo disco de la banda animó a ésta a contar con él como productor de su siguiente trabajo, que llevaría el nombre de “Energized” y se publicaría en 1974. El grupo seguiría adelante con su sonido y su estilo, mostrándose inamovibles y fieles al hard rock de raíces norteamericanas y ritmo boogie, pero en este caso llevaron sus capacidades a lo máximo que podían aspirar por aquel entonces, además de permitirse cierto nivel de experimentación que aportó a este disco un plus de versatilidad de lo más interesante. “Energized” fue el álbum que apuntaló definitivamente el prestigio y la trayectoria de FOGHAT, juntando un montón de excelentes composiciones, un par de versiones magistrales y algún que otro clásico en el repertorio de la banda. Más o menos lo mismo que en sus anteriores trabajos, pero mucho más inspirado, sobre todo si lo comparamos con el segundo disco. Este tercer trabajo fue el más exitoso, hasta entonces, de los publicados por FOGHAT. Alcanzó el disco de oro sin problemas, reclutando masivamente a una nueva legión de seguidores que auparon al grupo a los lugares más altos de éxito y relevancia. En términos objetivos de calidad musical, quizás no sea tan sorprendente como el primero que publicaron, pero a cambio ofrecía mucha más madurez y un trabajo más elaborado a nivel instrumental y compositivo. Como venía siendo habitual en sus anteriores discos, el primer tema es una carta de presentación excelente de lo que sonará después. En este caso, ese primer tema es nada más y nada menos que “Honey hush”, versión del clásico del blues compuesto por ese monstruo llamado BIG JOE TURNER. En manos de FOGHAT, este tema se convierte en una maravilla de excelente rock poderoso y contundente, una de esas versiones que no sólo aportan cosas al original, sino que además reflejan perfectamente el estilo característico de una banda. Las guitarras de PEVERETT y PRICE campan a sus anchas, dándole a esta canción la personalidad rockera que tiene, y que el público ya identifica como el aporte fundamental de FOGHAT a las versiones que tocan. La otra versión magistral es la que hacen del tema de BUDDY HOLLY, “That’ll be the day”, que adquiere un dinamismo especial de la mano de esta banda, incluyéndole una sección de viento que cohesiona aún más el sonido, además de unos coros con claro acento gospel-soul, siguiendo lo ya hecho en su anterior disco con “Ride, ride, ride”. En lo referente a los temas propios de la banda, ahí está la rockera y poderosa “Wild Cherry”, apoyada en unas guitarras incisivas y afiladas, aceleradas y a ritmo clásico de rock. Por su parte, “Home in my hand” se convirtió en un tema indispensable en el repertorio de la banda, aparte de ser seguramente la mejor composición del disco. Una canción que cautiva a cualquiera que tenga la más mínima sensibilidad rockera, con sección de viento incluida, un ritmo excelente, melodías adictivas y una marcha que engancha irremisiblemente. Es de esas canciones que uno no puede evitar acompañar moviendo los pies, un tema perfecto para escuchar en momentos álgidos, en los que se busca la diversión por encima de todo. La sorpresa del disco viene de la mano de “Step outside”, que suena a medio camino entre el funk y el rock, incluso en el sonido de las guitarras. Un tema interesante, en cualquier caso.

Antes de finalizar ese mismo año, la banda publica nuevo álbum, pero la jugada no les salió como ellos esperaban. Su primer error fue despedir a TOM DAWES. En palabras de PEVERETT, “DAWES tenía realmente talento, pero sus gustos musicales diferían de los nuestros. Queríamos a alguien que entendiese el sentimiento de nuestra música un poco más”. Encontraron en NICK JAMESON a la persona supuestamente ideal para tal empresa, un ingeniero de sonido que ya había trabajado con ellos, remezclando algunos temas de su primer disco. Fue el encargado de la producción de su nuevo trabajo, además de realizar las labores como ingeniero de sonido. El resultado fue “Rock & Roll Outlaws”, publicado en ese mismo año 1974, un disco muy inferior a “Energized” y que sólo consigue momentos interesantes cuando la banda rockea con fuerza. JAMESON aporta su granito de arena al sonido de FOGHAT, consiguiendo que resulte limpio y brillante sin sacrificar nada de su energía y su contundencia, pero no es suficiente para salvar unas canciones que navegan entre la mediocridad y de las cuales sólo se salvan “Eight days in the road”, un poderoso rock que nuevamente trata sobre la vida en la carretera, la muy rítmica “Chateau Lafitte ’59 Boogie”, que resulta toda una declaración de intenciones al ritmo del mejor boogie-rock que la banda sabe bordar a la perfección, “Blue Spruce Woman”, con sus guitarras ásperas y entrecortadas y, en menor medida, el medio tiempo “Dreamer”, que cosechó bastante éxito en las emisoras de radio y entre los fans. Por lo demás, “Rock & Roll Outlaws” fue un disco que colocó a FOGHAT en una situación muy comprometida, desperdiciando buena parte del interés que sobre la banda había hecho recaer la vitalidad y frescura de su antecesor.

LOS AÑOS DE GLORIA (1975-1977)

La situación de FOGHAT a finales de 1974 era, como mínimo, delicada. No habían terminado de dar el salto como grupo de primerísimo nivel, convirtiéndose en la eterna banda que abría festivales en los que triunfaban las que tocaban a continuación, sus ventas, aunque interesantes, no alcanzaban niveles de éxito masivo, su último disco había sido un pequeño fiasco. Lo único que jugaba a favor de ellos era el público. La masa de fans que acudían a verlos en directo se había ya consolidado, mientras que muchos otros curiosos se interesaban por el grupo, pero no terminaban de encontrar ese disco definitivo que hiciera que los siguieran incondicionalmente y que comprasen sus álbumes de forma masiva. A pesar de todo, la actividad en directo de FOGHAT seguía siendo frenética, girando constantemente, sobre todo por Estados Unidos, ofreciendo conciertos de gran calidad e intensidad, demostrando que eran una banda de directo, que encima de un escenario mejoraban aún más los temas que aparecían en sus discos de estudio. Normalmente, cuando un grupo apuesta por demostrar lo que vale sobre un escenario, el tiempo le da la recompensa que merecen. Y eso fue lo que sucedió con FOGHAT. TONY STEVENS abandona el grupo, siendo reemplazado por el propio NICK JAMESON, que añadirá a sus labores como ingeniero y productor las de músico. En poco tiempo, JAMESON desarrolló una técnica más que suficiente para reemplazar a STEVENS, e incluso para aportar al grupo su propia forma de entender un instrumento como el bajo. Su contundente estilo al tocar se convertiría en una parte importante en el sonido que el nuevo disco de FOGHAT iba a ofrecer. En 1975 se publica “Fool for the city”, el mejor álbum de estudio de la banda y el primero en llegar a disco de platino, entrando en el Top 40 norteamericano. Un disco poderoso, vital, enérgico, melódico, lleno de estribillos tremendos y de un sonido adictivo y contundente. La banda decide apostar por demostrar en un disco de estudio todo lo que han aprendido sobre los escenarios, consiguiendo impactar de forma tremenda a las audiencias y a la crítica especializada. Desde ese momento, FOGHAT no volvieron a ser jamás una banda de segunda línea, alcanzando por fin el merecido privilegio de formar parte del estrellato rockero. “Fool for the city” es un disco completísimo, en el que podemos rockear a gusto al mismo tiempo que sumergirnos en una sensibilidad deliciosa y frágil con una balada como “Take it or leave it”, en la que su dulce melodía nos subyuga al ritmo de una guitarra acústica delicada y un sintetizador que le aporta unos matices y una clase exquisita. La parte más blues queda excelentemente plasmada en “Terraplane blues”, un corte sensacional en el que se empieza con un aire muy añejo y clásico, con dobro incluido, hasta que entran la batería y la guitarra de forma inesperada, convirtiendo al tema en un sensacional blues-rock poderoso y rabioso, que no acelerado. Una delicia para todo buen amante de este estilo musical. Pero si por algo se caracteriza este disco, es por su rock directo y poderoso. El tema que da título al disco se encarga de abrir un paseo por el mejor hard rock de los 70. “Fool for the city” nos ofrece riffs de fácil asimilación y muy efectivos, un ritmo trepidante, melodías deliciosas y un estribillo insistente que termina de redondear un temazo en toda regla. En la parte técnica destacan las guitarras desgarradas y el bajo poderoso de JAMESON. El solo de guitarra, por su parte, es de los que están concebidos para ser recordados y adorados, no tanto por su virtuosismo, sino más por su buen gusto y excelente coherencia con el resto del tema. Una de las canciones fundamentales del hard rock de los 70. “My babe” sigue la misma tónica, al igual que “Save your loving (for me)” y “Drive me home”, pero el bombazo de este álbum fue, y sigue siendo, “Slow ride”, el mayor éxito de FOGHAT en su carrera, responsable de esa entrada en el Top 40 norteamericano indicada anteriormente. Un tema tremendo, despiadado y en la más pura línea de la banda, con un sonido poderoso y sucio, pero enormemente convincente y adictivo. A partir de un riff compuesto por tres acordes, el grupo desarrolla una canción cuya estructura resulta arrebatadora por su precisión, virtuosismo y matices. Como es lógico, se convirtió de inmediato en el tema estrella en los conciertos de FOGHAT. No obstante, también fue el tema que marcó el encasillamiento de la banda y que, en cierto modo, determinó las expectativas de los fans. PEVERETT lo reconocía en unas declaraciones durante una entrevista realizada poco antes de morir: “Creo que empezamos a encasillarnos con “Fool for the city”. Hubo mucha presión para que publicásemos otro “Slow ride””. Es el eterno dilema del rock para muchas bandas: llegar a la cima de la popularidad con un tema exitoso y pasar el resto de su trayectoria musical aguantando la exigencia de que vuelvan a repetir dicho éxito con otro tema similar. En cualquier caso, “Fool for the city” supuso un cambio en la trayectoria musical de la banda, así como en las audiencias ante las que tocaba, ya que pasaron a actuar ante decenas de miles de entusiastas fans. Su música se vio afectada por ello, lógicamente. Estaban en la cresta de la ola y querían aprovechar su momento. El propio PEVERETT lo reconoció, en palabras suyas: “”Slow ride” se convirtió en un tema identificativo de la banda y hacia allí era hacia donde se dirigía nuestra música. El sonido del grupo se hizo más grande. Tocábamos en grandes recintos y eso influyó en nuestro repertorio. Queríamos canciones que pudieran funcionar delante de grandes audiencias”. Estaba, pues, meridianamente claro que FOGHAT, un grupo curtido en cientos de escenarios, optaba por sacar todo el partido a esa cualidad, acomodando su música al nuevo status que tenían como banda dominadora de los shows en vivo. “Fool for the city” fue el disco que provocó esto y que inició un corto pero intenso período de temas espectaculares e impresionantes concebidos para el directo.

NICK JAMESON decidió en 1976 poner punto final momentáneamente a su corta trayectoria con la banda y dedicarse a sus proyectos en solitario. Fue reemplazado por CRAIG MacGREGOR, un bajista cuya técnica agresiva y dinámica se adaptaba a la perfección al sonido que FOGHAT estaba persiguiendo, un sonido que continuaba basándose en el boogie-rock, pero que buscaba una mayor agresividad, una contundencia rítmica superior. Sobre estas premisas se grabó “Night Shift”, producido por DAN HARTMAN, hombre de garantías y que aseguraba un total entendimiento con la nueva orientación musical de la banda. Su forma de entender el rock llevó a que el grupo sonase más comercial a la vez que endurecía su sonido. La música que contiene este disco es mucho más directa aún que la de “Fool for the city”, aunque no tiene el mismo nivel de calidad. Se sacrifica buena parte de la inventiva que había en las composiciones de ese disco en beneficio de una contundencia, sobre todo guitarrística, ciertamente forzada en muchos momentos, pero ése era el camino deseado por la banda y no había más que decir al respecto. Afortunadamente estamos hablando de un grupo cuya madurez estaba más que demostrada, además de ser excelentes músicos, por lo que el resultado fue más que satisfactorio, configurando un disco que engancha al oyente, que satisface plenamente al fan de FOGHAT y que llama la atención de cualquiera que se interese por escucharlo. Tres temas fueron editados como singles, obteniendo un éxito destacado: “Drivin’ wheel”, tema que abre el disco, la balada “I’ll be standing by” y la versión del clásico de rhythm & blues “Take me to the river”. Tres cortes muy diferentes entre sí. “Drivin’ wheel” es el típico tema potente, desgarrado, directo, que suele aparecer como presentación de cada uno de los discos de la banda. Poderosas guitarras, ritmo impecable y dinámico y un sonido absolutamente rotundo son sus señas de identidad, más que suficientes para dejar sin argumentos al más escéptico. “Take me to the river” es uno de los temas más melódicos del grupo, si bien ahí están nuevamente esas guitarras distorsionadas y aceradas para recordarnos que son FOGHAT los que lo tocan. Una excelente versión, marca de la casa, para redondear un repertorio de covers que a esas alturas ya era de primerísimo nivel. Por su parte, la balada “I’ll be standing by” se encarga de cerrar el álbum con una guitarra sublime y preciosa, unas melodías bellísimas y una belleza que sobrecoge por su delicadeza y por sus dulces armonías. El solo de guitarra del final del tema es sencillamente antológico por su técnica y por su intensidad y belleza. Una de las baladas definitivas de los 70 y la mejor de todo el repertorio de FOGHAT. Estos tres temas, a pesar de sus diferencias, están marcados por un denominador común: su enfoque ambicioso, su sonido rotundo, concebido para triunfar sobre un escenario ante miles de fans entregados. Desde luego consiguieron su propósito. Se convirtieron en temas infaltables en los repertorios de la banda en directo, siendo jaleados y disfrutados por legiones enteras de seguidores incondicionales. El resto del disco sigue los parámetros de “Drivin’ wheel”, abundando en riffs poderosos, guitarras distorsionadas y melodías de fácil asimilación, así como un sonido grande y espectacular. Todo ello ayudó a mantener el éxito comercial de la banda, que consiguió meter “I’ll be standing by” en el puesto 67 de las listas norteamericanas, mientras que el álbum consiguió ser disco de oro. El momento era el ideal para ofrecerle a su público lo que estaban esperando: un disco en directo de FOGHAT.

PEVERETT estaba dándole vueltas a la idea de publicar un disco en directo. Según él mismo reconoce: “Pensaba que un disco en directo podría funcionar bien. El impacto fue incluso mayor aún. Fue lo más grande que hicimos en nuestra carrera”. Estas palabras reflejan, con la perspectiva de los años pasados, una realidad incontestable: “Foghat Live” es el álbum más exitoso en toda la historia musical de FOGHAT. Se publicó en 1977, producido por NICK JAMESON y recogía parte de un concierto de la banda en ese año, correspondiente a la gira de “Fool for the city”. El sonido es apabullante, la selección de temas, aunque corta, es sencillamente perfecta. Ahí están sus éxitos “I just want to make love to you”, que se publicó como single y llegó al número 33 de las listas de éxitos, la archiconocida “Slow ride” y esa introducción bestial a cargo de “Fool for the city”. Con semejantes argumentos, es lógico entender que estamos ante uno de los mejores discos en directo de la historia, demostración clara del poderío de esta banda sobre un escenario. “Foghat live” fue doble disco de platino y supuso el punto de inflexión en la carrera de FOGHAT, que a partir de este álbum comenzó una clara línea descendente en calidad y popularidad.

LA PERNICIOSA TENTACIÓN COMERCIAL (1978-1980)

Como sucede con tantas otras bandas, el éxito comercial tuvo una influencia nefasta en FOGHAT. De repente se vieron vendiendo millones de discos y tocando ante audiencias inimaginables en sus comienzos. Se habían convertido en auténticas estrellas del rock, seguidos por multitud de fans que les presionaban para que les ofreciesen lo que querían escuchar. Lamentablemente, la masa de público suele ser egoísta y voluble. El grupo tenía ante sí una difícil elección: continuar con su línea intachable de boogie-rock visceral o decidirse por un sonido más comercial que les permitiese satisfacer a buena parte de sus fans y perpetuar su status comercial. Desgraciadamente se optó por esto último, dirigiendo su música hacia derroteros en los que normalmente no estaban acostumbrados a moverse. Buscaron en EDDIE KRAMER el productor que les ayudase a cumplir su propósito y se embarcaron en un nuevo disco que se tituló “Stone blue” y fue publicado en 1978. Lo primero que ya comenzó a indicar que el proyecto no terminaría de la mejor manera fue el desencuentro entre KRAMER y el resto del grupo. En ningún momento hubo el entendimiento y colaboración necesarios para que el disco resultante tuviese la coherencia esperada. El sonido de este álbum navega por los derroteros del AOR más o menos potente, sumiéndose en muchos momentos en la mediocridad que tantas otras bandas de segunda fila ofrecían en esa época dentro de dicho estilo musical. A pesar de todo, el orgullo de FOGHAT quedó a salvo gracias a temas como el inicial “Stone blue”, poderoso corte que entró en el Top 40, pero que muestra con claridad la tendencia excesivamente comercial de la música de la banda. Otro tema digno de la categoría del grupo es la potente versión del “Sweet home Chicago”, de ROBERT JOHNSON. Nuevamente las versiones se encontraban entre lo mejor de FOGHAT, en este caso incluso salvando un disco que de otro modo podría haber pasado con más pena que gloria. Lo mismo puede decirse de otra versión no menos interesante: “It hurts me too”, de ELMORE JAMES, en este caso una poderosa balada blues que demuestra de dónde le viene la inspiración a esta banda. Un trabajo sensacional de la guitarra, con un solo memorable, redondea uno de los mejores momentos de “Stone blue”. El resto del disco resulta confuso, exento de una dirección clara y segura. El grupo se diluye en intentos de sonar asequibles al gran público, a la vez que son incapaces de evitar que las raíces más clásicas sigan apareciendo en su música, aunque de forma fortuita, por lo que el resultado carece de la credibilidad necesaria. A pesar de todo, “Stone blue” se vendió muy bien, alcanzó el disco de oro y siguió satisfaciendo a los fans más acérrimos.

Lo que vendría al año siguiente aún es peor. El grupo decidió autoproducirse su siguiente álbum con la ayuda en la masterización de BOB LUDWIG. La elección fue claramente continuista respecto a su anterior trabajo, por lo que apostaron por profundizar en la comercialización de su sonido. El disco que publicaron en 1979, “Boogie Motel”, es sin duda el peor de toda su discografía en los 70. El sonido abandona la crudeza de las guitarras, que hasta ese momento había sido buena parte de la seña de identidad de la banda, para centrarse en dulces melodías, sonidos excesivamente accesibles y exentos de riesgo y creatividad, y temas carentes de inspiración. El único corte que podría tener cierto interés es el medio tiempo “Third time lucky (First time I was a fool)”, aunque siempre dentro de la tónica general de este disco, que es la de la evidente pérdida de identidad musical de una banda que antaño dominó la escena hard rockera de raíces clásicas norteamericanas. Ahora vagaba sin rumbo claro por las arenas movedizas del AOR más insustancial y previsible. En cualquier caso, los fans incondicionales de FOGHAT seguían respondiendo, aupando a “Boogie Motel” al status de disco de oro. Desgraciadamente se trataba de un logro cada vez más difícil de conseguir, ya que las ventas decrecían por momentos.

Y llegamos ya al último año que nos ocupa en este artículo: 1980. PEVERETT se había dado cuenta de que necesitaba un cambio en el sonido de la banda. Los mediocres resultados de sus dos anteriores trabajos, junto con la irrupción del punk y la new wave hicieron que el guitarrista se replantease la dirección musical del nuevo álbum de FOGHAT, tal y como él llegó a reconocer: “El punk y la new wave me recordaban al rockabilly de los primeros tiempos. Me daba cuenta de que FOGHAT éramos parte de lo que la new wave estaba intentando reemplazar, por lo que tenía que reaccionar de alguna manera”. Estas palabras dejaban absolutamente claro que lo realizado con “Tight shoes” no fue casual, sino plenamente meditado y planificado. PEVERETT quería sonar como las nuevas bandas de new wave, pero intentando no perder el rumbo musical que identificaba a FOGHAT. No lo consiguió del todo, aunque lo cierto es que la balanza se inclinó más hacia el lado de la new wave. El nuevo disco de la banda sonaba actual, fresco y acorde a las tendencias de esa moda musical. Las guitarras seguían adoleciendo de ese sonido añejo, pero al menos tenían una relevancia y protagonismo mayor en este trabajo. La apuesta de PEVERETT no salió bien del todo, pero al menos dio mucha más credibilidad y valor a “Tight shoes” que a sus dos anteriores trabajos. No obstante, la suerte estaba ya echada para el grupo y jamás volverían a ser ni la sombra de lo que fueron en sus mejores momentos. Los mejores temas de este álbum son, sin duda, el single “Stranger in my home town”, que abre el disco de forma brillante, presentando el nuevo sonido que la banda ofrece, y la fresca y contagiosa “Baby can I change your mind”, que por sí sola ya hace que merezca la pena adquirir este álbum. El resto no alcanza los niveles de estas dos canciones, pero no desmerecen en cuanto a calidad, conformando un disco que finiquitaba definitivamente el sonido FOGHAT más añejo y que marcaba el punto tras el cual ya jamás volvería la banda a recuperarse del todo. ROD PRICE se dio cuenta de todo ello y decidió abandonar el grupo, rompiendo así una vinculación que había resultado trascendental para convertir a FOGHAT en lo que fueron. Nada volvería ya a ser igual, ni siquiera cuando regresó en 1994. Para entonces ya era demasiado tarde y la magia se había perdido definitivamente.

Cortesía de www.thisisrock.net




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